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Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano romance Capítulo 84

Vera se paró, con el rostro inescrutable, frente al pasmado Saulito. Miraba desde su altura a este niño consentido, altanero y sin la más mínima educación.

La bofetada le había atinado de lleno en la boca por la que acababa de soltar semejantes barbaridades.

Era obvio que a Saulito jamás le habían levantado la mano ni la voz en su vida.

Tanto así, que tardó un buen rato en reaccionar.

Miró a Vera con los ojos desorbitados.

La boca le ardía como el fuego.

Fulminó a Vera con la mirada, arrugó la cara y estuvo a punto de soltar un llanto escandaloso.

Vera, sin cambiar de expresión, lo agarró del brazo y sacó a rastras al niño fuera del salón.

La reacción de Pedro fue aún más rápida.

Mientras Vera se encargaba de Saulito, él empujó a Abelardo hacia la otra salida que daba al exterior.

Apenas sintió el tirón, Saulito empezó a berrear como si lo estuvieran desollando.

Y justo cuando la situación parecía descontrolarse, apareció Beatriz.

Se acercó de un salto y empujó a Vera. —Vera, ¿eres un animal? ¿Cómo te atreves a levantarle la mano a un niño?

Saúl Iriarte salió de la nada con una sincronización perfecta, clavando una mirada de total decepción en Vera. —¡Te pasaste de la raya! ¡Es solo un niño, cómo te pones a pelear con un niño!

Los oídos de Vera zumbaban con los alaridos ensordecedores de Saulito.

Mezclados con los reclamos de Saúl y Beatriz.

Vera miró a esa familia con un profundo asco. —Vaya, sí tenía padres. Creí que me tocaba a mí el favor de educarlo.

Cuando Saulito entró a su salón a hacer un escándalo y a insultar a su abuelo, Saúl y Beatriz brillaban por su ausencia.

Pero en cuanto al niño le pusieron un alto, aparecieron mágicamente.

Qué casualidad.

—Son solo tonterías de niño, no saben lo que dicen. ¿Cómo puedes ser tan rencorosa? ¡Mírate la edad que tienes y la que tiene él!

Beatriz fulminó a Vera con una mirada fría, cargada de burla.

Los ojos de Vera eran de puro hielo, y pronunció cada palabra con claridad: —Si la próxima vez vuelven a dejar que este chamaco malcriado venga a buscar problemas, no me importará abrir la boca y gritar a los cuatro vientos lo descarada que es Silvana, ¡regalándosele al esposo de otra!

—¡Vera, qué estupideces estás diciendo!

El rostro de Saúl finalmente cambió.

Levantó la voz, perdiendo por completo la fachada de padre amoroso.

Vera ya no tenía energía para seguir discutiendo con ellos.

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