En Francia, mientras bebía una taza de té que le supo a gloria, Katherine finalmente sentía un poco de alivio. Aquella era la primera vez que hablaba con alguien más sobre todo lo que por dentro la estaba carcomiendo.
—¿Estás segura de que aceptar a Jackson es lo correcto? — preguntaba Martha ya bastante preocupada por la difícil situación que atravesaba su amiga.
Katherine miro a Gabriel y Emma mientras estos se hallaban jugando con sus cochecitos y muñecas, en el pequeño porche de madera que se hallaba en la entrada de la preciosa casita.
—Yo…realmente no lo sé. — dijo Katherine con un deje de dolor. — Jackson fue el único que estuvo a mi lado en mis peores momentos, gracias a él, el dinero de mi padre no se perdió, y pude salir adelante, y siento que todo se lo debo a él…pero no voy a mentirte Martha, aquella noche en que estuve con Henry…me sentí viva de nuevo, era como si durante demasiado tiempo hubiese estado durmiendo en un letargo demasiado penumbroso, no sé ni cómo explicarlo, pero cuando el…me hizo el amor…sentí como si la vida me hubiera regresado al cuerpo, sentí como si la sangre me volviera a circular…fue tan mágico y hermoso que por un momento realmente pensé en que deseaba estar con él para siempre. — dijo Katherine sintiendo de nuevo aquellas sensaciones a flor de piel.
Martha suspiro, realmente, para ella la situación estaba tan clara, que no lograba entender ¿Cómo era que Katherine no lograba verlo?, sin embargo, estando fuera de ese asunto, tan solo podría ser una espectadora de lo que ocurriría con ese triángulo amoroso. Personalmente, Jackson Williams de Sussex nunca había sido una persona de su agrado; más bien era todo lo contrario.
Donde Katherine lo notaba caballeroso y serio, ella lograba verlo arrogante y manipulador. Parecía que había hecho todo lo que había hecho por su mejor amiga tan solo para poder manipularla, pues Katherine no era el tipo de personas que pagaba el amor con ingratitud, y si ella había aceptado ser su esposa, solo era debido a la deuda que para con ese hombre estaba sintiendo.
Mirandola, sabía que Katherine no admitiría que había aceptado la propuesta de Jackson por esa razón, pero ella la conocía bien, sabía que era por ello.
—Katherine…yo, solo una vez estuve enamorada, y de eso hace ya tanto tiempo, que cualquiera podría decir que lo he olvidado, sin embargo, aun a pesar de que los años ya pasaron y me dejaron arrugas bajo los ojos que tanto lloraron, nunca pude olvidar a mi amado Francesco, aún hoy, lo recuerdo como si fuera ayer, un eterno recuerdo de la primavera de mis mejores años que ya no volverán jamás. Aun esta mañana extrañe mirarle sentado en esa mecedora del pórtico bebiendo su acostumbrada taza de café que le servía cada amanecer sin falta. Cuando él se fue al cielo, mi vida se convirtió en un invierno tan helado que ni siquiera nuestros hijos pudieron socavar del todo. — dijo la mujer en sus ya casi cincuenta años, que miraba aquella mecedora vieja y solitaria.



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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Exesposa al ataque! Ceo, tengo a tus gemelos.