Sergio sentía un poco de culpa. A fin de cuentas, siendo el papá, que fuera su propio hijo quien tuviera que encargarse de todo era algo que le daba vergüenza.
Pero tampoco pensaba que fuera tan grave. Al final, para eso tenía un hijo: para que le resolviera la vida.
Además, mientras Gastón aceptara casarse con Karla, todo lo de la familia Barrera y la familia Lucero terminaría siendo para Gastón.
En ese momento, él, como papá, podría seguir disfrutando la vida sin preocupaciones.
—Gastón, ¿cómo te va en la universidad? ¿Te has adaptado al grupo internacional? —preguntó Sergio, intentando sonar casual.
—Sí, todo bien. Pero, papá, acepté entrar al grupo internacional porque quiero estudiar en el extranjero. Eso me va a dar un currículum mucho más completo, no para pelearme con mi hermano por la herencia.
Gastón miró fijamente a Sergio, dejándole claro que ni soñara con convencerlo.
Sergio se molestó, pero aun así intentó persuadirlo, usando su tono de siempre, que pretendía ser comprensivo.
—¿No será que tanto estudiar te está afectando? El Grupo Lucero y la familia Barrera tienen muchísimo. Si te casas con esa muchacha, todo será tuyo. ¡Es una oportunidad de oro, hijo, no la dejes pasar…!
—¿De verdad es una oportunidad? Entonces, ¿por qué tú la rechazaste cuando fue tu turno? ¿O no fue también un matrimonio arreglado cuando te casaste con la mamá de mi hermano? —aventó Gastón, ya cansado de la presión.
Sergio se quedó callado, y poco a poco su cara se tornó seria, como si lo hubieran obligado a recordar algo que prefería enterrar.
—Eso no es lo mismo. Yo, al final, también obedecí. Pero nadie me avisó que la mujer que traía a casa estaba mal de la cabeza. ¡Me volvió loco!
Sergio refunfuñó, soltando palabras de enojo.
—Esa mujer sí que estaba mal.
—¿Y si no estaba enferma, sino que tú la orillaste a eso? —respondió Gastón con un suspiro cansado. No sabía la verdad, pero sentía que si él no tuviera suficiente fortaleza mental, ya se habría vuelto loco con un papá como Sergio.
El semblante de Sergio se puso todavía más oscuro, claramente le dolió el comentario. Furioso, agarró la cuchara de la cocina y empezó a pegarle a Gastón.
Gastón solo se movió para esquivar, sin decir una palabra.
—Perfecto, perfecto, llévala a revisar bien —respondió Sergio, pensando que era el momento justo para hacerle creer a Gastón que Elvira tenía cáncer.
Según el plan de Elvira y Sergio, fingirían una enfermedad mortal para que Gastón no tuviera más remedio que hacerles caso en todo.
—Papá, ¿puedes irte a jugar videojuegos a otro lado? Quiero estudiar —dijo Gastón, resignado.
Sergio, fastidiado, replicó:
—Ay, hijo, ya estás en la universidad. ¿Para qué estudias tanto? Si te casas con Karla, la familia Barrera y el Grupo Lucero van a ser tuyos. ¿Para qué te esfuerzas así?
A Gastón le daba risa. ¿Acaso creía Sergio que heredar esos negocios era cosa fácil? ¿Que solo por casarse con Karla ya iba a tener todo servido, como si fuera a vivir de lo que otros trabajaron?
A veces, Gastón pensaba que ni él ni Agustín se parecían a Sergio. Su hermano era un tipo trabajador, inteligente… nada que ver con Sergio.
Y él, por suerte, tampoco.

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