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¡Exesposa al ataque! Ceo, tengo a tus gemelos. romance Capítulo 66

Aquella tarde, Katherine Holmes se frotaba las manos con ansiedad. Mirando constantemente al reloj, la hermosa rubia sentía que el segundero avanzaba más lento de lo normal. En el suelo y junto a la puerta de entrada de su lujoso departamento, se hallaban un par de mochilas infantiles en las que ya había guardado dos cambios de ropa y un par de pijamas para cada uno de sus amados hijos.

Sería la primera noche que Gabriel y Emma dormirían lejos de ella, y aquella tarde sus hijos y ella estaban verdaderamente ansiosos esperando la llegada de Henry Bennett. Los pequeños, por una emoción cálida y sin igual, Katherine, por el miedo y el sentimiento de culpa que estaba experimentando.

—Papito dijo que veríamos una película que era su favorita cuando era chiquito, dice que se trata de un vagabundo que se enamora de una princesa, y vamos a comer pizza, ¡Sera muy genial! — decía Gabriel a su madre, quien tan solo le sonreía a cambio.

Emma daba pequeños brinquitos llenos de emoción, mientras que Katherine observaba atentamente a sus hermosos gemelos, notando aquella alegría y el brillo inocente y emocionado que hacía resplandecer los ojos de ambos.

Sin embargo, ella no se sentía bien con aquello; una parte de ella quería gritar, tomar a sus hijos y tomar un vuelo de regreso a Londres para nunca más volver…pero la otra, le hacía sentir aquella culpa que la estaba carcomiendo, y no se atrevería jamás a hacerles ningún daño a sus hijos…jamás podría intencionadamente romperles el corazón. El reloj seguía andando los minutos sin detenerse, causando tan solo mas ansiedad con cada uno que iba pasando, y la hora acordada, había llegado.

Finalmente, el timbre había sonado, y los gemelos Gabriel y Emma dieron brincos de alegría ya esperando a su padre. Katherine, se levantó en cuanto vio que su sirvienta acudía a abrir la puerta, y tomando una postura firme, caminó solemne detrás de sus gemelos que ya habían corrido demasiado emocionados hacia la entrada.

Tal y como era de esperarse, Henry Bennett llegaba puntual, aunque no solo, un joven de traje lo estaba acompañando, y por su postura seria dedujo que aquel era su asistente.

—¡Papito! — gritaron Gabriel y Emma al unísono, saltando alegremente a los brazos de su padre.

Mirando aquello, Katherine se quedó en silencio tan solo contemplando lo muy necesario que Henry era y seria para la vida feliz de sus pequeños…de nuevo, lo aceptaba con dolor…ella jamás antes los había visto ser tan felices.

Henry abrazó a sus hijos con amor, y los cargo a ambos entre sus brazos; Katherine lo miraba con seriedad, dejando ver que evidentemente no estaba feliz con aquello, pero manteniéndose en calma, ella no le estaba dirigiendo ninguna mala palabra o comentario, tan solo se había quedado en silencio.

—Gracias por permitirme tenerlos el fin de semana, mi asistente te mantendrá informada de todo si no deseas que yo lo haga personalmente, así que nos vamos, no saldré del edificio hasta que tú me permitas llevarlos a algún lugar. — dijo Henry mirando a Katherine.

Dando una breve explicación a su asistente, Henry le ordenó tomar las pertenencias que se llevarían sus hijos para pasar los siguientes dos días junto a él. Katherine quiso decir algo cuando vio que Henry ordenaba a su asistente tomar las mochilas de sus hijos para marcharse, pero apretando los dientes, se obligó a sí misma a permanecer callada.

—Señora, ¿Necesita algo? — cuestionó una de las sirvientas al verla en aquel estado.

—Voy a retirarme a mi habitación, no es necesario que me prepares algo de comer, no tengo apetito. — respondió Katherine, para luego levantarse de su sillón y retirarse ante la mirada llena de pesar de la sirvienta.

Llegando hasta su alcoba, Katherine se recostó sobre su cama. Aquella invitación que Henry le había extendido, no podía aceptarla, por su propio orgullo, no debía de aceptarla. Aquel pasado en que ella había deseado con todas sus fuerzas ser la madre de los hijos de Henry Bennett y vivir en aquel cuento de hadas por siempre, ya no existía más…pero aquel sentimiento de poder acariciar, aunque sea un poco lo que una vez realmente deseo tener, la estaba destrozando.

El atardecer iba muriendo, y poco a poco la noche y su manto de penumbras lo iba cubriendo todo, y Katherine no pudo evitar preguntarse cómo era que Henry y sus preciosos gemelos era que lo estaban pasando…una parte de ella quería correr hacia ellos; unirse a esa divertida noche de películas infantiles y golosinas…sentir lo que era tener una familia completa…pero la otra parte de ella, aquella llena de odio, rencor y oscuridad, aquella que constantemente le recordaba todo el dolor que Henry Bennett le había provocado, le impedía moverse de aquella cama que la mantenía casi prisionera.

Derramando lágrimas de dolor, de un deseo que no se atrevía a sentir, y de rencor, Katherine Holmes permaneció llorando, hasta que su cuerpo, como si actuara por sí mismo, se levantaba de aquellas sabanas para buscar sus zapatos, y entonces, corrió, corrió hacia la puerta de su departamento sintiendo su corazón latiendo fuera de sí mismo…aquel deseo, había sido más poderoso.

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