—Vamos a comer —dijo Sofía mientras sacaba la comida y la puso sobre la mesa. Fabiola sonrió y la invitó a sentarse con ella.
Sofía no dudó ni un instante y, como antes, se sentó a la mesa para compartir la comida con Fabiola.
Fabiola picoteó un poco, distraída, tomó unos tragos de agua y observó cómo Sofía usaba el tenedor.
Incluso la ensalada a la que Sofía le había puesto algo, también la probó sin dudar.
Por lo visto, no era un veneno que matara al instante.
—Come más —dijo Sofía, sirviéndole a Fabiola un poco más de comida con una sonrisa alentadora.
Fabiola solo asintió y comió un poco por compromiso.
Cuando Fabiola notó que Sofía bajó la guardia y fue a la cocina a buscar algo, ella tomó un poco de la sopa y los restos del plato, los guardó en una bolsa de plástico que ya tenía lista en su bolso.
—No tengo mucho apetito hoy. Quedé con mi maestra para la clase de idiomas, así que me voy —dijo Fabiola, guardando la bolsa disimuladamente y saliendo.
—¿Por qué no comes un poco más? —Sofía la miró preocupada.
Fabiola no respondió, salió y se subió al carro. De inmediato llamó a Carlos.
[Señor Carlos, necesito pedirle un favor.]
...
Café Luna Roja.
Carlos había tenido el día libre y justo estaba entrando a la cafetería cuando saludó a Fabiola.
—¿Cómo sigues? ¿Ya te recuperaste? Hace poco Agustín vino a buscarme por el asunto de Vanessa y Anahí. Con Vanessa no hubo tanto problema, pero Anahí... tiene un problema mental, igual que quien intentó hacerte daño en el hospital. Si el diagnóstico psiquiátrico no pasa, no queda otra más que internarla.
Carlos suspiró, resignado. A Fabiola siempre le tocaba lidiar con gente con problemas mentales.
—Me enteré que a Anahí la mandaron al centro psiquiátrico de Ciudad de la Luna Creciente. Al menos ya no le hará daño a nadie —comentó Fabiola, sacando la bolsa con la muestra de comida de su bolso—. Hoy vi en las cámaras que la señora que trabaja en casa le puso algo a mi comida. Quería pedirte un favor, ¿podrías analizar qué es?
Fabiola le entregó la muestra a Carlos y luego le mostró el video de la cámara de seguridad.
—¿No vas a denunciar esto a la policía? —Carlos la miró, pasmado.
Él pensaba que después de estar con Agustín, la vida de Fabiola sería tranquila, pero se dio cuenta que en las familias adineradas pasaban cosas todavía más pesadas.
Gastón se quedó paralizado un segundo, luego bajó la cabeza, incómodo, fingiendo que no la conocía.
—Gastón, ¿te acuerdas de las reglas que te di ayer? —le gritó el dueño del café desde la barra.
Fabiola se sorprendió. Sabía que Gastón ya se había enterado de que ella era de la familia más adinerada de Ciudad de la Luna Creciente, ¿entonces por qué trabajaba ahí?
No preguntó nada más y salió con Carlos.
—¿Conoces al chico de hace rato? —preguntó Carlos al salir.
—Mmm... —Fabiola no quiso dar detalles, solo echó un último vistazo hacia la cafetería.
Gastón ya se había puesto el delantal y estaba concentrado preparando café tras la barra.
...
A las ocho de la noche, Agustín le hizo videollamada a Fabiola.
—¿Descansaste bien hoy? —Agustín aparecía recostado en el sofá, notoriamente agotado.

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