—Bella mamma (Madre Preciosa)— saludó Vittorio al llegar—. Permíteme presentarte a Alessandra D'Santi, mi asistente personal, pero más que mi asistente, mi amiga—. Alessandra, te presento a mi maravillosa madre, Fiorella Lombardo.
—Oh, ma che bella Balbina (Oh, pero que linda señorita)—. Encantada de conocerte preciosa, Vittorio me ha hablado mucho de ti— dijo la Señora Lombardo sonriente.
—Grazie signora, sei anche molto bella, È un piacere per me incontrarti (Gracias Señora, usted también es muy hermosa, es un placer para mi conocerla)— expresó Alessandra en perfecto italiano y respondiendo a su saludo con un beso en la mejilla.
—Ti ringrazio molto, cara, non sapevo che parlassi italiano (te lo agradezco mucho querida, no sabía que hablabas italiano)
—Sono nato a Canterbury, ma mio padre era italiano e mi ha insegnato a parlare la lingua (Nací en Canterbury, pero mi padre era italiano y él me enseñó a hablar el idioma).
—Grandioso, grandioso, mi congratulo per questo (Fantástico, Fantástico, te felicito por ello).
—¡Grazie! (Gracias).
—¿No es estupenda madre? — cuestionó Vittorio con una amplia sonrisa.
Alessandra se ruborizó.
—Lo es, por supuesto que sí —. Ahora veo que mi hijo tenía razón en todo lo que me habló de ti, Alessandra, solo me ha contado maravillas.
—Seguro exageró, yo solamente cumplo con mi trabajo—murmuró apenada.
—Pero claro que no, solo le he dicho la verdad a mi madre— ¿o es que me está llamando mentiroso, señorita D'Santi? ¿Quiere que le pase un reporte? —inquirió el rubio chistoso
Los tres se sonrieron.
—¿Se te perdió algo por allá, Dominic? —preguntó Bruno burlón, al ver que su amigo no apartaba los ojos de cierta señorita esa noche.
—Que te importa—le respondió este con mal humor, al percibir su tono burlesco—. No dejaba de ver a su madre, Vittorio y Alessandra, los veía sonreír, hablar, como si en realidad estuvieran charlando de algún tema interesante, su madre lucía contenta con la recién conocida y ya hasta parecía tenerle mucha confianza. Sentía la sangre en estado de ebullición y no sabía con exactitud el motivo o quizás, quería convencerse a sí mismo, de que era por haberla visto con otro hombre y luego con su hermano, lo que la convertía en la típica mujer interesada, sin embargo, no era así, algo en el fondo le molestaba, lo ponía intranquilo y no lograba descifrar qué.
—Pero ¿por qué te has puesto tan arisco de repente? — lo interrogó de nuevo Bruno, muy seguro de lo que le pasaba.
—Esa mujer quiere embaucar a mi hermano y no se lo voy a permitir—aseveró Dominic sin dejar de ver fijamente en la misma dirección.
—¿Qué mujer? —preguntó su amigo haciéndose el desentendido.
—¿Quién más, Bruno? —sabes que te estoy hablando de Alessandra—. Deja de hacerte el tonto que no estoy de humor para tus bromitas.
—¿Y cómo se supone que iba yo a saber que me estabas hablando de ella? — No soy adivino.
Dominic lo fulminó con la mirada y Bruno se hizo el ofendido.
—Mejor me voy a evitar que esa mujer engañe también a mi madre—anunció el magnate y se encaminó hacia ellos.
Bruno apenas y podía creer la extraña actitud que tenía su amigo últimamente, parecía... ¿celoso? Es que no era posible, Dominic Lombardo jamás celaría a una mujer, es más, nunca puso tanto su atención en una como lo estaba haciendo con Alessandra. Será posible que por fin... no, no, claro que no, no valía la pena ni pensarlo, eso nunca pasaría. Probablemente ese comportamiento, se debía únicamente a que estaba encaprichado con ella, porque no la había logrado seducir como a las demás, sí, eso debía ser. Se quedó en su lugar entonces, expectante, aguardando, esa noche lo analizaría y vigilaría muy bien, dispuesto a descubrir que era lo que le pasaba al más mujeriego de todos.
