Ese día fue extrañamente solitario y distinto para ambos, Dominic se quedó trabajando desde su habitación y Alessandra en el estudio, era inverosímil lo que le ocurría, ¿Cuándo él había huido de una mujer? ¿Alejarse? Y mucho menos ¿evitarla? Dios santo, ¿qué diantres le sucedía? No era el mismo hombre de semanas atrás. La única manera que podía justificar lo que le pasaba, era debido a la lealtad hacia su hermano, porque ante todo, a pesar de ser un mujeriego o lo que sea que fuera, respetaba eso, las mujeres de algún amigo o miembro de la familia, eran INTOCABLES, pero Alessandra, joder, le ponía el mundo patas arriba, le gustaba muchísimo, le encantaba, le gustó desde el primer momento en que la vio en aquella fiesta en casa de Bruno y estaba seguro que para ese entonces, ella no conocía a Vittorio todavía, lo que quería decir, que él la había visto primero, sin embargo, ahora ellos dos estaban juntos y de esa manera, nada se podía hacer.
La castaña por su parte, se quedó un poco sorprendida por su repentina salida, no le dijo nada, ni siquiera la miró, simplemente salió y desde que se había ido en la mañana, no volvió más por el estudio, solo supo que estaba trabajando desde algún otro lugar de la residencia, por los email suyos que le llegaban con indicaciones para nuevos trabajos.
—Era tan raro, ¿por qué se iría así tan de pronto? —se preguntaba.
Le llevaron el almuerzo y lo disfrutó muchísimo, tanto, que se puso a pensar en que si viviera en esa casa, lo más probable fuese que en una semana, tendría varias libras de más, ya no se diga en un mes, una pelota sin exagerar, la comida era divina, mejor que en cualquier restaurante de la más alta alcurnia y para variar con el clima, su apetito se despertaba más.
La tarde transcurrió y entretenida entre trabajo, chocolate caliente y galletas, el tiempo se le pasó de prisa, aunque en ningún momento había dejado de pensar en él y en el motivo por el que se fue. Tenía dudas acerca del desarrollo de algo y no tenía idea de cómo preguntárselo, él no estaba y tampoco sabía dónde buscarlo, ¿y se lo escribía por email? Porque no tenía ni su número de teléfono para rematar.
La puerta se abrió tomándola por sorpresa y dando paso al imponente hombre de presencia impactante, no la miró, serio, en absoluto silencio, entró y se encaminó hasta su escritorio, lo vio buscar algo en los cajones, sostener unos documentos y darles una rápida ojeada, no se sentó, solo se quedó de pie buscando algún papel de su interés.
—Señor Lombardo— le llamó ella un poco desconcertada por su indiferencia.
El castaño detuvo lo que sea que estaba haciendo y antes de tomar asiento, la miró.
—¿Sí? — preguntó de manera distante.
—Yo, necesitaba preguntarle algo, sobre el último trabajo que me encargó—manifestó poniéndose en pie.
Él asintió y se puso tenso al verla acercarse.
—Mierda, ¿qué problema tenía su cuerpo ahora?
Alessandra con inseguridad rodeó el escritorio hasta llegar a su lado, para ese entonces, él ya se había sentado. A una distancia prudente se inclinó para facilitarle una hoja y plantearle sus dudas, al instante, su loción masculina la descolocó al punto, de casi olvidar lo que quería decirle, madre del cielo, porque olía tan espectacularmente bien.
Al igual que ella, él estaba encantado y más que afectado con su perfume, con su presencia, tanto que, casi ni prestó atención a lo que le explicaba, estaba más al pendiente de en qué momento sus cuerpos tenían el más mínimo roce, ya ni eso quería, tocarla, porque un insignificante toque lo perjudicaba. Su brazo rozó apenas el suyo y algo en él se activó, se despertó, un suspiro involuntario salió de sus labios, alzó la mirada para verla, quedando sus rostros cerca. Viéndola de cerquita a los ojos, a los labios y así, en ese dilema, le explicó lo que ella necesitaba saber, estaba a un solo pasito de perder la cordura, era solo un movimiento y le alcanzaba los labios.
—Dios, Dios, Dios, tenía que resistirse, tenía que hacerlo, no toleraba tanta abstinencia, necesitaba probar una vez más esa boca. Era una maldita tortura.
—¿Me... entendió? —indagó atontado, una vez que terminó de aclararle.
Alessandra asintió sin emitir un sonido siquiera. Había perdido la voz, pero un poco de razón volvió en ella y discretamente dio un paso atrás.
—Gracias, señor—logró decir.
—Termine eso y se retira si desea, ha sido suficiente trabajo por hoy— declaró él, volviendo la mirada a unos documentos y fingiendo atención a ellos—. Estaba sudando, literal.
—Si no tiene inconveniente, me gustaría quedarme un poquito más tarde o si desea que haga algo más, no tengo ningún problema, es solo que...no... quisiera... estar en la habitación tan temprano—admitió con pena—. Ya que no podría irse a su casa esa noche tampoco debido al mal clima, al menos quería distraerse un poco más antes de dormir, todavía era temprano, las 17 horas para ser exacta y en ese trabajo se llevaría quizás, cuarenta minutos o menos, ¿qué podría hacer a hacer ella sola encerrada? No tenía sueño, prefería quedarse a trabajar, así se le pasaba más rápido el tiempo.
