Entrar Via

Impacto italiano romance Capítulo 30

La idea de sugerirle a Alessandra que pararan en algún sitio a cenar, la descartó de inmediato, iban caminando de vuelta a la camioneta en completo silencio y un leve roce de sus brazos, fueron suficientes para que Dominic se desprendiera totalmente de ese pensamiento, no podía permitirse seguir estando a solas con ella, lo cual, solo significaba que era mejor no conocerla más a fondo como deseaba, le hacía mal su compañía, le hacía mal ella, su presencia, casi no podía ni resistirse a todo lo que en ese momento atravesaba y anhelaba su cuerpo, maldita sea, es que tenía que poner distancia en ese preciso instante o de lo contrario, no podría seguir reprimiendo por más tiempo lo que sentía, lo que llevaba ganas de hacer desde hacía muchos días, desde que se besaron en Hong Kong y seguramente, desde aquella primera vez que se besaron en la cafetería.

Ella gustaba de él, podía sentirlo, era palpable, más que evidente, la química y atracción que había entre ambos, las chispas bailoteaban alrededor de ellos cuando estaban juntos, cuando se acercaban, cuando se miraban, cuando se... tocaban. Estaba al borde con sus emociones, estaba loco por esa mujer, ahora entendía perfectamente por qué su hermano la había escogido. Su hermano...joder, sí, su hermano, debía pensar en él, pues era la principal razón por la que tenía que contenerse y probablemente, también era el motivo por el que Alessandra no le correspondía, al menos no del todo y ahí es donde la misma interrogante de siempre venía a su cabeza, ¿qué carajos hacía con Vittorio si quien realmente le interesaba era él? Quizás le gustaban ambos... Ojalá no fuera así.

—Vittorio le ofrece estabilidad —le dijo su subconsciente.

Otro radical inconveniente, ella quería algo serio y él no estaba convencido de querer a cambiar su libertina vida, por una sola mujer, aunque a esas alturas del partido, comenzaba a considerarlo, al menos en un pequeño porcentaje, porque antes, ni eso. ¿Qué pasaría si llegara a tener intimidad con ella? Si con tan solo unos besos, una de sus más grandes e importantes reglas, estaba en estela de duda. Él no debería de estarse planteando esas cosas, no obstante, lo estaba haciendo, estaba en peligro, oh sí, por primera vez en la vida, Dominic Lombardo, el magnate más poderoso y mujeriego de Gran Bretaña, estaba en peligro.

—Gracias... por el tour—oyó la tímida voz de Alessandra infiltrase en su ensimismada mente—. Ya estaban aparcados frente al hotel. Era una descortesía no llevarla a cenar como pensó, pero no debía seguir junto a ella, las fuerzas no le daban para más y él estaba muriéndose, agonizando por estrecharla entre sus brazos y besarla, devorarle esos labios hasta hincharlos y gastarlos, poseerla, por el amor de Dios, estaba al límite de la cordura ya.

—No fue nada— se limitó a contestar sin mirarla—. Ni verla podía, porque solo con verle esos ojos, claudicaba. Era un estúpido, lo sabía, pero era la única forma viable de manejar todo lo que lo invadía, todo aquello que le oprimía en el pecho.

Alessandra bajó un poco abrumada de la camioneta, sintió su drástico cambio y eso le provocó un dolor en el pecho que le dificultaba la entrada del aire a sus pulmones, estaba rotundamente enamorada de él, lo amaba, ya no podía negárselo a sí misma. Vio el auto arrancar a toda velocidad una vez que ella se bajó y no dejó de verlo sino, hasta que se desapareció en una esquina.

Los días posteriores aunque pasaron un poco más de prisa, fueron tormentosos para ambos, sobre todo para él, que evitaba a cualquier costa quedarse a solas con ella, con cualquier excusa la alejaba, inclusive, hasta llegó a escudarse tras Colette, siendo más atento de lo que en realidad quería ser con la despampanante rubia, todo con la intención de que Alessandra, no distinguiera ni el más mínimo interés por parte de él. Y lo había logrado, porque ella estuvo más distante que nunca.

Los Flamcourt les habían asignado un despacho por los días que estuvieran en Francia y para suerte de Dominic, el escritorio de Alessandra quedó fuera de la oficina. En cuanto a Belmont, pudo respirar tranquilo, había salido de emergencia a un viaje de trabajo, así que no tuvo que estar con el pendiente en si iba tras la dueña de sus pensamientos o no, aunque claro, hubo otros que evidentemente parecieron interesarse en ella cuando la veían, pero ninguno de qué preocuparse.

Al fin, sus agonizantes días llegaron a su final, esa lluviosa, ventosa, oscura, fría y nevosa mañana de 24 de diciembre, se prepararon para regresar a casa en el jet, Alessandra pasaría navidad con Paulina, ya que no viajaría a Canterbury sino hasta para fin de año, necesitaba descansar, dormir bien, arreglar su departamento que probablemente con tantos días de ausencia, estaría un poco sucio, le urgía recuperarse del cansancio y ajetreo de ese viaje. En cambio, Dominic, pasaría con su mamá y su hermano, como todos los años, hacían una cena, invitaban algunos tíos y primos, una pequeña reunión familiar, sin embargo, con lo que ninguno de los dos contaba, fue con la noticia que el Capitán le dio a Lombardo.

—Señor, me temo que no podremos viajar a Londres, por lo menos no hoy—informó el hombre esa mañana.

—¿Cómo? ¿Por qué no? —inquirió Dominic con mal talante—. Tengo todo preparado para partir hoy, necesitamos estar allá lo más pronto posible.

—Los aeropuertos están cerrados debido al mal clima, no permiten que ningún vuelo salga hasta nuevo aviso, se avecina una fuerte tormenta, según pronósticos, por lo tanto, nadie puede sobrevolar.

Se quedó mudo. Maldición... ¿Por qué tenía que pasarle eso a él?

—¿Estás seguro de que la tormenta es lo suficientemente peligrosa como para retrasar el viaje?

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Impacto italiano