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Impacto italiano romance Capítulo 20

—¿Por qué me tiene tanto miedo, Alessandra? ¿Cree que le haré daño? o ¿qué pasa? —quiso saber él, cautivado por su cercanía, por sus labios, por su olor y como siempre, por sus preciosos ojos verdes—. La apoyó contra el pasamanos y la dejó atrapada entre sus brazos.

La respiración a ella se le cortó y sus nervios estallaron más, cuando las luces principales se apagaron, únicamente las luces de los pasillos a las habitaciones alcanzaron a iluminarlos.

—Dios mío—susurró muy bajito, presa del pánico y las emociones—. Dominic alcanzó a escucharla y saberla así tan expuesta, provocó que tuviera la sensación de una descarga eléctrica en todo su cuerpo. Tampoco le ayudó el hecho y la intimidad que le dio la casi oscuridad. Joder, estaba a un minúsculo movimiento de robarle un beso, no podía aguantarse más.

—¿Qué... qué hace? —preguntó Alessandra con dificultad, al verse acorralada y sentir como el afiance de sus manos en su cintura aumentaba, sus cuerpos definitivamente cobraban vida propia.

Él suspiró y retiró las manos de su estrecha cintura con el poco raciocinio que le quedaba, sin alejarse, levantó ambas palmas en señal de rendición.

—Nada... nada más me aseguro de que no vaya a caerse, en vista de que está temblando— le hizo ver.

¡Ave María Santísima! Necesitaba oxígeno, porque ese hombre y su cercanía, se lo estaban quitando. Tuvo que agarrase fuertemente del pasamanos, sino, de verdad caería, las piernas le flaqueaban.

—No ha contestado a mi pregunta—le recordó el magnate con suavidad— ¿La asusto, señorita D'Santi?

—No... claro que no... ¿por qué lo haría? —musitó nerviosa y hechizada por esos ojazos—. Ahora que los veía más de cerca, le gustaban más...y más... y más. El océano y sus enigmas se reflejaban en ellos, porque Dominic Lombardo, era eso, un hombre lleno de muchos misterios, impredecible e indescifrable.

—Y entonces... ¿por qué tiembla así cuando me acerco? —Justo como lo está haciendo ahora, si no es miedo, ¿qué es? —insistió—. Como le fascinaba tenerla cerquita, era algo extraño y agradable a la vez, aparte de deseo, ella despertaba otras emociones en él, emociones totalmente desconocidas hasta que la conoció.

—Es...estoy así porque... porque alguien puede vernos y malinterpretar todo— respondió alejándose, siendo consciente de que, en realidad estaban demasiado próximos y no era necesario—. Además, no pensaba con claridad cuando lo tenía cerca y menos cuando la veía así.

Dominic la miró con fijeza, su cuerpo al instante reaccionó ante su lejanía, sintió frío, le gustaba sentirla muy pegadita a él, sentir el calor que desprendía de su piel, ponerla así de nerviosa y ser él quien provocara ese estado en ella, le encantada verla a los ojos, hacía que se olvidara de todo y de cualquier mujer, porque era así, desde hacía mucho tiempo solo pensaba en ella, día y noche, le atraía demasiado y quería creer que era solo el hecho de no poder tenerla como a las demás, pero y si la tenía de la forma que quería, ¿la olvidaría en realidad? ¿Dejaría de pensarla? Aunque analizándolo bien, no lo creía posible, porque desde que la había besado, fue que sus pensamientos por ella se intensificaron más y si así había sido con un solo beso, ¿cómo sería hacerle el amor?

Un momento... ¿hacerle el amor? No, no, no, él no hacía el amor, él solo tenía SEXO.

—No tienen por qué pensar mal—aseguró llevándose una mano a las sienes, sintiéndose turbado por sus últimos pensamientos—. Simplemente la ayudé a que no cayera por las escaleras, ¿qué tiene eso de malo?

—Bueno, nada, pero...

—No sea tan paranoica Señorita D'Santi—la interrumpió molesto, pero no con ella, sino con él mismo por su debilidad—. No porque esté cerca de mí, significa que está haciendo algo malo, a veces las personas se acercan por uno o por otro motivo y eso no significa nada—. Maldición, es que porqué se ponía tan sensible cuando la veía, mierda, tenía que cambiar y superar eso, él no era así. —Lo que sea que le haya dicho en el pasado, no volverá a suceder, usted no me interesa, así que, olvídelo y no se comporte como si fuese a hacerle algo, no soy un depravado, una vez le dije que yo no obligaba a las mujeres a hacer lo que no quisieran y usted no va a hacer la primera, aparte, mis gustos ya no son los mismos, por lo tanto, deje de pensar que pretendo algo con usted, porque no es así—soltó tajante.

Alessandra percibió su enojo y no pudo evitar sentirse más que avergonzada. Su tono fue seco, contundente y sus palabras, en parte hirientes, aunque eso debía alegrarle y no entristecerle, pues ella misma deseó que no la siguiera pretendiendo de esa manera tan indecorosa y la tratara como a una cualquiera, sin embargo, ¿por qué de repente se sentía mal con eso de que ella no le interesaba y lo de que sus gustos habían cambiado? Otro detalle era, que ella no reaccionaba así por miedo, sino, porque él le atraía, le gustaba y más que eso, estaba desarrollando un sentimiento grande por él, pero eso no se lo iba a decir.

—Ahora me ha quedado todo muy claro, señor Lombardo—le contestó sosteniéndole la mirada, luego de varios segundos de análisis—. Supongo que teniendo usted otros gustos e intereses, ya no tengo que preocuparme de nada y eso, es un verdadero alivio para mí, ahora si me disculpa, me retiraré a descansar, buenas noches—se dio la vuelta y sin esperar respuesta, se encaminó a través del largo pasillo, las lágrimas comenzaban a acumularse en sus ojos y no pretendía que la viera así, sería contradictorio con lo que acababa de decirle.

