El pecho de Doña Elia subía y bajaba rápidamente, pero entendía las intenciones de Adriano:
—No necesito que me lo recuerdes. Este es un asunto exclusivo entre la familia Valdés y la familia Herrera. No me desquitaré con terceros.
Silvana se sintió profundamente irritada.
¿Por qué demonios Adriano no usaba a Vera como chivo expiatorio? Al menos así la furia de Doña Elia caería sobre ella.
Julián soltó una carcajada sarcástica:
—Señor Herrera, lo que está haciendo es pura y vil traición.
Adriano clavó la mirada en él:
—¿Y qué pretendía que hiciera, Señor Valdés? ¿Cuánto tiempo más se suponía que debía esperar para demostrar mi lealtad?
El rostro de Julián se congeló.
No tenía argumentos para rebatirle.
Vera se mantuvo en silencio.
Irónicamente, los más callados en la sala eran ella y...
Por el rabillo del ojo, captó la figura elegante y relajada de Sebastián Zambrano sentado cerca.
Era de risa.
El hombre que había sido su esposo durante siete años, ahora la miraba como si fuera un simple espectador disfrutando de una telenovela barata.
Al estar sentada justo frente a él, cualquier movimiento de Vera era detectado por Sebastián. Él alzó la mirada con precisión milimétrica, y Vera pudo leer perfectamente la ausencia total de emoción en sus ojos. Ni dolor, ni celos, ni sorpresa.
A ella no le importó. Simplemente esbozó una sonrisa desganada.
Doña Elia sabía muy bien que Adriano tenía razón. Durante todos esos años, él jamás se había visto envuelto en escándalos de faldas. Su vida entera la había dedicado a ser un líder implacable en los negocios, manteniendo una reputación intachable.
Con el rostro serio, preguntó:
—¿Viniste hoy con la firme intención de cortar todos los lazos con los Valdés?
La postura de Adriano no vaciló:
—Exagera, señora. La decisión final está en manos de su familia.
Doña Elia rió con amargura.
¡Qué cinismo! ¡La decisión final!
Acababa de confesar públicamente su amor por otra mujer. Si la familia Valdés decidía ignorar el hecho y seguir adelante con el compromiso, quedarían como unos arrastrados sin dignidad rogando por una boda.

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