Dominic se llevó ambas manos a la cabeza sintiéndose frustrado al verla salir. ¿En realidad él solo quería una noche? Volvió a hacerse la pregunta y la respuesta fue un rotundo sí, no debería ni siquiera considerarlo y tampoco tenía más nada que pensar, su vida era así, sin compromisos, sin ataduras, solo pasarla bien con una mujer y nada más. Debía mantenerse alejado de ella, estaba con su hermano, ¿qué carajos hacía besándola y deseándola de esa manera? Pensándola como un idiota día y noche, maldita sea, tenía que deshacerse de todo lo que sea le estuviera pasando, controlar sus impulsos, no podía seguir así, no renunciaría a nada de lo que era, necesitaba urgentemente volver a ser el mismo Dominic Lombardo de siempre, los romances no tenían cabida en su vida.
Salió de la oficina estresado, molesto consigo mismo por no poder controlarse, nunca tuvo la necesidad de detener sus deseos, siempre las mujeres a las que frecuentaba eran libres de compromisos y cedían fácilmente ante sus encantos, la pasaban bien, se divertían y luego cada uno por su lado sin ninguna atadura de por medio. ¿Y si Alessandra no tuviera ningún compromiso sería igual? ¿Compartiría solo una noche con ella? ¿O habría más? Es que tenía que aceptarlo, a ninguna la había pensado como a ella y en cuanto a desearla, DIOS, la deseaba y necesitaba como un enfermo a la medicina.
Cuando se dirigía por los solitarios pasillos a tomar el elevador, la bonita pelirroja asistente del mayor de los Forsythe, apareció en su campo de visión, notó su mirada pícara y el perceptible coqueteo que le trasmitía a través de esta, en otras circunstancias no hubiese perdido el tiempo y le hubiera propuesto lo que claramente la mujer ante sus ojos quería escuchar, sin embargo, no lo hizo, no tenía el mínimo interés, cosa rara, ya que era hermosa, de atractivas curvas y tentadores labios, pero simplemente, no había despertado nada en él. Se limitó a sonreírle a medias sin mostrar sus perfectos dientes y adentrarse en la caja metálica una vez que las puertas se abrieron. Ella entró tras él ubicándose a su lado, a continuación, estas nuevamente se cerraron y se quedaron solos en ese pequeño espacio. Podía sentir su mirada sobre él y su cuerpo más pegado de lo necesario, era obvio que la chica estaba esperando algo de su parte, más no sucedería, además, no quería tener problemas con alguno de sus socios por un lío de faldas.
Unos segundos antes de que el ascensor volviera a abrirse, la exótica mujer se colocó frente a él y quedó muy pegada a su rostro, claramente tenía la intensión de decirle algo, o más bien, hacer algo, no obstante, no tuvo tiempo, porque las puertas se abrieron de par en par una vez más y al alzar el magnate la mirada, bastante incomodo por la situación, desafortunadamente, se topó con unos preciosos ojos verdes que lo observaron con ¿desilusión? Alessandra estaba ahí, ante ellos y sus luceros viajaron de él, a la chica y de la chica, a él, probablemente al verlos tan cerca, pensó lo peor y no supo por qué, pero no le agradó la sensación de que malinterpretara todo. A toda prisa se alejó de la pelirroja y como rayo salió del elevador, fue entonces que la desilusionada castaña, aprovechó para darse la vuelta y perderse en el primer tocador de mujeres que encontrara a su alcance, no quería hablar con él, tampoco quería verlo a la cara y que la viera en ese estado. Hacía tan solo unos minutos, le había dicho que no dejaba de pensarla y en un tronar de dedos, lo había descubierto infraganti haciendo saber qué cosas con la asistente de su socio y seguramente para ese momento, ya los dos estaban de camino al hotel, directo a disfrutar de la lujosa suite presidencial. Los ojos se le llenaron de lágrimas al confirmar lo que ya había imaginado y es que desde que vio a esa mujer, supo que Dominic Lombardo, no la dejaría pasar.
