En un principio, Agustín había considerado dejarla descansar esa noche, pero, después de todo, cambió de idea... Esa noche, no pensaba dejar que Fabiola durmiera.
Fabiola ni siquiera entendía cómo había provocado la furia de Agustín. La llevó cargando al baño para seguir con su “castigo”, luego la regresó a la cama y continuó haciéndole lo mismo hasta que el cielo empezó a aclarar. Terminó con la garganta seca de tanto llorar y, aun así, no entendía en qué se había equivocado.
Agustín, por su parte, no dejaba de preguntarle si ya sabía cuál era su error.
¿Será que en esa parte no lo había dejado satisfecho? ¿Que le faltaba empeño, práctica o experiencia?
Definitivamente, mañana tendría que buscar a ese amigo famoso de Emilio para que le diera algunas clases.
Al fin y al cabo, desde que estuvo con Sebastián, Fabiola había entendido algo: los hombres siempre piensan con las ganas.
—Agustín... ya, te lo pido, por favor —suplicó Fabiola, con la voz ronca de tanto llanto.
Pero Agustín no tenía la menor intención de dejarla dormir esa noche.
Después de convivir con él un tiempo, Fabiola ya había entendido el tipo de carácter de Agustín: era el típico orgulloso que solo accedía si se le hablaba bonito... con él no servían las peleas.
Ella, agotada y entre lágrimas, gritó su nombre.
—¡Agustín...!
Agustín se detuvo un instante; Fabiola pensó que quizá su forma de rogarle había funcionado, pero entonces él la apretó aún más fuerte.
—¿Cómo me llamaste...? —le susurró.
— Agustín Lucero...
—No es eso.
—Agustín...
—No.
—Dime de otra forma. Si me gusta cómo me llamas, te dejo en paz —dijo Agustín, con la voz rasposa, mientras besaba las lágrimas del rincón de su ojo.
Fabiola lo miró, confundida.
— Agustín Lucero...
—Agustín...
— Agus…
Ninguno le parecía correcto.
Al final, Fabiola solo pudo abrazarlo, llorando aún más fuerte.
En su cabeza solo podía repetirse las escenas de la noche anterior...
Definitivamente, hay dos formas de olvidar a un ex: una es el tiempo, y la otra es otro hombre.
Fabiola jamás imaginó que no era una persona de amores eternos.
Tal vez simplemente había acumulado demasiadas decepciones con Sebastián.
Mientras estuvo enamorada, de verdad lo amó. Pero ahora, cuando lo recordaba, ya no sentía nada.
...
Aeropuerto Costa Esmeralda.
Paulina llegó con Karla al aeropuerto.
—Hermana, ¿tú crees que Fabiola acepte ir con nosotras al hospital para hacerse los estudios? —preguntó Karla, con preocupación.
—Si no quiere, la llevamos a la fuerza. Y si de verdad está embarazada... hay que buscar la manera de que pierda ese hijo. De lo contrario, mientras el niño no nazca, Agustín no va a divorciarse de ella —sentenció Paulina, con voz dura.
Sabía que Agustín jamás la tomaría como esposa, pero él debía casarse con “Karla”. La familia Barrera tenía que unirse a la familia Lucero.
Iba a asegurarse de que los Barrera sacaran el mayor provecho de todo esto.

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