Dominic con rapidez desactivó el alta voz y colgó la llamada, se puso rígido, estaba atónito, pasmado y en completa evidencia, era un asno y maldecía la hora en que le había pedido a Viviane llegar a su oficina, después de eso, Alessandra menos le creería lo que acababa de decirle, ¿por qué siempre las cosas le salían tan mal con ella? Estúpido, estúpido, mil veces estúpido.
—Puedo explicarlo.
Alessandra sonrió amargamente llena de decepción. Por un momento, por unos instantes, había llegado a confiar en él, le había creído y una vez más, todo le confirmaba que Dominic Lombardo, jamás sería sincero.
—No tiene nada que explicarme, señor, lo que haga o no con su vida privada, no es asunto mío—. Y si ya ha terminado de revisar y firmar los contratos, le agradecería que me los facilitara, por favor, tengo mucho trabajo que hacer—dijo con frialdad.
—No, espera, Alessandra, no es lo que piensas.
—¿Qué carajos pasa contigo, Domi? —se escuchó una tercera voz retumbar en el lugar—. El magnate contuvo la respiración y cerró los parpados con frustración, no podía estarle pasando eso, no podía ser posible. —Me llamas, me pides que venga, suspendí lo que hacía solo para venir a verte y luego no quieres recibirme, encima me cuelgas el teléfono, ¿qué te sucede? —Exijo una explicación ahora mismo.
Silencio... un profundo, espeso y tenso silencio inundó la estancia.
La deslumbrante rubia al percatarse de que su flamante amante no estaba solo como pensó, se quedó inmóvil tras cerrar la puerta. Sus ojos viajaron de Alessandra a Dominic, de Dominic a Alessandra y temió haber interrumpido algo importante de trabajo, sin embargo, al notar a ambos descompuestos, supo que ahí lo que menos ocurría, era algo relacionado a eso y lo sabía por experiencia propia.
—Oooh, lo lamento, ¿interrumpí algo? —inquirió la mujer con descaro, mirando con fastidio a Alessandra de pies a cabeza—. Le molestaba que fuera tan bonita y más le enojaba no poder reclamarle a Dominic, ellos no eran nada, solo amantes ocasionales sin compromiso alguno, no obstante, desde que lo conoció, sintió una obsesión seria por el hombre y el hecho de que con ella, había sido la única mujer con la que había compartido más de una noche, le daba la esperanza de que, en un futuro, fuera solo para ella, pero, verlo con otra no le era placentero, incluso, sabiendo que él tenía probablemente muchísimos encuentros con otras mujeres. Era el amante perfecto, en la cama y todos los sentidos, guapo, millonario, ardiente, atractivo, imponente, sexi, poderoso, inteligente, adictivo, todo lo que a ella le gustaba. Y desde luego, anhelaba llegar a ser más que una simple amante ocasional y estaba dispuesta a hacer lo que fuera para lograrlo, aunque desde un inicio, él le había dejado claras las cosas al decirle que no quería nada serio, ni escenas de celos, ni reclamos y se conformaría con eso, de momento.
—No se preocupe, no ha interrumpido nada, señorita —contestó Alessandra con fingida serenidad e indiferencia, sin dejar de verlo a él—. Regresaré por los documentos más tarde— informó de la manera más profesional que pudo, hizo un leve asentimiento de cabeza, giró sobre sus talones y ante la mirada de ellos dos, salió del despacho.
Él se llevó ambas manos a la cabeza con impotencia. ¿Qué haría ahora? ¿Cómo le sacaría esa errónea idea de la cabeza? Estaba claro que con la presencia de la modelo ahí, sería imposible y se maldijo una vez más, por haber sido tan imbécil. Tenía que buscarla y aclararle que ni Viviane, ni ninguna otra mujer, le interesaban más que ella, aunque se llevara toda la vida intentándolo, lo haría.
—Parece que llegué en un mal momento, ¿no es así?
Dominic la fulminó con la mirada y caminó hacia su escritorio. ¿Por qué mierda tuvo que llamarla?
—No es nada de lo que estás pensando, la señorita D'Santi estaba aquí únicamente por trabajo.
Viviane rio con sorna.
—Claro, como si eso fuera cierto— refutó recelosa—¿Se te olvida que ya antes hemos estado en la misma situación? —Situación, que por cierto, acabo de interrumpir— volvió a reír—. La única diferencia ahora, es que cambiaste de mujer y veo que también de posición, porque tu escritorio está intacto— se burló. —Quién lo diría, tan decente que parecía la tipa esa.
Esas palabras lo enervaron, Alessandra no era como ella, ni siquiera había punto de comparación.
—Alessandra no estaba haciendo nada malo—increpó irritado, dando un fuerte golpe sobre el escritorio.
—¿Alessandra? —lo interrogó la rubia alzando una ceja—. Vaya, ya hasta se tutean, sí que han avanzado las cosas entre ustedes.
