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Impacto italiano romance Capítulo 31

Dominic temblaba, sudaba, transpiraba y otra serie de sensaciones, que amenazaban con enloquecerlo, estaba sentado en una de las mesas del restaurante esperando por Alessandra, le había dicho que sí, Dios Santo, cuando leyó su respuesta esa tarde, se encontraba sentado en la cama y tras leer aquel WhatsApp, se lanzó de espaldas sobre el colchón, con los brazos abiertos y con una sonrisa bobalicona en los labios. Había batallado por no escribirle, por no invitarla, sin embargo, sus deseos fueron más fuertes que él y terminó haciéndolo. Y ahí se encontraba, solo, esperándola, deseando el momento en el que por fin ella apareciera.

Su deseos pronto se vieron cumplidos cuando de pronto, sus ojos azul grisáceo, enfocaron a la descomunal y deslumbrante mujer de vestido negro que apareció en aquella elegante puerta de doble hoja, se levantó sin pensarlo y se quedó embrujado, fascinado, cautivado, viéndola sin parpadear, Cristo Misericordioso, verla así, era muchísimo más de lo que podría soportar, ¿cómo iba a resistirse a todo ahora? Era demasiado, DEMASIADO... No podría. Aquel vestido negro corte sirena con finos detalles de encaje ajustado al cuerpo, le quedaba espectacular, los zapatos negros de tacón fino con los que lo combinó, le quedaban sensacional, un refinado peinado que dejaba a un lado su cabello suelto en ondas y al otro, un hombro y parte del cuello al descubierto, solo le provocaron deseos de pasar sus labios por ahí lentamente y su maquillaje, joder, parecía una diosa con aquellos intensos smokey eyes y labios rojos vino. Era el pecado en vivo y a todo color, era su pecado, su más grande tentación y podría ser que también su perdición.

La tuvo frente a él unos segundos después, enmudecido totalmente, no podía quitarle la vista de encima y ella parecía corresponderle, porque tampoco dejaba de mirarlo.

¿Estaba idiota o qué? ¿Por qué no reaccionaba? — Se preguntó.

Él no era así, pero sencillamente, las palabras no le salían y el corazón latiéndole frenéticamente, tampoco le ayudaba mucho y su pulso descontrolado, menos.

—¿Es... demasiado? —escuchó que le preguntó ella, observándose a sí misma.

Entonces reaccionó.

—No, no, es perfecto, está preciosa, Alessandra, demasiado hermosa, diría.

—Gracias—contestó ruborizada.

—Si...siéntese, por favor—le pidió, mientras apartaba la silla para ella—.

Ahora era tartamudo ¡Qué Mierda! Tenía que tranquilizarse.

Pidieron una botella de vino para comenzar, el restaurante estaba lleno, comensales por todos lados conversando y degustando, todos vestidos muy elegantes y refinados, clase y glamour se derrochaba por doquier. La mesa de ellos, en un lugar exclusivo, casi oculta de la mirada de todos, no se animaban a hablar, solo intercambiaban miradas. Decir que él estaba guapísimo era de más, ese esmoquin azulado oscuro que llevaba puesto, le quedaba impresionante, a la medida, resaltando cada músculo de sus brazos, sus piernas y su sexi y redondo trasero. Él sí era un DIOS GRIEGO, la perfección en un solo hombre.

El vino los fue relajando y poco a poco el nerviosismo que invadió a los dos, se fue menguando. El mozo llegó por sus órdenes, dejó unas entradas y ensaladas sobre la mesa, mientras les llevaba el plato fuerte, segundos más tarde y en silencio, se retiró, dejándolos nuevamente solos.

—¿Nos la vamos a pasar toda la noche así, en silencio, mirándonos? —preguntó él, con una pequeña sonrisa asomando en sus tentadores labios masculinos.

—No, claro que no, es solo que, con usted, no sé de qué hablar.

Él sonrió y la miró con ternura... ¿con ternura? Sí, esa era la palabra correcta.

—En ese caso, tendré que ser yo quien haga la primera pregunta y podríamos comenzar, hablando de usted, Alessandra.

—¿De...de mí? — inquirió colorada— ¿Qué quiere saber?

