Vera recibió una notificación.
El pago de Sebastián había sido depositado.
Ni un centavo menos, justo a tiempo.
Ella soltó una risa irónica.
Logró complacer a Silvana, le resolvió todos sus problemas, y el dinero llegó rapidísimo.
Básicamente, le estaba gritando al mundo que su única prioridad era proteger a Silvana.
Ahora que tenía el dinero, no tenía por qué preocuparse de más.
Y, por supuesto, no volvió a interesarse por el estado de Sebastián.
A su alrededor ya sobraba gente preocupada por él; ella no tenía lugar ahí ni tampoco le interesaba sumarse al grupo.
Llegó el día de la cita.
Vera condujo hasta los jardines de la familia Valdés.
Las propiedades de los Valdés en la capital eran impresionantes.
Tan solo los jardines abarcaban una superficie inmensa.
Cuando Vera llegó, ya había mucha gente entrando y saliendo.
Ivonne había llegado temprano y la esperaba en la entrada. Al ver a Vera, corrió hacia ella: —Adriano tiene una reunión y llegará más tarde, entremos nosotras primero.
Vera asintió.
Ese día habían acudido muchísimas personas. Por un lado, la familia Valdés tenía una gran influencia, y por el otro, con la presencia de Doña Elia, muchos buscaban ganarse su favor para acceder a su inmensa red de contactos y recursos.
En su camino hacia el interior, Vera ya había reconocido a varios rostros importantes de la industria.
—No veo a Ciro Valdés... —comentó Ivonne.
Vera volteó a verla: —¿Quién es Ciro Valdés?
Ivonne bajó la voz: —El hijo de Doña Elia, el padre de Julián Valdés. El chisme de esta familia es enorme. La madre de Julián fue criada por la familia Valdés desde pequeña, una especie de novia prometida desde la infancia. Ella y Ciro siempre fueron la pareja perfecta de nuestro círculo. ¿Quién se iba a imaginar que terminarían en un pleito tan terrible? Justo después de dar a luz, la señora se llevó a la niña pequeña de los Valdés y se fue. Siguen desaparecidas.
—¿Qué fue lo que pasó entre ellos?
Ivonne lo pensó un momento: —Se amaban desde jóvenes, pero su matrimonio se arruinó antes de cumplir los cuatro años. Dicen que el escándalo fue enorme. Doña Elia se enojó tanto que exilió a su propio hijo al extranjero, y apenas hace un par de años le permitieron volver. Casi lo deshereda por completo.
Vera se sorprendió.
Al parecer, la señora Valdés debía ser muy querida por Doña Elia para que esta estuviera dispuesta a desconocer a su propio hijo por ella.

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