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Impacto italiano romance Capítulo 22

El día amaneció tal y como Dominic deseaba, soleado, sus asuntos de trabajo no podía retrasarlos por más tiempo, ese viaje a Hong Kong era un hecho y no debía posponerlo más, aunque muy... muy en el fondo, anhelaba quedarse en su casa, por algún extraño motivo, sus últimos dos días ahí fueron tranquilos, tuvo una sensación de paz que nunca antes sintió y eso se debía a una sola persona, Alessandra.

Temprano esa luminosa, pero fría mañana, Alessandra salió rumbo a la empresa con uno de los choferes de Dominic, pasaría a retirar su auto y de ahí, iría a su departamento a preparar el equipaje para su inesperado viaje, cosa que la emocionaba, porque, aunque fuera por motivos de trabajo, le alegraba el hecho de conocer otro lugar, nuevas personas y más aún, el saber que iba con él, le provocaba un revoloteo en el estómago. Pero, esas emociones únicamente se las guardaba para ella, lo que comenzaba a sentir no tenía futuro y no deseaba que se hiciera más grande, mucho menos que saliera a la luz.

Después del mediodía, cuanto todo estaba preparado, Alessandra condujo nerviosa al aeropuerto, su primer viaje fuera y en Jet, wow, eso sí que sería toda una aventura. A pesar de nunca haber viajado en avión, no tenía temor, al contrario, estaba ansiosa, desesperada por llegar, por...verlo. Iba vestida casual, aunque sin perder la formalidad, una blusa blanca de vestir mangas largas que iba a conjunto con un pantalón de vestir rosa viejo oscuro, unos zapatos de pico al tono y no tan altos, el cabello lo peinó con una delicada media cola, maquillaje natural y labial rosa para variar.

Uno de los hombres que era parte de la seguridad del magnate, ya la esperaba para guiarla hasta el Jet, le entregó las llaves de su auto a otro que se encargaría de dejarlo resguardado en algún lugar del aeropuerto y siguió al tipo alto y trajeado que iba delante de ella con su equipaje, aunque realmente todos parecían tener la misma estatura. Al salir a la pista de despegue, evidentemente lo primero que llamó su atención fue el imponente Jet que se hallaba a varios metros lejos de ella, era un color grisáceo, bastante oscuro que casi se confundía con negro, de hecho, deslumbrante e intimidante como el dueño, las letras "Lombardo" se leían claramente a un costado de este, en unas finas letras de color oro, a medida que se acercaba sentía que sus nervios se acrecentaban más. Ni siquiera notó los inmensos aviones que se encontraban alrededor, sus ojos solo estaban puestos en el enorme aparato que tenía ante sus ojos.

Subió despacio la escalerilla que la conducía al interior, no quería hacer una escena vergonzosa y caerse, las piernas le temblaban ligeramente, así que se tomó fuerte del pasamanos, los ojos se le abrieron de par en par, al ver el asombroso interior de lujo, se vislumbraba riqueza por cualquier rincón. Comenzó a avanzar dentro hasta que su visión se posó en el guapísimo y alto, verdaderamente alto castaño, estaba de pie a un costado, cerca de la ventanilla hablando por el celular, vestido con unos pantalones de vestir gris, una camisa mangas largas negra de cuello alto y zapatillas también negras, contempló su masculino y atractivo perfil, ese hombre derrochaba por cada poro de su piel elegancia, clase, glamour, estilo y sobre todo... poder.

Sus miradas se toparon al girar Dominic levemente el rostro, casi pierde la noción de lo que hablaba al verla, enmudeció por unos instantes, sin embargo, al escuchar la voz de la persona al otro lado de la línea, volvió en sí, mierda, esa mujer lo embrutecía al verla así tan linda, todo le quedaba estupendo. Colgó la llamada minutos después y al notarla que se quedó inmóvil en un mismo lugar, la invitó a sentarse frente a él, solo una pequeña mesa donde tenía su MacBook los separaba.

—Necesito que aclaremos unos puntos para la cena de negocios que tendremos al llegar, es un viaje largo, así que, tendremos suficiente tiempo—comentó él, mientras se perdía en la pantalla de su laptop. No quería mirarla a la cara, era débil cuando la veía a los ojos, eso ya lo tenía comprobado.

—Por supuesto— respondió ella, sacando su laptop del pequeño bolso. Sería difícil concentrase con él en frente.

Tiempo después el piloto del Jet, les indicó que estaban a punto de despegar, Alessandra experimentó un poco de vértigo al sentir como se elevaban sobre los aires, se aferró a la silla discretamente, rogando a Dios para que Dominic no notara su desconcierto, cuando el Jet hubo alcanzado la máxima altura y se estabilizó entre las nubes, ella pudo sentirse nuevamente tranquila y respirar con normalidad.

