Aquella mañana, Emily despertaba al filo de la cama del departamento de Jackson Williams, y mirando a su alrededor, lo primero que observó fue la fotografía de una sonriente Katherine Holmes al lado del hombre con el que acababa de tener sexo.
—Veo que ya despertaste, hay café en la cafetera de la cocina por si quieres beber una taza antes de irte. — dijo Jackson con un deje de indiferencia y frialdad.
Emily se sintió mareada; había bebido demasiado alcohol la noche anterior, pero aun así recordaba cada cosa sucia que había hecho con Jackson. Una sonrisa se dibujó en su rostro al pensar durante un momento que acababa de acostarse con el prometido de la mujer que le arrebató todo, y se sintió medianamente satisfecha…deseaba hacer sufrir a Katherine Holmes tanto como ella la había hecho sufrir cuando se casó con Henry.
—¿Qué es lo que harás ahora?, ¿Planeas casarte pronto con Katherine mientras te diviertes conmigo? — cuestionó Emily Gibson con una sonrisa traviesa y perversa.
Jackson sonrió. Sabía que solo era cuestión de tiempo para seducir completamente a Emily Gibson, e iría despacio y seguro con ella, pues la mujerzuela que se estaba vistiendo, era la llave que le abriría la puerta para saber todo de Henry y su sospechoso reencuentro con Katherine; para el quedaba claro que el heredero Bennett había rechazado a Emily para casarse con Katherine la primera vez, lo único que realmente necesitaba confirmar, era si su hermosa rubia se había estado viendo con el millonario magnate más allá de la venganza que Katherine tenía supuestamente planeada en contra de él, y si el infeliz de Henry ya sabía que él era el padre de los gemelos Gabriel y Emma, así como las razones detrás de todo lo poco que realmente sabía.
De confirmar lo que ya sospechada, entonces tendría en sus manos un arma perfecta para hundir a los arrogantes Bennett, y tener a su amada Katherine consigo para siempre.
—Aún no sé qué es lo que haré contigo, Emily, dime, ¿Planeas engañar conmigo a tu prometido?… ¿Cuándo volveré a verte? — cuestionó Jackson sin indagar más allá, para no levantar sospechas.
Emily sonrió, le gustaba eso, que sus amantes se sintieran desesperados por ella.
—Eso lo decido yo, cariño, así que, como un buen perrito obediente, tendrás que esperar a mi llamada, y más te vale estar disponible. — respondió la caprichosa mujer.
Jackson soltó una leve risa.
—Debo irme, tengo asuntos personales que atender y una boda por organizar, ¿Puedes cerrar cuando salgas? — dijo Jackson con indiferencia.
Emily frunció el ceño con evidente molestia.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Exesposa al ataque! Ceo, tengo a tus gemelos.