—No tengo nada más pendiente para hoy, pero, si no desea irse a su habitación, puede ocupar la sala principal y ver algo en la televisión, alguna película, no sé, lo que quiera.
—No me gustaría molestar más de lo que ya lo hago, señor—. Aunque no era mala idea, tenía ganas de ver una película de esas románticas que tanto le encantaban. En teoría, no tenía nada de malo, ya que estaría fuera de horario laboral, pero... no dejaba de parecerle un poquitín raro.
—Señorita D'Santi, por favor, ni que fuera un ogro que voy a pretender que esté encerrada, la casa es lo suficientemente grande y si lo que le preocupa soy yo, no se apure, que ni siquiera me muevo por ese lado de la casa, así es que, termine lo que le falte y retírese—. Pídale a Giulia que la lleve a la sala, tiene mi autorización.
Alessandra asintió, no sabía si eran ideas suyas, pero, lo sentía más distante que nunca y no es que fueran cercanos, sin embargo, se portaba más frío y tosco de lo normal. ¿Tendría algún problema?
A los cinco minutos lo vio salir quedándose sola nuevamente. Tal y como lo pensó, terminar el trabajo le llevó menos tiempo, revisó que todo estuviera correctamente, se aseguró de que no llevara errores ortográficos y se lo envío a su email, esperó unos minutos a ver si recibía alguna respuesta ya fuera positiva o negativa, si tendría que mejorar algo o no, pero nada. Se decidió a salir una vez de ahí, ir a su habitación a cambiarse las botas por unas cómodas pantuflas y luego buscar a Giulia para que la guiara hasta la sala.
No tardó en encontrar a la anciana en la cocina, quien con gusto la dirigió a la sala principal, vaya impresión se llevó, cada rincón que iba descubriendo de esa casa, la dejaba sin palabras, desde los muebles, adornos, cortinajes, todo era deslumbrante, había un inmenso, pero verdaderamente inmenso plasma incrustado en la pared, de las más novedosas tecnologías, casi tuvo la impresión de estar en una sala de cine por su gran tamaño. Se acomodó gustosa en los costosos y finos sillones de cuero café oscuro, en el más grande de ellos que estaba justo frente al enorme Smart TV, Giulia rio discretamente al verla tan sorprendida, parecía una niña con un juguete nuevo. La anciana se retiró al momento prometiéndole unos aperitivos para que disfrutara antes de la cena.
Abrió la plataforma de Netflix, buscó una película romántica para ver, entre tantas por fin escogió una y cuando llevaba alrededor de cincuenta minutos avanzados, su móvil sonó, era Vittorio.
—Vittorio—lo saludó muy contenta de escucharlo.
—Hola, Ale—respondió él con el mismo tono—¿Cómo estás?
—Muy bien, en casa…descansando—mintió—¿y tú?
—Bien también, con un poco de sueño, es poco más de medianoche aquí y todavía estoy trabajando.
Ella se sintió mal por ello.
—¿No necesitas que te ayude con algo? —quiso ser útil.
—No, tranquila, no te preocupes, ya casi termino, nada más estoy ultimando unos detalles y cuéntame, ¿cómo está las cosas por allá? —Vi en las noticias que hay una gran tormenta de nieve desde anoche en todo Londres, ¿supongo que hoy no fuiste a la oficina?.
—Sí…de hecho, hoy me tocó trabajar desde aquí, porque me fue imposible salir.
—Alessandra D´Santi, eres una mentirosa—la riñó su conciencia.
—Ya veo, Dominic me dijo lo mismo esta tarde que hablamos, él también se quedó trabajando desde casa, por cierto, por eso te llamaba, necesito contactarlo con urgencia y no me contesta el celular, ¿de casualidad has hablado con él en las últimas horas?
—Sí…no…bueno, quiero decir, tanto como hablar, no, nada más le envié a su email el último trabajo que me pidió y de eso ya pasó una hora.
—Comprendo, estuve tratando de llamarlo a su casa, pero el teléfono me manda directo al contestador.
—Seguramente debido a la tormenta está averiado.
—Eso creo—suspiró con cansancio—ocupo su autorización inmediata con algo y no puedo localizarlo.
—¿Me imagino que tiene algo que ver con lo que estás haciendo ahora?
—Así es, bueno Ale, te dejo, intentaré llamarlo de nuevo, quizás ahora tenga más suerte, que pases buenas noches.
—Gracias e igualmente para ti, que descanses.
Una vez que colgó la llamada, Alessandra se levantó como rayo de su asiento y le preguntó a alguien del personal, en donde podría encontrar al magnate. Le informaron que se encontraba en el gimnasio y sin pensarlo dos veces, corrió a buscarlo. Tuvo un poco de dificultad para llegar, la mansión era tan enorme, que ya hasta había olvidado las indicaciones que le dio la chica de servicio para poder encontrarlo.

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