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Florecer en Cenizas romance Capítulo 427

Fabián asintió con la cabeza.

—Para ser el encargado de una familia grande, tiene que ser un verdadero experto en todo.

—El abuelo lo dijo más de una vez: Cristóbal es un tipo súper inteligente. Si tienes dudas, puedes preguntarle y te da un consejo que siempre sirve. ¿Alguien tan astuto y hábil no se daría cuenta de que su hija anda conspirando con Paulina y Héctor para manipular a los herederos de las familias ricas? ¿No sabría lo que su hija ha hecho en el extranjero? ¿No se daría cuenta de que la verdadera meta de su hija es Gastón?

Agustín soltó una risa seca. Ese tipo, seguro que desde hace años viene planeando cómo quedarse con todo lo de la familia Lucero.

Después de mi muerte, pensó que Gastón sería mucho más fácil de manejar que yo.

Fabián respiró hondo.

—Ese tipo y los que lo respaldan se aliaron para dejar a la familia Lucero como está hoy... O mejor dicho, lo que le pasó a tu mamá en su momento, también fue culpa de Cristóbal.

Agustín asintió, serio.

—La razón por la que confiaba en Cristóbal fue porque él fue el primero que me contó en secreto que en la comida de mi mamá habían encontrado sustancias que la podían volver loca. Si consumes eso seguido, más la presión y los problemas mentales... al final la terminaban enloqueciendo por completo.

En ese tiempo, Agustín pensó que el mayordomo era el único en quien podía confiar. Se puso a investigar quién le había dado esas cosas a su mamá, interrogó a un montón de gente, pero todas las pistas acababan en la nada.

Ahora, viéndolo bien, Cristóbal era el típico que grita “¡al ladrón!” para que nadie sospeche de él.

Ese tipo, en verdad, da miedo.

Que César lo haya tenido tantos años a su lado sin descubrirlo demuestra que es un verdadero genio para manipular.

—¿Y ahora qué piensas hacer? —preguntó Fabián, clavándole la mirada a Agustín.

Cristóbal ya estaba expuesto, pero el problema real eran los que estaban detrás de él. O mejor dicho, sus cómplices, esos que se aliaban con él para hacerle daño a la familia.

—Me acuerdo que a Violeta le llamabas mucho la atención —comentó Agustín, arqueando una ceja—. Cuando ella iba a la prepa, hasta se te declaró, ¿o no?

Fabián se dio la vuelta con intenciones de irse.

Ahora que Agustín fingió su muerte, le andaban echando la bronca a él.

Ya había aguantado bastante teniendo que obedecer y aguantar a Paulina y Karla Barrera, y todavía ahora querían que se sacrificara de nuevo.

—No te vayas, hombre, seguro podemos arreglarlo —dijo Agustín, tosiendo un poco.

—Yo fui quien le cambió la ropa. Lo vi crecer desde niño, no puedo estar equivocado.

—¿Qué pasa? ¿Te encariñaste tanto con el papel que ya se te olvidó cuál era tu verdadero objetivo? ¿O es que, de plano, le tomaste cariño? —la voz del hombre destilaba burla.

Cristóbal guardó silencio. Sus ojos se volvieron duros.

—Ya lograste lo que querías. Lo que pase de aquí en adelante no te incumbe. El dinero es tuyo, el Grupo Lucero es para mí. Así lo acordamos desde el principio.

—Vaya, vaya, hija de tigre, pintita. Tu hija tiene a Gastón como un títere, y tú te quedarás con el Grupo Lucero sin despeinarte. Lo malo es que el dinero... todavía no me cae —el tipo soltó una risa amarga.

—Eso es porque no sabes moverte. ¿No que Julián te tenía miedo? ¿O es que te está escondiendo el dinero? —La voz de Cristóbal sonó grave.

—Julián es un perro que obedece, pero el hijo, Sebastián... Ese sí es un problema —la voz del otro tipo dejó ver que Sebastián también era una amenaza en sus planes.

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Queridos lectores, agradecemos su entusiasmo y apoyo hacia esta novela. Nos comprometemos a continuar con una actualización de capítulos el próximo viernes, 22 de agosto. ¡Gracias por su paciencia y respaldo!

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