Dominic se reprochó por haber sido tan descortés, no obstante, el enojo lo había invadido, enojo con su poco dominio, enojo con lo que experimentaba, enojo por portarse tan sentimental con ella, por no sentirse como antes, pero el mayor de los enojos, era no tenerla. Tomó el pasillo opuesto para llegar a su habitación, se encerró y así en las penumbras, en medio de la recámara, se quedó absorto en su primer conflicto emocional, un conflicto en el que, por primera vez, una mujer era la protagonista e increíblemente esa mujer era, Alessandra D'Santi, la primera protagonista en muchos aspectos de su vida.

*******

Al despertar esa fría mañana, en la que fueron pocas las horas de sueño debido a sus pensamientos dirigidos al anfitrión y dueño de todo alrededor en donde ahora se encontraba, Alessandra despertó y así soñolienta, lo primero que hizo fue dirigirse a la ventana. La habitación estaba a oscuras debido a las gruesas cortinas y solo esperaba ver tras ellas el sol brillar, sin embargo no fue así, se llevó una enorme decepción al ver que la tormenta de nieve seguía y que una torrencial lluvia caía a cántaros, hecho que le había pasado totalmente desapercibido, porque en ese recamara, no se escuchaba nada.

Se dirigió al baño entonces, se cepilló los dientes, se recogió el cabello en un moño para no mojarlo y se duchó por un rato más prolongado, el agua caliente estaba deliciosa, por lo que tenía suficiente tiempo, ya que se había despertado muy temprano. Se colocó la ropa que Giulia le había llevado, ya que no tenía otra opción, más que repetir el atuendo del día anterior y no le agradaba la idea. El outfit consistía en unos jeans negros ajustados, un bodysuit beige mangas largas, se calzó sus botas de cuero altas y, por último, se colocó su gabardina negra.

Se terminó de arreglar el cabello dejándolo suelto con sus ondas naturales, buscó su bolsa de maquillaje entre sus cosas, se maquilló suave y resaltó el look con un labial rojo vino, se perfumó y cuando creyó estar lista, tomó el IPhone para ver si tenía alguna llamada o mensaje y vaya tremendo susto se llevó, al percatarse de que el tiempo se le había pasado en un tronar de dedos.

Faltaba un cuarto de hora para las ocho, salió de la habitación a toda prisa, cuando iba a mitad de las escaleras, alguien del personal le informó que el señor la esperaba en su estudio. El corazón le latía de prisa esperando lo peor, ¿la regañaría? ¿le llamaría la atención? Teóricamente no era tarde, pero con Dominic Lombardo nunca se sabía, era impredecible. La guiaron hasta el estudio ya que no conocía, una vez que la chica junto a ella se marchó, se animó a tocar la puerta. Escuchó su voz autorizarle que pasara y con más temor que otra cosa, se adentró.

El lugar era igual de lujoso y pretensioso como toda la mansión, no obstante, lo que más le impresionó, fue verlo a él, sentado en una orilla el escritorio, de frente a ella, con los brazos cruzados contra el pecho y las piernas también cruzadas, una sobre la otra, como si llevara rato esperándola. Guau, estaba guapísimo, vestido tan distinto a como solía verlo, pero, tan imponente y elegante como siempre. Llevaba puesto unos pantalones de vestir beige que le quedaban un poco más ajustados que los que acostumbraba a verle en sus inmaculados trajes, una camisa de vestir blanca mangas largas y sobre esta, un Jersey de color vino, ajustado, combinó todo con unas zapatillas café muy finas y su carísimo reloj de oro que nunca le faltaba. Casi se le salen los ojos al verlo así, tan atractivo, su escultural cuerpo varonil se resaltaba aún más y su delicioso perfume le llegó hasta donde estaba.

Sus miradas se encontraron de pronto, él la recorrió lentamente de pies a cabeza y se detuvo finalmente en su rostro, ¡qué mujer tan sexy y bella! todo se le veía bien, TODO, maldita sea, que linda era, ¿Cómo no iba a encantarle si era divina? ¿Cómo no pensarla si era un hermoso espectáculo para sus ojos? ¿A qué hombre en su sano juicio no le gustaría una mujer así? Por Dios ¿Es que nada le quedaba mal?

—Buen día, señor —saludó Alessandra en voz baja, pero lo suficiente alta para que él la escuchara.

—Buen día, ¿durmió bien? — inquirió serio, sin dejar de contemplarla.

—Un poco, no dormí mucho, la habitación es muy cómoda, pero me siento extraña durmiendo en una casa que no es la mía.

—Comprendo—expresó él moviéndose de sitio y caminando alrededor del escritorio para detenerse del otro lado, metió las manos en los bolsillos del pantalón y se la quedó mirando unos segundos más antes de hablar—. Era inexplicable lo mucho que le atraía, lo mucho que lo cautivaba con tan solo su presencia, ese asunto comenzaba a salírsele de las manos. —Como habrá notado, no será posible salir hoy tampoco, no ha parado de nevar, mucho menos de llover, las calles no están transitables, por lo tanto, tendremos que trabajar desde aquí—. Y, por favor, no vaya a decirme que se quiere ir a su casa porque es muy riesgoso salir en estas condiciones, si al finalizar el día, el clima ha mejorado, yo mismo la mando a dejar con alguno de mis choferes—le dijo en un tono autoritario, que no daba lugar a réplicas.

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