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¡Exesposa al ataque! Ceo, tengo a tus gemelos. romance Capítulo 85

La luz del sol se colaba por aquellas elegantes cortinas en sus enormes aposentos, que ya casi había olvidado, había amanecido, era lunes, y todo empresario, o, mejor dicho, hijo de la realeza, sabía que no había tiempo para tomar un descanso. Levantándose de su lujosa cama, Jackson miraba el reloj, eran apenas las 7 am, hora adecuada para comenzar su día, bajando al gimnasio privado en su edificio, el apuesto hombre de cabellos rubios comenzaba su pesada rutina de ejercicios para tonificar su cuerpo, mirándose en el espero del lugar, lucia muy diferente de sus trajes baratos de siempre, aquella ropa deportiva dejaba ver mucho de su musculatura.

Mostrándose molesto, Jackson no se sentía feliz con la huida de Katherine, y aun no lograba averiguar a donde era que se había ido, ella, además, no se había comunicado con él y ya sumaban más de tres días desde su repentina huida; no tenía tiempo para su capricho, tenía que visitar a su padre en Londres para asuntos con su herencia, y aunque odiaba la idea de ser su heredero y encargarse de todo lo que a sus negocios acontecía, era su deber acudir…pero si Katherine quería un hombre en su vida…entonces lo tendría en él, no en Henry Bennett, y volvería a ser aquel heredero de título que una vez detesto ser.

Mirándose de nuevo en el espejo, Jackson posó y se admiró a sí mismo. Sus brazos eran fuertes, su torso era poderoso, algo que Katherine Holmes jamás había visto de él; la hermosa rubia no había vuelto a llamarlo desde aquel día en que se comprometieron y en el que ella huyó, y no podía evitar sentir temor de que ella pudiese estar entre los brazos de Henry Bennett; aunque el, sin embargo, se negaba a creer que ella siguiera amando a ese infeliz, y que debía de existir una poderosa razón por la cual había decidido huir justo después de comprometerse consigo, después de todo, así era ella.

Amable, gentil, y fuerte, siempre fuerte, Katherine Holmes era una mujer hermosa y recatada, bella como ninguna y con una fuerza que cualquiera envidiaba; él la deseaba para sí mismo desde hacía mucho tiempo ya, sin embargo, Katherine no era el tipo de mujer que agachara la mirada, sin importar las circunstancias, ella permanecería fiel a sí misma siempre, por esa razón era que aquel patético hombrecito inmerecido de tanto, jamás podría merecerla…jamás. Katherine merecía más, y el, él podría darle a ella el mundo a sus pies con solo pedirlo, meditó Jackson.

El sudor resbalaba entre sus poderosos músculos de piel blanca que marcaban pequeños ríos entre sus pectorales, y Emily Gibson, por supuesto, había quedado prendada de ello. Esa mujerzuela millonaria, meditó, iba a darle exactamente lo que estaba buscando: pruebas para incriminar a Henry Bennett, destruir su imperio familiar y poder recuperar a Katherine en el proceso. Katherine era la única mujer a la que él amaba y la única a quien quería como esposa, y, sin importar el precio, él iba a recuperarla de las garras de aquel miserable magnate multimillonario.

— Veo que, igual que siempre te levantas temprano, me alegra verte, hijo. Finalmente has decidido recapacitar y hacer lo propio como mi heredero, anoche que llegaste no tuve la oportunidad de saludarte, pero esto complacido de tenerte de vuelta. — decía un hombre en sus setenta años.

La voz de su padre interrumpía los muchos pensamientos de Jackson sin sorprenderlo demasiado, era costumbre de Alessandro Williams llegar de visita inesperadamente, y ahora que le había dicho que tomaría las riendas de todo, por supuesto que iba a tomar el primer vuelo disponible para comenzar a acosarlo. Mirando a aquel hombre de apariencia imponente, el hombre viejo lucia igual que siempre; desde muy temprano ataviado en sus sumamente costosos trajes de diseñador, su cabello canoso elegantemente peinado hacia atrás, la mirada hosca y pesada de color grisácea que dejaba ver mucho de la personalidad que tenía su padre, y el rostro de facciones meramente masculinas permanente marcado por una expresión de molestia.

Alessandro, el duque Williams de Sussex. Cruel, poderoso y demasiado influyente , aquel hombre que permitió y permitía las humillaciones a su madre de cuna inferior, y al que odiaba, era muy tradicional y un desalmado que nunca se compadecía de nadie aplastando a quien sea para ver sus ambiciones cumplidas, su madre había sido muy joven cuando se casó con él, y la pobre mujer vivió y vivía a su lado, una vida de miserias emocionales y malos tratos, y el, era su hijo, su único hijo ante la ley, aun cuando tenía un medio hermano no reconocido producto de las miles de infidelidades, Jackson era el único considerado heredero.

—Veo que aun sigues sin llamarme tu padre, ¿Cuánto tiempo más seguirás enfadado conmigo? Tu medio hermano hace malabares para complacerme, pero tú siempre te muestras frio y hosco conmigo. — dijo Alessandro mirando a su único heredero.

— Si, seguramente es de tales maneras, ese muchacho no es tu heredero, y hará lo impensable para llamar la atención con la esperanza de serlo algún día, no dudo que, en este momento, esté completamente ebrio en medio de las piernas de una mujerzuela, ese es su estilo de vida. — dijo Jackson con molestia al sentirse de nuevo comparado.

— Ese es mi hijo, tiene a todas las mujeres a sus pies, no es un débil de corazón para enamorarse de una sola, y aun cuando no será jamás mi heredero, pienso ayudarlo para convertirse en un despiadado millonario, tiene algunas buenas ideas que podrían funcionarle. — dijo Alessandro inflando su pecho de orgullo.

Jackson no respondió aquello, siempre era molesto escuchar a su padre llenándose la boca con halagos inmerecidos para Oscar; su medio hermano no era otra cosa que un asqueroso criminal, uno que no conocía ni tenía ningún tipo de respeto por nada ni nadie, podría tener a todas las mujeres a sus pies, pero nunca encontraría a alguien que verdaderamente llegase a amarlo, un ser sin alma como el, no era merecedor del amor de nadie, mucho menos del de una dama respetable. Henry Bennett, le recordaba demasiado a su medio hermano, por ello era por lo que lo aborrecía tanto.

— Hoy me reuniré con los socios para la nueva firma de las nuevas fábricas en Singapur, ya deben estar en la ciudad ahora mismo, conseguí un excelente trato que dará más para nosotros que para ellos. Después de eso iré a la universidad para pedir mi ajuste de horarios tal y como me lo pediste, no pienso renunciar a la medicina. — dijo Jackson con un deje de indiferencia mientras levantaba una enorme pesa.

Capítulo 85: El hijo, el heredero. 1

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