—Cállate, Viviane, no hables de lo que no sabes—ladró aún más molesto—. No quería que nadie pensara que Alessandra era ese tipo de mujer, mucho menos que mancharan su reputación de esa manera, no podía permitirlo. —Ya te dije que estaba aquí por asuntos de trabajo, cosas que por cierto, no te incumben, así que deja de maquinar absurdas ideas en tu cabeza, además, tampoco tengo que darte explicaciones de lo que hago y mucho menos, tienes derecho a armar tremendo espectáculo como el que acabas de hacer, tú y yo no somos nada, ¿se te olvidó ese insignificante detalle?
—¿Por qué de pronto estás tan molesto? —Tú me llamaste, ¿lo olvidas? —Aparte, ¿por qué defiendes tanto a esa mujer? —Es solo una empleada más.
El magnate suspiró cansado.
—No estoy de ánimos para escucharte, Viviane, mejor vete por donde viniste, tengo muchas cosas que hacer.
—¿Para eso me hiciste venir? ¿Para tratarme de esta manera? —espetó furiosa.
—Lamento haberte hecho perder el tiempo, pero hoy no estoy de humor—se masajeó el puente de la nariz, su cabeza estaba hecha un revuelo—. Será mejor que te vayas, por favor, hablaremos en otro momento —agregó exhausto.
—¿Es por ella? ¿Por esa tipa estás así? —Tu nunca te habías comportado de esta forma, Dominic.
La miró ceñudo. No soportaba que se refiriera a ella como “esa tipa”.
—Cierra la puerta cuando salgas—concluyó rotundamente mientras se sentaba.
Faltó poco para que a la modelo le desprendieran llamaradas de los ojos, no obstante, sabía que era una pérdida de tiempo seguir ahí, no lograría nada, lo conocía perfectamente, lo mejor que podía hacer era irse y así lo hizo, no sin antes dar un portazo que hizo que todos los cristales en la oficina retumbaran por la fuerza del golpe.
Maldito Dominic— pensó encolerizada.
Su rabia se acrecentó más cuando al salir, vio a Alessandra charlando con la secretaria y si las miradas mataran, esa mujer que estuvo probando los labios de su amante, estaría cien metros bajo tierra.
La castaña sintió la intensa mirada sobre ella y se incomodó. Eso se había ganado por ser una debilucha, una ilusa por ceder a los encantos de un hombre sin escrúpulos y no haber podido resistirse a sus sentimientos. Claramente cuando la rubia pasó a su lado, la empujó lo suficientemente brusco, como para que perdiera el equilibrio y si no es porque Clara la sostuvo del brazo, la maraña de papeles que sostenía en la mano, hubiesen caído esparcidos por el suelo.
—La detesto, es tan insoportable, odiosa y altanera—susurró la pelinegra, al ver como había empujado a su compañera.
—No fue nada, quizás no se fijó por dónde iba—musitó Alessandra con los ojos acuosos.
—Ni que estuviera ciega, evidentemente lo hizo a propósito—. Es una víbora, pero, ignórala Ale, no le hagas caso—la reconfortó Clara al ver sus ojos enrojecidos.
Alessandra sonrió con desgano.
—Bueno, solo venía a entregarte estos papeles que le envía Vittorio al señor Lombardo, me dijo que podía dejarlos contigo—. No son para firma ya que están en borrador, solo necesita que revise las cláusulas y le dé el aprobado final.
—Claro, ahora mismo se los entrego y le paso el recado.
—Gracias, eres un sol.
Dominic no podía sentirse en paz, el acontecimiento de la mañana, no lograba sacarlo de su cabeza. Tenía que buscar la forma de hablar con Alessandra, pero, ¿Cómo? ¿Qué le diría? Si ella misma había escuchado cuando Viviane dijo que él la había citado y no se atrevería a negar algo que era más que evidente, además, no le gustaban las mentiras, siempre hablaba con la verdad por muy dura que esta fuera. ¿Cómo decirle que sí, en efecto, la había llamado y que al final se arrepintió y no hizo nada de lo que pretendía por la simple y sencilla razón de que no quería estar con nadie más que no fuera ella? Jamás le creería. Se pasó una mano por el cabello y miró los contratos que Alessandra le llevó y que todavía no había revisado. Se apresuró a leerlos, a firmarlos y cuando los tuvo listos, decidió que él mismo se los entregaría, quería verla y pedirle que hablaran un momento en privado.
Salió de la oficina decidido a pedirle una oportunidad para hablar e ignorando el hecho de que su asistente se puso en pie al verlo salir. Se decepcionó al no ver a Alessandra en su puesto, pero más se decepcionó, cuando segundos después, ella salió muerta de risa con Vittorio de su despacho. Su hermano cargaba su maletín, ella su cartera, iban de salida y por lo que sospechó, se iban juntos.
—¿Se van? —cuestionó con el ceño contraído, era en serio, no soportaba verlos juntos, apenas los vio sonreír y la sangre se le calentó.
—Sí, tengo una cita de última hora con un cliente y Alessandra va conmigo— ¿Necesitabas algo?
Ja, una cita, ¿qué tipo de cita? ¡Y casi finalizando el día! Ya se lo imaginaba, seguramente ellos iban a...maldición…la piel se le erizó de solo pensarlo.
—No, nada, solo venía a dejarte estos contratos— respondió, buscando la mirada de ella, no la encontró.

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