El almuerzo de Dominic con sus socios fue un martirio. No pudo disfrutar el tan significativo negocio que acababa de cerrar y el motivo de ello, fue que no pudo sacarse a Alessandra de la cabeza, tampoco pudo olvidar la forma tan poco caballerosa en que la trató ¿Cómo podría pedirle disculpas? ¿Cómo enmendar el error que cometió? pero lo más intrigante de todo, ¿por qué le preocupaba tanto esa mujer? ¿Por qué sentía que su vida no era la misma? Maldición, ¿qué rayos sucedía con su vida? Necesitaba saberlo y volver a tener el control de todo como antes, porque si no, tarde o temprano terminaría en un manicomio.
Los segundos se le hicieron largos, los minutos, extensos y las horas eternas, lo único que necesitaba era llegar de una jodida vez al hotel y descansar. Había trabajado demasiado los últimos días, quería perderse en un mundo donde no la pensara, de una maldita vez debía dejar a un lado eso, era demasiado ya. Aunque si lo pensaba bien, lo mejor era no disculparse, él no era un hombre romántico, mucho menos de esos que prestaban demasiada importancia a una mujer y a ella, se la estaba dando. Sí, no se equivocaba, estaba prestándole demasiado interés, inclusive más del que requería. Debía dejar las cosas como estaban, tratarla como a una empleada más y olvidar de una vez, su atracción por ella.
Regresó al hotel poco después de las 14 horas, tomaría el resto de lo que quedaba de ese día para descansar, lo merecía y no desperdiciaría el tiempo. Por la noche buscaría que hacer, quizás bajar al bar y distraerse un rato, probablemente se toparía con una linda mujer, que le haría olvidarse de todo y con la que podría pasar un buen rato. Lo cierto era que todavía no tenía nada claro, sin embargo, esa era una buena opción, pero, no pudo evitar pensar en lo que estaría haciendo Alessandra en ese momento ¿Y si...la invitaba a cenar? De esa forma podría pedirle una sutil disculpa, no, no, no, ¿por qué seguía considerando esa posibilidad? ¡Ya había dejado de lado ese asunto! Lo mejor que podía hacer era dormirse y así lo hizo, se despojó de su esmoquin y en bóxer, se lanzó sobre la cama, cayendo para su suerte, en un profundo sueño casi al instante.
La noche estaba algo avanzada y aburrida, Alessandra se la había pasado dormida casi todo el día y no salió nada más que para el almuerzo. El aburrimiento la invadió, sintió deseos de salir y ¿por qué no? divertirse. Ya que estaba ahí, sin nada que hacer, sin trabajo pendiente, ¿por qué no disfrutar? No tenía nada de malo, el magnate le había dicho que podía tomarse el resto del día y si no la necesitó antes, mucho menos iba a necesitarla a esa hora, seguramente y ya estaba muy entretenido y acompañado de la bonita y seductora asistente de su socio, era obvio que ni siquiera iba a pensar en ella, si ya tenía centrada toda su atención en alguien más.
Impulsada por una extraña fuerza, se levantó de la cama como si esta le quemara, decidió arreglarse, ponerse linda y bajar a distraerse, tal vez conocía a un apuesto galán que le robara el corazón y le sacara al mujeriego de Lombardo de la cabeza. David Forsythe, por ejemplo, era muy guapo, caballeroso, atractivo, amable y era consciente de que mostraba interés por ella, se le notaba, no obstante, había un problema, no le gustaba, ni siquiera un poco.
—¡TONTA! — se dijo.
Revoleó los ojos mientras se alisaba el cabello frente al enorme espejo del tocador en el baño y terminaba de maquillarse. ¿Cómo era posible que no pudiera fijarse en alguien más? Era joven, con toda una vida por delante, quería disfrutar del amor con la persona correcta, divertirse, salir a pasear juntos, expresarse palabras hermosas, besarse, abrazarse, confesarse secretos y... hacer el amor... ¿quién a su edad era virgen? Por Dios Santo, no era de las que añoraban llegar intacta al altar, pero sí, entregarse a la persona indicada y eso significaba a una sola, no quería tampoco un repertorio de hombres en su vida, mucho menos en su cama.
