Aquella mañana, Katherine había decidido dejar de lado el trabajo, y se preparaba para salir rumbo al hospital en donde la nana María aún se encontraba hospitalizada. Gabriel y Emma se encontraban durmiendo en la recamara de Henry, después de haber pasado la noche en vela mirando películas infantiles; era sábado, no había escuela, así que lo había permitido.
Sin embargo, ella no había pegado pestaña durante toda la noche, pues aquel nerviosismo de estar en el hogar de su exesposo actuando como si fueran una familia feliz, había sido una experiencia avasalladora, y no entendía muy bien cómo se sentía al respecto. Tomando sus zapatos del suelo, se levantó del sillón en donde había pasado la noche después de negarse a dormir en la habitación de su exesposo, y la sensación de aquel beso que ella le había dado a Henry, aun la mantenía intacta sobre sus labios.
¿Qué era lo que había hecho y porque lo hizo?
Se cuestionó así misma sin entenderse, pues aquello que había hecho distaba mucho de aquella venganza y odio que a Henry Bennett le había prometido; no comprendía si se sentía tonta, ilusionada o asustada, y no deseando pensar más en ello, bajó uno de sus pies para levantarse por completo, y sintió pisar algo tremendamente suave, luego de escuchar un quejido de dolor.
De un brinco, Katherine se puso completamente de pie, y vio que en el suelo junto al sillón en donde ella estaba, se hallaba Henry que recién despertaba tocándose la parte en donde ella accidentalmente lo había pisado.
—Lo siento, no me di cuenta de que estabas allí. — la rubia se disculpó avergonzada y sorprendida.
Henry dio una mirada a su exesposa; Katherine se encontraba con la misma ropa de la noche anterior, y tan roja que parecía un tomate.
—Supongo que mi presencia sigue sin ser demasiado imponente; toda la noche la pasaste suspirando y revolviéndote entre las sábanas, pensé que te habías dado cuenta de que decidí quedarme a tu lado. — respondió Henry con una sonrisa.
Katherine sintió como los colores le subían desde los pies hasta el rostro, pues sumergida entre sus muchos pensamientos, no se había percatado de la presencia de su exesposo junto a ella. Su corazón latió con rapidez, y en ese momento se sintió como si hubiese vuelto a sus días universitarios cuando recién estaba conociendo a Henry.
—Yo…tengo que irme, ¿Puedo dejar a Gabriel y Emma aquí?, tengo que ir al hospital para ver a María. — dijo Katherine con un deje de timidez.
Henry observó a su exesposa; aquella aura de timidez que despedía, lo hizo recordar con ternura sus días como un universitario ilusionado y enamorado, que experimentaba por primera las dulces mieles del amor. Levantándose del suelo en donde había pasado la noche observando en silencio a la hermosa rubia, la sabana se resbaló de su cuerpo dejando ver su bien trabajado abdomen. Katherine, se sintió abochornada ante aquella estampa de su exesposo medio desnudo…podría decir que sus músculos se habían marcado mucho más desde la última vez que los vio.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Exesposa al ataque! Ceo, tengo a tus gemelos.