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Florecer en Cenizas romance Capítulo 119

El conductor ya no permitió que nadie más subiera al carro.

Tampoco tenía muchas opciones, se notaba que estaba entre la espada y la pared.

—Esa Fabiola es una desgraciada, ¿cómo puede tratar así a mi hermana? —aventó Paulina, fingiendo indignación por Karla—. Señor César, la que tiene el compromiso con Agustín es Karla. ¿Cuándo va a hacer que se divorcie de Fabiola? Además, ni siquiera está embarazada.

César se quedó pasmado por un instante.

—No puede ser, Agustín me dijo que sí estaba embarazada…

Paulina no perdió el tiempo.

—Abuelo, eso lo dijo Agustín solo para no cumplir con el compromiso, lo hizo para fastidiarlo. Desde el inicio, buscó a Fabiola solo para darle la contra. Me lo contó Sebastián, Fabiola no puede estar embarazada. Si estuviera en este momento, ese bebé ni siquiera sería de Agustín, sino de Sebastián.

El gesto de César se volvió sombrío, con los ojos llenos de furia.

—Ese desgraciado, de nuevo me está mintiendo.

César miró a Roberto con determinación.

—Mañana mismo mando a alguien a que lleve a Fabiola al hospital. Si no está embarazada, se divorcia de Agustín en ese instante y Karla se casa con él.

Karla no pudo ocultar la satisfacción y sonrió con alivio.

—Gracias, abuelo.

Roberto, sin embargo, parecía perdido en sus propios pensamientos, sentado a un lado en silencio.

César agitó la mano frente a él.

—¿En qué andas pensando?

Roberto negó con la cabeza.

—Nada… nada importante.

Cada vez que veía a Fabiola, no podía dejar de pensar en su esposa.

Fabiola era igualita a Valeria cuando era joven.

¿Cómo era posible que existieran dos personas tan parecidas en este mundo…?

Ya había mandado a que le hicieran una prueba de paternidad secreta a Karla. Si Karla resultaba no ser su nieta… entonces, ¿y si Fabiola sí lo fuera?

—Abuelo, si se siente mal, mejor regrese a descansar, ¿sí? —Paulina fue rápido a ayudarle a levantarse.

Roberto asintió.

—Acompaña a tu hermana a hacerse la radiografía en el hospital. Yo me voy de regreso.

Paulina lo miró con preocupación, pero asintió.

El viejo no era tan fácil de engañar…

...

—Oye, hermana, ¿y si el abuelo descubre quién soy en realidad? —le susurró Karla a Paulina cuando iban rumbo al hospital.

—¿Avisarle? ¿Y arriesgarme a que te venda? —Agustín le despeinó el cabello con una sonrisa forzada—. Anda, ve alistando tus cosas, nos vamos.

Fabiola se acomodó el cabello, resignada. ¿Por qué le gustaba tanto hacerle eso…?

En La Esperanza Verde, ese chico también solía despeinarla.

Aunque, según él, era porque estaba acostumbrado a acariciar perros. Quizás Agustín tenía esa misma costumbre.

...

Al día siguiente, a primera hora, el patriarca de los Lucero llegó al hotel con todo su séquito dispuesto a “atrapar” a Fabiola y llevarla al hospital para el chequeo.

Pero en la recepción ya le habían dicho que Agustín se la había llevado la noche anterior.

De vuelta a Costa Esmeralda.

César, rojo de coraje, mandó un mensaje a Agustín.

[Agustín, ¿crees que porque te regresas a Costa Esmeralda vas a protegerla? Si no está embarazada, ¡tienen que divorciarse!]

Miró a Paulina y Karla, que lo acompañaban.

—Paulina, ya que estés allá, llévala tú misma al hospital y asegúrate de que se haga el estudio.

Paulina sonrió de lado.

—Claro que sí, abuelo. No se preocupe, yo me encargo.

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