—¡Oh por Dios! ¡Oh por Dios! ¡No puedo creer que Dominic Lombardo haya sido capaz de llegar tan lejos! — exclamó Paulina horrorizada, por la reciente revelación de su mejor amiga—. Lo conocía por ser uno de los solteros más mujeriegos y rompe corazones de todo Londres, de Inglaterra entera si era posible, pero de ahí, a que fuera tan descarado y palurdo, jamás lo creyó, al menos no a ese nivel, era increíble hasta dónde llegaban los hombres por tener a una mujer.
—Pues créelo— dijo Alessandra, mientras terminaba de secar los platos que recién había terminado de enjuagar, para colocarlos luego en el porta vajillas—Si no es porque lo viví en carne propia, yo tampoco lo creería.
—Yo que tú, Ale, le daba una patada en los... y de plano que lo dejo sin generación—. Es un ordinario, poco hombre, asqueroso de lo peor.
—Lo sé, lo sé y no te creas, tuve la intención de hacerlo, pero me contuve, por la única razón de que es la máxima autoridad.
—Que máxima autoridad ni que nada, se lo merecía por patán, que vaya y le haga esas proposiciones a las descaradas que suele frecuentar, no a ti, que no le has dado ningún motivo— ¿Quién rayos se cree que es? — Cree que por tener mucho dinero o por ser tan guapo, porque está bien bueno y atractivo el condenado, eso no lo vamos a negar, pero piensa que por eso puede actuar de esa forma y andar por el mundo haciendo esas propuestas como si fuera algo normal—. Por Dios, ese hombre necesita un buen escarmiento. —Me encantaría verlo enamorado algún día y que se revuelque en el suelo por amor a una mujer, para que pague por todas las que ha hecho.
—Mmmm, yo creo que eso nunca sucederá, Pau, ese hombre solo puede enamorarse de sí mismo, no hay mujer sobre la faz de la tierra que lo logre enamorar—murmuró Alessandra con un extraño tono, que captó la atención de la modelo.
—Y tu Ale, ¿qué sentiste cuando te besó? —digo, porque me has contado todas sus patanerías, pero, no me has dicho lo que tú sientes—¿Te gustó el beso?
Alessandra se ruborizó.
—¡Ay no! Ale, ¿no me digas que te enamoraste de Dominic? —inquirió Paulina al verla colorada—. Es el tipo de hombre que toda tu vida has evitado y no puede ser que te hayas enamorado de uno así.
—No, por supuesto que no, ¡no estoy enamorada! —O eso creo—se dijo solo para sí misma—. Es algo tan confuso, no sé cómo explicarlo.
—¿Te atrae? ¿Te gusta?
—No sé lo que siento por él, pero, lo que sí puedo confesarte, es que el beso... me gustó y me gustó mucho—reveló con el rostro enrojecido—. Yo...nunca sentí que alguien me besara así, fue...diferente, experimenté tantas cosas, algo tan extraño, que no tengo palabras para describirlo.
—Fácil, dos sencillas palabras, te gusta, o más bien diría, te estás enamorando, Alessandra D'Santi, lamento decírtelo, pero así es, te estás enamorando de Dominic Lombardo.
—No, no, claro que no es así—negó rápidamente—de gustarme a enamorarme, hay una gran diferencia—. Es apuesto, atractivo, elegante, a cualquier mujer fácilmente puede atraerle, por no decir que a todas, pero de eso a estar enamorada, lo dudo mucho, eso lleva un proceso.
—Si tú lo dices—yo espero que de verdad no te enamores de él, no me gustaría verte sufrir—. Eres buena, inocente, trabajadora y por supuesto, muy bella, te mereces a un gran hombre a tu lado, uno que te valore y te dé un lugar importante en su vida, que seas la única y no una más del montón.
—Te lo agradezco, Pau y tienes razón, no te preocupes, sé lo que es él y no seré una de las tantas más de su lista, además, dudo mucho que me vuelva a molestar, no con el susto que le dio Vittorio.
—¿Vitto? — preguntó la morena con la mirada iluminada— ¿Pues qué hizo que lo asustó tanto?
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Varios días después del incidente, Alessandra notó la indiferencia abrupta de Dominic, se le veía molesto, distante, ni siquiera la determinaba y mucho menos la miraba y cuando lograban verse a la cara, cosa que ocurrió muy pocas veces, sus ojos le daban miedo por la frialdad que reflejaban. Por una parte, estaba tranquila, porque no volvió a molestarla, pero, por otra, temía que tomara represarías en su contra, quizás hubiese sido mejor que fuese clara con él desde un principio, que le hubiera explicado de la mejor forma, que no era el tipo de mujer que buscaba y pensó que era, en lugar de decirle a Vittorio lo que pasaba, sin embargo, a estas alturas ya no podía arrepentirse, lo hecho, hecho estaba. Aparte, ya no lo veía tan seguido y eran pocos los desafortunados encuentros, para mejor de su suerte, no se habían encontrado a solas, que eso era otro gran logro.