Aguardó unos minutos más dentro del baño y cuando estuvo completamente segura de que podrían haberse marchado, salió de su escondite y se dirigió rápidamente a las oficinas a recuperar su celular que había dejado olvidado junto con su cartera de mano.
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—Dios Mío, ¿qué me está pasando? —susurró Dominic para sí mismo ya en la soledad de su habitación—. Casi quiso correr tras Alessandra y explicarle que lo que fuese que creyó ver, no había sido real, sin embargo, se había quedado como un perfecto tonto, viéndola desaparecer en uno de los tantos pasillos del lugar. Además, ¿qué sentido tenía explicárselo? Después de todo, ellos no tenían nada y lo mejor, era que ella pensara lo peor de él, porque esa era la verdad, era lo que era y eso ya no lo podía cambiar. Por otro lado, ¿cómo era que había dejado pasar semejante oportunidad con la chica que evidentemente intentó algo con él? Tenía ya varias semanas sin disfrutar de un buen sexo y a su regreso a Londres, lo primero que haría sería buscar a Viviane, ella lo satisfacía siempre y a la hora que deseara, podían pasar días sin que la buscara o la llamara y nunca habían reclamos de su parte, ambos mantenían relaciones abiertas y tenían encuentros sin problema alguno, era exactamente como él y por eso se habían acostado por más de una vez, no involucraban sentimientos del todo, solamente sexo y placer de por medio, lo que significaba "Cero complicaciones".
Después de una noche de completo insomnio, Alessandra llegó temprano a las oficinas, pero antes, pasó por una cafetería que estaba justo al cruzar la calle, compró dos cafés, uno para el promiscuo todopoderoso y otro para ella, tenía que actuar como si nada hubiera pasado y esa era una buena opción para comenzar. Se lo dejó sobre el escritorio sabiendo que en cualquier momento llegaría, era muy cumplido y puntual en su trabajo, arregló lo que creyó no estuviera en completo orden y luego se sentó a trabajar. Cada tanto, sus ojos se desviaban al escritorio vacío que ocupaba el guapísimo y adinerado hombre, que besaba como los dioses y que solo de recordar ese beso de la noche anterior, hizo que la piel se le erizara, no obstante, la emoción le duró poco, al saber que la bonita pelirroja, había probado también esos adictivos labios, disfrutado de esos exquisitos besos y quizás, hasta había llegado a más que eso, lo que ya no dudaba.
La asistente de David Forsythe llegó minutos después, a informarle sobre una reunión programada, salió entonces junto con ella a preparar todo lo indispensable a la sala de juntas. Varias personas importantes comenzaron a llegar a la hora estipulada, miembros de la junta directiva, entre otros, pronto los elegantes y distinguidos hermanos Forsythe hicieron acto de presencia y momentos después, el magnate Lombardo, apareció. En el instante en el que entró, David saludaba a Alessandra con una radiante sonrisa, Dominic los miró y sintió la sangre subírsele a la cabeza. Entró serio, con su portafolio en una mano y con la otra saludando de uno en uno a las personas que Mikel, el mayor de los hermanos, le presentaba.
Se sentó a un extremo de la mesa sin mirar a Alessandra y saludarla mucho menos, esta lo notó serio y se imaginó que era debido a lo que había pasado entre ellos, más bien, a su rechazo, pero vaya que rápido había buscado consuelo en brazos de otra. Decidió no pensar más en ello, total, ni siquiera tenía porqué molestarse, ya sabía que todo lo que él hacía o decía, eran solo artimañas para llevarse a cualquier mujer a la cama. Con el corazón bombeándole de prisa, salió de la sala y regresó pocos segundos después con su café, sabía que lo necesitaba, siempre lo tomaba en las mañanas, se lo colocó a un lado del escritorio, él alzó la mirada y con un leve asentimiento agradeció.
