Al otro lado de la ciudad, en la terraza de Firmeza Global, Agustín colgó el teléfono después de recibir el informe de sus espías. Miró el horizonte de la ciudad, con el rostro inexpresivo.
—Cayó redondo —dijo Agustín al aire—. Un hombre que prefiere una mentira dulce no merece la verdad.
Esa misma noche, un convoy de autos negros llegó a la Mansión Barrera. Los empleados salieron apresurados a recibir al señor de la casa.
Fabián bajó del auto y rodeó el vehículo para abrir la puerta del copiloto. Ayudó a bajar a Candela, quien miraba la imponente fachada con una mezcla de asombro y triunfo mal disimulado.
—Bienvenida a casa —dijo Fabián en voz alta, para que todos los empleados lo escucharan—. Preparen la habitación principal. La que está en el ala este.
El mayordomo abrió los ojos con sorpresa. Esa era la habitación reservada para la señora de la casa, el lugar que por derecho y tradición le correspondía a la esposa oficial.
Fabián no esperó respuesta. Tomó a Candela del brazo y la guio hacia la entrada principal, subiendo las escaleras de piedra como si fueran los dueños absolutos del lugar.
El aire acondicionado de las oficinas de Firmeza Global mantenía el ambiente helado, pero Fabiola sentía que le ardía la cara. Estaba sentada frente a una mesa larga cubierta de carpetas azules y estados de cuenta bancarios impresos. Llevaba horas revisando números, buscando discrepancias en los registros antiguos del Grupo Barrera que Agustín había logrado recuperar de los servidores antes de que Fabián bloqueara los accesos.
Facundo estaba a su lado, tecleando furiosamente en su laptop, con tres tazas de café vacías a su alrededor.
—Aquí hay otro —dijo Facundo, señalando una línea en la hoja de cálculo con el dedo índice—. Mira esto. Transferencia mensual de doscientos mil pesos. Concepto: "Asesoría externa". Beneficiario: Consultoría S&R.
Fabiola se inclinó sobre la pantalla.
—¿S&R? Nunca había escuchado de esa consultora. Mi abuelo no contrataba externos para asesoría, confiaba en su equipo interno.
—Exacto. Y mira las fechas —Facundo hizo scroll hacia abajo—. Empezaron hace ocho meses. Justo cuando tu abuelo cayó en cama y Paulina asumió temporalmente la firma de autorizaciones menores.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Florecer en Cenizas
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