—il mio tesoro (Mi Tesoro)—exclamó la señora Lombardo, al ver a su primogénito llegar.
—Mamma (Mamá) —dijo Dominic con cariño, besándole ambas manos.
Alessandra se puso nerviosa al percatarse de su presencia.
—¿Supongo que ya conoces a Alessandra, la asistente de tu hermano?
—Así es, la veo todos los días en la oficina—afirmó él serio, mientras desabrochaba los botones de su saco—. Por cierto, Señorita D'Santi, ¿qué hace usted aquí? —Este no es un evento para empleados—manifestó en tono despectivo.
—Yo la invité, ¿tienes algún problema con eso? — intervino Vittorio molesto, al notar su trato hostil—. Tu asistente también está aquí, ¿qué tiene de malo que Alessandra haya venido?
—La Señorita Palmieri está aquí exclusiva y meramente por trabajo—refutó Dominic tajante.
Alessandra comenzó a sentirse incómoda y la señora Fiorella también, estaba muy desconcertada con la actitud tan huraña de su hijo mayor.
—Alessandra está aquí también por trabajo y mientras yo la haya invitado, no tiene por qué haber ningún inconveniente.
—Me encanta su manera de trabajar, señorita D'Santi—le recriminó Dominic mirándola con enojo.
Los ojos de ella se enrojecieron.
—Dominic, hijo, ¿qué te sucede? — le reclamó la señora Lombardo por su descortesía y tomando del brazo a Alessandra al notarla afectada—. ¡No deberías tratar a una jovencita tan agradable como ella así! —lo regañó.
Dominic iba a replicar, pero se vio interrumpido al escuchar su nombre resonar a través de los micrófonos. Se requería su presencia junto con la de Vittorio en el escenario, como principales benefactores, era necesario dirigirse con unas palabras a los demás empresarios y principales donadores de la gala.
Los hermanos Lombardo comenzaron a encaminarse entre la multitud bajo los constantes flashes de las cámaras de los periodistas y paparazis, que no perdían ni una sola oportunidad para fotografiarlos.
Dominic fue el primero en tomar el micrófono, como el presidente y representante que era, comenzó a decir unas palabras. Todos los ojos estaban sobre él, sobre su actitud segura, su elocuencia al expresarse, la autoridad que emanaba, su presencia, su elegancia, su porte que lo caracterizaba y su voz que hacía que todos le prestaran atención. Alessandra, por segundos olvidó su actitud descortés de minutos atrás y se dejó llevar por lo que comenzaba a sentir, por su admiración hacia él, porque a pesar de lo que era, tenía un gran corazón en cuanto a ayudar a otros. Su asombro fue aún más grande, al escucharlo dar una grata noticia que provocó que los presentes estallaran en aplausos. Lombardo Enterprises Inc., no solo serían los principales benefactores de tan grande causa, sino también, los fundadores de una nueva organización, siempre en apoyo a los niños con cáncer que muy pronto abriría sus puertas.
Sintió el corazón saltarle en el pecho cuando sus penetrantes ojos, se fijaron en ella de pronto, quiso apartarle la mirada al sentirse intimidada, no obstante, no se dejó amedrentar, así que la sostuvo tan firmemente como él. Dominic siguió hablando aún con sus ojos puestos en ella, cosa que a los presentes les pasó desapercibido, con la reciente noticia no tenían cabeza para otra cosa. Esa noche, Alessandra descubrió que se estaba enamorando de él, aun en contra de su voluntad e incluso, sabiendo lo gañán que era, por mucho que quisiera evitarlo, no podía, era demasiado tarde y su corazón se había equivocado al elegir, pero eso era algo que él jamás iba a saber.

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