Fue al closet, escogió un bonito vestido rojo vino, muy distinto a los que solía usar para asistir a la oficina, este era más atrevido, entre discreto y sexi, le llegaba un poco arriba de las rodillas, tenía corte V, ajustado de la cintura y más suelto de las caderas, lo había adquirido esa misma mañana mientras regresaba del emporio Forsythe, al hotel. Se había detenido en una bonita tienda que estaba en la misma calle, el vestido tenía un costo algo cuantioso, pero, para su suerte, lo encontró a mitad del precio y claramente no pudo resistirse.
El maquillaje que se elaboró fue sencillo, no colocó sombras, en lugar de ello, un delineado de gato las sustituyó, máscara de pestañas, corrector, polvo compacto, blush, bronzer e iluminador, selló con un labial del mismo tono del vestido que resaltaba perfecto sus labios, sus finas, femeninas y hermosas facciones. Colocó perfume y sin retrasarse más, bajó al restaurante.
Cenó un exquisito filete acompañado de una buena copa de vino blanco, le dio nostalgia ver a todos cenar en compañía de alguien y a ella... sola. Se consoló al recordar que lo que la tenía ahí eran exclusivamente asuntos de trabajo. Notó como unos tipos en una mesa bastante cercana la miraban y sonreían en atención, se sintió incómoda y en cuanto terminó el ultimo bocado, se puso en pie con la intención de volver a la habitación, pero, tomó un pequeño desvío al bar. Un cóctel antes de dormir no le caería mal y no era que acostumbrara a tomarlos, sin embargo, esa noche se le apetecía uno o quizás dos. El lugar estaba medio lleno, gente importante y distinguida podía reconocer en las mesas, se sentó a un lado de la barra, donde casi no había nadie y ya que estaba sola, ese le parecía el mejor sitio para tomarse el Bloody Mary que le pidió al barman al llegar.
Dominic llevaba un buen rato en el bar, había bajado a cenar temprano luego de dormitar toda la tarde y se decidió a buscar alguien con quien entretenerse. Obviamente sus artes seductoras, su porte imponente que derrochaba poder y su atractivo rostro, no le pasaron desapercibidos a ninguna mujer, no tenía ni un minuto de haber puesto un pie dentro, cuando una escultural rubia de vestido provocador, se le acercó. La invitó a unos tragos y comenzaron a conversar cosas sin importancia, pero por algo tenía que comenzar, total, ya sabía dónde acabarían después.
Repentinamente, el mundo tembló a sus pies, cuando en un instante dirigió su mirada a la entrada del bar y la vio a ella, se quedó con la bebida que se llevaba a los labios en el aire, totalmente paralizado y completamente deslumbrado por la hermosura de mujer que sus ojos observaban. Su corazón atravesó una serie de aceleradas palpitaciones que le parecieron por demás extrañas, pero, lo que más lo inquietó, fue el leve dolor que experimentó en el pecho. No pudo apartar sus ojos de ella y recorrerla lentamente con la mirada de pies a cabeza, Dios Santo, ¡qué cosa más divina veía! ¡Qué creación tan perfecta! Aquel vestido le quedaba genial, que genial, espectacular, esas piernas que, aunque no mostraban más de lo necesario, sabía que eran hermosas y esas pantorrillas...joder...un millón de veces joder.
No fue el único que se sorprendió al verla, fue evidente la cantidad de hombres que giraron sus rostros para admirarla, no se veía para nada vulgar, mucho menos mostraba demasiada piel, no obstante, era un manjar exquisito para la vista de cualquiera, sus atributos eran claramente notorios sin necesidad de mostrarlos. Esa mujer era una belleza extrema, un peligro y una tentación irresistible, moría por ella, oh sí que moría por ella.
Se olvidó totalmente de la rubia que tenía al lado, haciendo todo lo posible por atrapar su atención, con monosílabos respondía cada una de las tontas preguntas que le hacía, estaba enfrascado en verla a ella y analizar su comportamiento cuando nadie la observaba. Había perdido en su totalidad el interés por la mujer a su lado, inclusive, le estorbaba, sus planes de llevársela a la cama se fueron al carajo con tan solo ver a la preciosa castaña, todo dejó de importarle, únicamente ella, ese ángel de vestido y labios rojos era lo único que tenía en la mente.
¿Cómo podía Vittorio dejarla tanto tiempo sola?

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