—Lo que usted desee compartirme— ¿Qué estudió? por ejemplo — A qué se dedicaba antes de vivir en Londres, porque tengo entendido, que radicaba en otro lugar antes de trabajar para nosotros.

—Sí, así es, vivía en Canterbury, con mi mamá.

El alzó ambas cejas procesando la información e hizo un gesto para que continuara.

—Estudié Marketing y Publicidad, me gradué hace tres años, al mismo tiempo que cursaba mi último semestre de la profesión, saqué una especialidad en Comercio Electrónico, también hice unos cursos de español, así que manejo perfectamente el idioma, el italiano, por supuesto lo aprendí con mi papá y el inglés, idioma nato.

—Interesante—comentó él, analizando cada gesto de su bello rostro—. ¡Qué sexi debía escucharse hablando español! —pensó—. Continúe —pidió, quería saber más de ella, lo necesitaba.

—Antes de trabajar para ustedes, laboré durante tres años para una empresa de telecomunicaciones ubicada en Canterbury, fue de mucha ayuda para adquirir experiencia.

—¿O sea que estudiaba y trabajaba al mismo tiempo? —interrogó asombrado.

Ella sonrió ante su reacción y él casi muere de un infarto con ese gesto.

—Sí, mamá no quería, decía que era muy cansado, que era demasiado y que me dedicara a mis estudios exclusivamente, pero, a mí me gustaba el trabajo, aparte de que, estaba en una área en la que me servía mucho de práctica para lo que en ese momento estudiaba.

—Pues déjeme decirle que se nota su esfuerzo, me parece usted una excelente profesional y muy eficiente en su trabajo.

—Gracias—dijo apenada.

Él asintió y prefirió encaminar el tema por otro lado, los halagos sin duda alguna la avergonzaban y aunque le encantaba verla así, no quería incomodarla.

—Entonces... ¿sus papás viven en Canterbury?

El semblante de ella se entristeció y a él se le encogió el corazón al verla así.

—Mi papá murió hace muchos años—musitó sin mirarlo.

—Lo siento, no fue mi intención— se disculpó angustiado, sin saber cómo reparar el error, aunque tampoco tenía forma de saberlo.

—No se preocupe, ya hace mucho tiempo de eso— le respondió más tranquila, cosa que lo alivió—. Y con respeto a su pregunta, sí, mi mamá aún vive en Canterbury, en una hacienda que papá nos heredó al morir.

—¿Sola?

—No, con una tía muy querida para nosotros y bueno, también con las personas que nos ayudan con la hacienda, a quienes conocemos desde hace muchos años.

Eso lo sorprendió, le gustaba saber que ella y su familia estaban bien.

—Creo que en un momento me habló de que tenía un hermano, ¿no es así?

Ella se sonrojó al recordar la forma y las circunstancias por las que se lo dijo y él evidentemente, también lo recordó y ni cómo olvidarlo, si había quedado como un reverendo estúpido ese día.

—Si, Giorgio, él trabaja desde hace muchos años para una importante empresa de construcción en Londres.

Al hablar de su hermano, su semblante fue otro, se notaba el amor que le tenía. Eso lo conmovió.

—Veo que usted y su hermano se llevan muy bien.

—Demasiado bien—lo extrañé muchísimo cuando nos separamos, sufrí, los dos nos encargábamos de la administración de la hacienda junto con mamá, pero, cuando terminó la carrera, tuvo una excelente propuesta de trabajo, la misma universidad se encargó de recomendarlo, ya que fue el mejor de su generación y no desaprovechó la oportunidad—. Él y mi amiga Paulina, se encargaron de conseguir el departamento en el que ahora vivo.

—Me parece extraño que no viva con él si se llevan tan bien, ¿es casado?

—Todavía no, pero, definitivamente es un caso especial, así que, preferí darle privacidad—sonrió nerviosa al decirlo y Dominic entendió perfectamente de que hablaba, su hermano era otro como él, un mujeriego—. Además, es excesivamente celoso, con decirle que dudo mucho que algún día me case.

Ambos rieron con naturalidad ante la broma, no obstante, imaginársela casada, no fue algo que a él le agradara mucho ¿Y si se casaba con Vittorio? mejor ni lo pensaba, le daba espasmos por todo el cuerpo.

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