Fabián miró a Violeta con una expresión impasible.
—Esto no es un juego —soltó con voz seca—. Es el último deseo de mi abuelo antes de morir, no tengo opción.
Apenas terminó de decirlo, Fabián giró sobre sus talones y se dispuso a marcharse.
Violeta, presa del nerviosismo, corrió tras él.
—¿De verdad vas a conformarte con esto, Fabián? —le gritó, casi suplicando—. Tu abuelo pudo tener mucho poder, pero hasta el final de sus días no dejó de ser motivo de burla por haber entrado a la familia Barrera. Toda su vida vivió a la sombra de los Barrera, todos pensaban que solo se colgaba de su apellido, ¿vas a cometer el mismo error? ¿Vas a permitir que hasta tu nombre se vuelva un chiste para los demás?
Las palabras de Violeta parecían una falta de respeto, más aún considerando que estaban en el funeral de Roberto.
Pero, a decir verdad, nadie podía negar que tenía razón.
Roberto no solo fue el yerno que vivió en casa de la familia Barrera, sino que, por temas con su propia familia, incluso adoptó el apellido Barrera.
Eso hizo que durante años, en el mundo de los negocios, los empresarios lo convirtieran en motivo de burla cada vez que se reunían después de cerrar tratos.
Sin embargo, Roberto nunca se tomó en serio esos comentarios. Decía que solo aquellos incapaces de superarlo buscaban defectos ajenos. Para él, nada de eso era motivo de vergüenza.
¿Pero Fabián pensaba igual? ¿O lo veía diferente?
—Roberto siempre fue egoísta —Violeta no bajaba la voz, de los nervios—. Te dejó atado a los Barrera, pero jamás te dio nada. Hizo que te casaras con Fabiola solo para tenerte amarrado, nada más.
Fabián se detuvo por un instante, sus ojos oscuros se clavaron en Violeta con una dureza que helaba la sangre. No dijo ni una palabra, simplemente se dio la vuelta y se fue.
Antes de morir, Roberto había jugado una última carta, haciéndole creer al jefe que la heredera Karla era otra persona. Así, el jefe sospechó de todos menos de Fabiola.
[Señor, ahora mismo no hay forma de tocar a Fabiola —admitió Violeta con rabia contenida—. Desde que se supo que es la heredera de los Barrera, anda siempre escoltada. Además, ahora todo el país la tiene en la mira.]
La noticia había explotado en los medios: Fabiola, quien había crecido en un orfanato, de repente se convertía en la única heredera de una de las cuatro grandes familias de Ciudad de la Luna Creciente. Era la historia perfecta de la chica común que llega a la cima del mundo de los ricos.
[Pero, señor, todavía tenemos una oportunidad para destruirla a ella y al Grupo Barrera. La clave es convencer a Fabián de que se una a nosotros —insistió Violeta—. Roberto era astuto. Sabía que Fabiola no tenía experiencia ni talento, por eso no le dejó nada a Fabián, pero lo obligó a casarse con ella. Así, Fabián, Fabiola y el Grupo Barrera quedan atados para siempre. Roberto solo quería que Fabián trabajara para ellos toda la vida.]
[Fabián tiene mucho potencial, pero su lealtad a los Barrera roza la obsesión. Cuidado: los perros demasiado fieles pueden llegar a morder —advirtió el jefe, con voz grave.]
[Señor, puedo lograr que Fabián nos elija —aseguró Violeta, acelerando el ritmo—. Él es sensible, cree en Dios solo para controlar sus propios demonios... Si logramos que sus dudas y su lado oscuro crezcan, tarde o temprano trabajará para nosotros.]

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Florecer en Cenizas
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