Las horas comenzaron a avanzar en los cielos y ambos estaban concentrados en lo que hacían, pero fue inevitable que, en un determinado momento, se miraran a los ojos con intensidad. Dominic estaba al borde de la desesperación con las ganas que tenía de besarla, solo de imaginarla ahí, en ese lugar, sentada a horcajadas sobre él, besándola, besándolo, besándose, hacía que su sangre se calentara, esos gloriosos y carnosos labios lo tenían en vilo, al punto de la locura, quería probarlos de nuevo, gastárselos de ser necesario para ya no seguirlos deseando más y no le ayudó mucho ver como sus mejillas, de un segundo a otro, se tornaron de un leve rosa, era evidente la atracción entre ellos, la fuerte tensión, esa química que por mucho que ella negara, no se podía esconder, ni siquiera cuando trataba de mantenerlo alejado.

¿Qué hacía con su hermano si estaba más que claro que ellos dos se gustaban? Y mucho.

El vuelo duró poco más de doce horas aproximadamente, trabajaron unas y otras se quedaron dormidos, llegaron pasadas las diez de la mañana, horario de Hong Kong, agotados del viaje, se dirigieron directamente al hotel en una suntuosa camioneta negra que esperaba por ellos para ser trasladados.

Solo llevaron sus equipajes a sus respectivas habitaciones, descansaron quizás media hora y luego se reunieron nuevamente en el lobby para ir a la empresa de los socios con los que Dominic llevaría a cabo el importante negocio. La empresa estaba ubicada a unas pocas calles del hotel, era un enorme y despampanante edificio de vidrio de unos treinta pisos de altura, quizás más.

La Joven que los guiaba era una bellísima pelirroja, piel bronceada, de cabello largo, cuerpo esbelto y bien formado, labios carnosos y facciones finas, iba ataviada con un vestido rojo vino ajustado y sandalias altas del mismo tono, caminaba muy grácil y sofisticada, de vez en cuando Alessandra notaba como miraba a Dominic con interés, es que no había ninguna que se resistiera a los encantos del hombre, la chica le sonreía con galantería, pero había también coquetería en su trato. Sabía que él era consciente de la belleza de la mujer y aunque no veía atisbo de segundas intenciones por su parte, deducía que la chica le gustaba, pero, como en sus negociaciones se portaba serio y sobre todo formal, desde luego no demostraba nada, lo que no quería decir que fuera de ahí, se comportara igual, solo el hecho de pensarlo, le revolvía el estómago.

Iban en silencio dentro del elevador, sobre todo Alessandra, que estaba apabullada pensando cosas que no tenía que pensar, imaginándolo con la chica, a solas los dos, besándose, tocándose y haciendo quien sabe qué cosas más, no era algo que estuviera lejos de pasar, de él se podía esperar eso y mucho más. Dominic la miró y la notó rara, pensativa, estuvo a punto de preguntarle si se sentía mal, no obstante, en ese preciso momento las puertas del ascensor se abrieron.

Fueron conducidos a una deslumbrante oficina que les asignaron mientras estuvieran esos días ahí, era muy luminosa, con un amplio ventanal con vista a la ciudad, un suntuoso escritorio de cristal que sería el que claramente ocuparía Dominic y un poco más apartado de ese, uno más pequeño que sería el que utilizaría Alessandra. Todo era lujoso, moderno, cómodo y estaba decorado con ambiente de festividad navideña.

Los socios y dueños de la empresa se hicieron presentes para darles la bienvenida, ambos también hermanos, uno de ellos, David Forsythe, el más joven de los dos y especialmente guapo, miró con notable interés a Alessandra, le sonrió de manera amable y seductora, cosa que a Lombardo no le pasó desapercibida y que provocó que arrugara el entrecejo. El otro, Mikel Forsythe, aunque era igualmente apuesto, era un poco más grande que todos, de alrededor treinta y cinco años, tenía un anillo en el dedo anular, saludó con cordialidad, pero no notó el interés que presentó el menor de los hermanos en su acompañante. Eso le provocó incomodidad, era consciente de que ella era preciosa y era lógico que hombres como ellos, se sintieran atraídos hacia tremenda mujer, que aparte de linda, era inteligente e independiente.

Intercambiaron unas cuantas palabras y quedaron de verse en la noche, en ese momento únicamente querían hacer las debidas presentaciones y conocerse. Regresaron al hotel los dos en silencio, indiferentes, quedando que a las 19 horas se reunirían nuevamente para irse a cenar con los hermanos Forsythe. El resto del día lo ocuparían para dormir, comer, descansar, pero, sobre todo, pensar.

Diez minutos antes de las 19 horas, Alessandra bajaba al lobby para encontrarse con Dominic, estaba despampanante esa noche, con un vestido azul oscuro ajustado y mangas largas, le llegaba a la rodilla, colocó unas sandalias gold de tacón fino, una cartera de mano a combinación, onduló su cabello dejándolo suelto, se maquilló más profundo los ojos en color azul, sellando con un labial café nude, usó unos delicados accesorios, tomó su IPad que no podía faltarle y esperó sentada en unos de los sillones para irse a la cena. Aunque estaban en invierno, en Hong Kong el clima no era para nada como el de Londres, la noche era fría, aunque no tanto, más bien era agradable, por lo que no creyó necesitar su abrigo.

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