Dominic se sobresaltó cuando la puerta de su oficina se abrió abruptamente, lo que provocó que manchara con el bolígrafo, unos documentos que firmaba, enervado por la intromisión, iba a llamarle la atención a su asistente, pero la voz se le atoró en la garganta cuando vio a Vittorio entrar furibundo y enrojecido de cólera.
—DOMINIC, TU Y YO TENEMOS QUE HABLAR SERIAMENTE—aseveró su hermano menor, en tono autoritario.
—Al menos ten educación y toca la puerta antes de entrar—espetó el magnate ofuscado poniéndose en pie—. Estaba firmando unos papeles muy importantes y por tu culpa, los he echado a perder—agregó con fastidio.
—¿Hablas de educación cuando tú no la tienes para con nadie aquí? — El que debería de tener al menos un poquito de eso, eres tú, que quieres tratar a las personas como si fueran objetos o cosas sin sentimientos.
—¿De qué demonios me estás hablando? —preguntó sin entender—. Si no tienes nada importante que decirme, sal de mi oficina, tengo muchas cosas que hacer, como para perder el tiempo escuchando tus estupideces.
—Si en realidad tuvieras muchas cosas de importancia que hacer, no desperdiciaras tu valioso tiempo, en andar por ahí, acosando a la gente como si fueras un depravado sexual.
Dominic supo por dónde iba el asunto... Alessandra.
—No tengo ni la menor idea de lo que hablas—negó con indiferencia.
—Claro que sabes de lo que hablo, o más bien, de quien—. De sobra conoces que te estoy hablando de Alessandra, mi asistente y de tu falta de respeto con ella— ¿En qué mundo vives, Dominic? ¿Cuándo vas a dejar de comportarte como un idiota y patán con las mujeres? —Estoy harto de esto, de tu comportamiento, si quieres hacer tus "cosas", HAZLO FUERA DE LA EMPRESA y con personas que estén dispuestas, pero, mientras estés aquí, respeta este lugar y también respeta a todos los que trabajamos acá—. No es la primera vez que alguna de mis asistentes se va por tu causa, no puedes ver a una mujer bonita, porque ya piensas en llevártela a la cama, ¿tienes algún trastorno del que no esté enterado? ¿Eres algún enfermo sexual? —Porque déjame decirte que si es así, puedo conseguirte al mejor especialista para te ayude con tu caso— escupió Vittorio con enojo, no soportaba más la situación de tener que lidiar con el comportamiento de su hermano mayor.
—¡ESTO ES INAUDITO! —gritó Dominic con molestia por sus insinuaciones—. Rodeó el escritorio hasta llegar frente a su hermano. —Tú no eres nadie para decirme lo que tengo que hacer y mucho menos, como debo comportarme, estoy bastante grandecito para eso, que no se te olvide que aquí, estoy por encima de ti, SOY YO EL QUE MANDA y tú no vas a venir a mi oficina, a faltarme al respeto y menos por una empleaducha sin importancia que no hace mucho tiempo conoces y que quien sabe, con qué absurdo cuento te fue a engañar.
El rubio rio con amargura.
—¿Faltarte al respeto? —bufó —no sabía que decirte la verdad, era falta de respeto—. Podrás ser el presidente, la máxima autoridad, pero recuerda que yo también soy dueño de esta empresa en igual grado que tú y, por lo tanto, tampoco puedes tomar decisiones sin mi consentimiento.
—No comprendo por qué le das tanta importancia a tu asistente que es tan insignificante como las demás, mira que venir a mi oficina, a levantarme la voz de esta manera, cuando tú nunca lo habías hecho—¿Te importa tanto esa mujer? ¿Tienen algo de lo que no esté enterado aparte de una relación laboral?
—Si tengo algo con ella o no, a ti no te incumbe, no tengo porque darte explicaciones sobre mi vida personal—. Lo que sucede aquí, es que te molesta que no haya caído en tus juegos como las demás y quieres obligarla a hacer algo que no desea, entiende que no es como las otras, ella es DISTINTA, así que desde ya te lo informo, Dominic, Alessandra tiene mi protección, déjala en paz, deja de hostigarla, atosigarla y hacerle propuestas indecorosas y ofensivas, te lo advierto...
—¿O sino que? —inquirió altanero.
Vittorio suspiró y se llenó de paciencia para contestar, pero estaba tan alterado, que no podía casi controlarse ya...
—Voy a pedir tu destitución como presidente de esta empresa—manifestó mirándolo fijamente.
Dominic abrió los ojos desmesurado. Ese hombre que tenía frente no era su hermano.
—Tú no puedes hacer eso.
—Pruébame—le retó—. Si insistes con este absurdo comportamiento, voy a presentar mi queja ante el comité y créeme, cuando les diga los motivos por los que lo hago, no van a dudar ni un segundo en apoyarme y aceptar mi petición, vas a quedar expuesto, porque obviamente, no van a querer que el representante de esta empresa, sea un depravado y acosador sexual—. Así que estás advertido, "hermanito", si no dejas tranquila a Alessandra y no cambias tu proceder al menos dentro de las instalaciones, voy a reunir a la junta directiva lo más pronto posible y solicitar tu definitiva expulsión y destitución como presidente de Lombardo Enterprises Inc— dicho esto, Vittorio dio media vuelta, salió de la oficina y dejó a un Dominic tieso e impactado con su actitud.
Alessandra estaba aterrada, ni siquiera se movió de la oficina, había armado tremendo lío entre ellos y ahora si estaba segura de que la despedirían. Tenía los nervios a flor de piel y a punto de atacarse en llanto cuando Vittorio entró de improviso, se la quedó mirando impasible, serio, cosa que la puso alerta, al imaginarse lo que le iba a decir.
Estaba despedida.
—Alessandra—suspiró su jefe con cansancio—. Me da mucha pena decirte esto, pero, lo mejor para todos es que te vayas.
—Sabía que esto pasaría—musitó bajando la mirada y con los ojos inundados de lágrimas—. Lamento mucho haberles causado tantos problemas y entiendo que hayas tomado la decisión de despedirme.
Vittorio se rio y alzó la mirada nuevamente. ¿Qué tenía de gracioso como para que se estuviera riendo?
—Me refería a que te fueras, pero a tu puesto, a seguir trabajando y que no te preocupes por mi hermano, estoy seguro de que no volverá a molestarte.
La castaña suspiró con alivio.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Impacto italiano