Alessandra se ubicó de pie a un lado de la sala, junto a las otras dos secretarias. La reunión encabezada por Mikel dio inicio, mientras este hablaba, Dominic no resistió mirar a su preciosa musa que como cada día, le encantaba ver el outfit que utilizaba. Esa mañana lucía radiante, con un pantalón de tela liviana blanco hueso con estampado florales, combinado con una blusa ajustada cuello campesino en tono verde esmeralda igual al detalle de las flores y zapatos de pico tacón fino del mismo tono, el cabello largo y castaño lo había peinado en una coleta alta con unas gruesas ondas que llegaban a mitad de tu espalda, se maquilló natural y delicado, sellando con un fuerte labial rojo.
Eran obvia las muchas razones por las que tenía tras ella a David Forsythe, Vittorio y quien sabe cuántos más, incluido él, era tremendamente hermosa, llamativamente bella y estupendamente inteligente, sobre todo esa audacia, era la que a él más le encantaba, una mujer sin esa importante cualidad no era nada.
La junta siguió su curso, estaban planteándose todas las cartas y puntos de relevancia sobre la mesa, era el día decisivo para cerrar el trascendental negocio, así que cuando fue el momento de Dominic de hablar, lo hizo con total locuacidad, ímpetu y convicción, Alessandra estaba más que impresionada, esa era una de las cosas que más le atraía de él, la manera de llevar a cabo sus negocios.
Fue momento de David de hablar y Lombardo aprovechó para observar si notaba alguna reacción o interés por parte de la castaña hacia el personaje que presidía la junta en ese instante, sin embargo, se llevó una grata sorpresa al encontrarse sus miradas. Apoyó el codo en el antebrazo de la silla, descansó galantemente su rostro entre sus dedos y "discretamente" se dedicó a mirarla de manera intensa.
Ninguno de los dos dejó de verse, era como si solamente ellos estuvieran dentro de la misma sala, la vio ruborizarse levemente y casi se vuelve loco, solo Dios supo el control que tuvo que implementar, para dominar el impulso que sintió de ponerse en pie, sacarla de ahí y llevársela a un lugar donde estuvieran solos para comérsela a besos. Madre de Dios, quería besar esos suaves labios hasta hinchárselos, morderlos con suavidad, pasar su lengua sobre ellos, sostenerla entre sus brazos, apretarla contra su cuerpo, sentirla cerca y... hacerla suya, sí, sí, hacerla suya, porque daría lo que fuera por tenerla para él, solo para él y nada más que para él.
Se acomodó en su sitio al sentirse como un enfermo, ese no era el momento ni lugar para tener esos pensamientos, estaba en medio de un importante trato y no podía ponerse a pensar en algo que no fuera justamente eso. Apoyó los codos sobre la mesa y con los dedos entrelazados se dio débiles golpecitos en la frente, tal vez... y así reaccionaba. Todo el resto del tiempo trató de no verla, no obstante, fue inútil, porque muchas veces sus ojos lo traicionaron y la buscaron.
Al dar por terminada la reunión y salir prácticamente todos, los nuevos socios estrecharon las manos sonrientes, gustosos con tan excelente decisión, que obviamente a ambas partes en el futuro, les generaría muchas ganancias, quedaron en irse luego los tres a un almuerzo para festejar. David con disimulo, se apartó del grupo y persistente, no desaprovechó el tiempo para acercarse a Alessandra, ella aprovechó de entregarle el abrigo, ciertamente no quería tener nada de él, con un suave gracias y una gentil sonrisa, le agradeció el gesto de caballerosidad que tuvo para con ella y sin esperar nada más, salió. Dominic sintió que se encandiló al verlos juntos, se disculpó con sus socios y salió tras ella minutos más tarde.
Llegó a la oficina y la encontró de espalda acomodando con detenimiento unas cosas en su escritorio, no percatándose aún de su presencia. Casi se distrae con aquella preciosa vista que le regalaba aquel escultural y femenino cuerpo y ese redondo y respingado trasero.

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