Ese día, como todos los años, la empresa estaba hecha un revuelo. Esa misma noche se llevaría a cabo una gran Gala Benéfica a favor del cáncer infantil, las empresas Lombardo eran los principales benefactores y organizadores del evento. El evento se celebraría en el exclusivo y prestigioso Hotel Rosewood London, junto con otros empresarios importantes e influyentes de todo Reino Unido, que también eran parte de esa gran obra.
Alessandra no imaginaba asistir siquiera, no obstante, se había sorprendido esa tarde, cuando Vittorio la invitó a asistir con él, uno, porque podría necesitarla y dos, porque quería que se moviera en ese ambiente, que conociera personas importantes, que viera como eran ese tipo de eventos y reuniones sociales, total, se lo merecía, desde que la contrató no tenía queja alguna de ella y tampoco quería estar solo, había encontrado en ella una gran aliada y una grata compañía con quien conversar. Pero, también su invitación tenía otro propósito, molestar a su hermano mayor, algo en el fondo le decía que Dominic estaba celoso de él, cosa que nunca notó antes y menos cuando se trataba de una mujer..
Como todo fue tan repentino y no tuvo chance de comprar algo para la ocasión, Paulina le ayudó y consiguió un vestido espectacular para usarlo esa noche, ella era modelo de diseñadores famosos, reconocidos y tenía ciertos beneficios trabajar para ellos.
El vestido era exótico y sexy, tampoco nada exuberante ni atrevido, era de un rojo muy intenso que se ajustaba perfectamente a su escultural cuerpo, con una abertura en la pierna que le daba un toque sensual, el cabello castaño claro lo recogió en un peinado de media cola y Paulina le elaboró unas ondas fenomenales que caían sobre su fina espalda, en los hombros y parte de su rostro de manera delicada, la maquilló estupenda, poniendo en práctica todas las clases que había aprendido en su larga carrera como modelo y selló con un labial rojo fuerte mate, para finalizar, se calzó unas sandalias de tacón fino en color dorado con destellos y la combinó con una cartera de mano igual.
Al ver el resultado frente al espejo, ambas quedaron encantadas, estaba preciosa, como nunca, apenas podía creer que era ella misma a quien veía en el reflejo, jamás se había vestido así, era la primera vez que asistiría a un evento como ese y se sentía sumamente nerviosa. Su amiga se esmeró mucho en su arreglo y todo eso se lo debía a ella.
Tomó de su buró la invitación que Vittorio le facilitó para que ingresara sin problemas y su carné de empleada por cualquier inconveniente. Se roció de su perfume Coco Madeimoselle de Chanel para terminar y sin nada más que despedirse de su querida amiga y agradecerle mil veces, salió rumbo al Rosewood Hotel.
Al llegar al despampanante lugar, el cual estaba decorado ya por todos lados, con hermosos y llamativos adornos navideños debido a la época que se acercaba, se puso más nerviosa de lo que estaba, en el poco tiempo que tenía viviendo en Londres, apenas y había pasado de largo, no podía creer que ahora iba a entrar a ese deslumbrante sitio. Desde luego sería una gran experiencia. Aparcó su coche casi al final del abarrotado estacionamiento, eran innumerables las personas que estaban dentro y sin duda, con mucho dinero en sus cuentas bancarias, porque solo autos de lujo que costaban miles y quizás hasta millones de dólares, veía aparcados.
Entregó su invitación en la recepción y sin ningún inconveniente, la dejaron pasar, la amable chica tras el mostrador le indicó por donde se encontraba el salón donde se llevaba a cabo la gala y sin problema, avanzó hasta ahí.
Por supuesto, Dominic Lombardo se encontraba presente, a pesar de sus muchos defectos, debía admitirse que era un hombre dadivoso, no era mezquino ni orgulloso, en cuanto ayudar a otros, más cuando realmente lo necesitaban. En gran parte, la idea de ser los principales benefactores en esa causa, fue únicamente de él, mérito que debía reconocérsele.
Estaba entretenido conversando con Bruno, cuya importante empresa también aportaba una cuantiosa suma para la causa, cuando de repente, por poco escupe el vino que se tomaba, al ver una flamante y espectacular mujer aparecer en su campo de visión. Se quedó impactado, deslumbrado y por qué no, boquiabierto, al reconocer a Alessandra D'Santi. Los ojos casi se le salieron de sus órbitas al recorrerla con la mirada de pies a cabeza, estaba bellísima.
—Mio dio, ¡Che bella donna! —(Dios mío, ¡Qué mujer más hermosa!)— pensó.
Tuvo una rara sensación de falta de aire, algo distinto que ninguna le provocó anteriormente, después de todo y a pesar de su enojo con ella, cada día le gustaba más, le encantaba, demasiado... era divina, completamente.

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