El pitido del elevador, anunciando que alguien llegaba, puso alerta a Alessandra, todavía contenía la pequeña nota entre sus manos, misma que había releído una y otra vez, hasta que perdió la cuenta de cuantas veces lo hizo. Con nerviosismo giró sobre sus talones para ver quien había llegado y sintió que las piernas le temblaron al ver la figura imponente de Dominic salir de este, junto con Vittorio, sus miradas se encontraron de pronto, provocándole un cosquilleo por todo el cuerpo. ¡Madre Santa! Ese hombre tan hermoso y atractivo le envió flores, ese hombre le había pedido UNA OPORTUNIDAD. Todavía seguía creyendo que se encontraba en medio de un sueño.
—Buenos días—saludó Vittorio con su usual sonrisa, tanto a Clara como a ella.
—Buenos días—contestaron ambas al unísono.
Los ojos de Alessandra que por momentos se desviaron a su jefe para responderle el saludo, regresaron nuevamente a la fornida silueta del mayor de los Lombardo, quien caminaba muy elegante y tranquilamente tras su hermano menor. Él seguía mirándola con intensidad e inclusive, se atrevió a guiñarle un ojo, cosa que provocó que a ella se le tornara el rostro de intenso rubor y tuviera que bajar la mirada.
¡Dios santísimo! ¿Cómo había sido capaz de hacerle eso? ¿Quería matarla de un infarto?
—Con que seguimos recibiendo regalos de cumpleaños—comentó Vittorio divertido al llegar hasta ella— Vaya, sí que está precioso—reconoció mientras admiraba el arreglo—. ¿Un admirador o amor secreto? —se animó a preguntarle a su asistente y amiga, al verla ruborizada.
Carraspeó nerviosa.
—No, no lo sé—murmuró, mirando fugazmente a Dominic y notar que este sonreía casi de manera imperceptible.
Maldición.
—Cómo así, ¿no traía remitente en la nota? —indagó el rubio, señalando el pequeño papel que ella sostenía entre sus manos.
—Solo hay una dedicatoria en él, pero no el nombre de la persona que lo envió— se limitó a responder—. Dios, no podía pensar con esos ojos azul grisáceo que tenía encima.
—Entonces, definitivamente es un admirador secreto y por lo que parece, tiene mucho interés en ti, este detalle no es nada barato, te lo garantizo, Alessandra—mencionó Vittorio dándole una palmadita en el hombro al pasar a su lado para dirigirse a su oficina.
No se animó a levantar su vista hacia Dominic, a pesar de saber que seguía ahí, viéndola, nada más pudo escuchar unas indicaciones que le dio a Clara. Era demasiado y si lo veía, probablemente colapsaría, no quería dar ningún espectáculo, ya de por sí lo había dado con el arcoíris que parecía su rostro ser en ese momento.
Rodeó su escritorio para sentarse a trabajar y se quedó unos segundos pensando en la manera de agradecerle, todavía seguía en shock con la sorpresa, sin embargo, no se comportaría descortés, ellos comenzaban a tener algo y debía darle las gracias. Sacó su iPhone, abrió mensajes, buscó su contacto y decidió escribirle. Al principio, no se decidió a enviarlo, incluso, los dedos de las manos le temblaban, no obstante, no se comportaría como una niña inmadura. Escribió un mensaje simple de agradecimiento y al final, se animó a insertar un emoji de un monito cubriéndose el rostro.
—Gracias por las rosas, están preciosas.
Dominic en cuanto escuchó la alerta de mensajes en su móvil, lo sacó del bolsillo y el rostro se le iluminó al ver ese glorioso nombre en la pantalla. Abrió el mensaje de prisa y su sonrisa se ensanchó más al ver el contenido y el emoji del final.
—No hay de que, ¿te gustó? —contestó el magnate...
De inmediato Alessandra lo leyó y respondió.
—Muchísimo, me encantó, es hermoso, gracias de nuevo.
—Me alegra saberlo, aunque como te dije en la nota, no creo que haya nada más hermoso que tú.
Alessandra casi se cae de la silla al leer su respuesta, parecía una completa loca sonriendo. Se abanicó el rostro con las manos al sentir el extraño calor que se alojó en su cuerpo, era un calor de vergüenza y casi podía sentir su rostro arder. Iba a contestarle, pero una llamada de Vittorio al teléfono de planta no le permitió continuar con lo pensado.
—Luego le respondo—pensó, poniéndose en pie para dirigirse al despacho de Vittorio”
Dominic se quedó largos minutos inmóvil, esperando que la pantalla de su móvil se iluminara con el mensaje de vuelta, el tiempo pasó y nada. ¿Lo había dejado en visto? pensó algo ofendido, no obstante, luego recordó lo ocupada que siempre permanecía y se tranquilizó, estaba en horario laboral, era muy probable que tuviera muchas cosas que hacer, al igual que él.
Había estado pensando en ella lo poco que quedó de la noche y las horas de sueño que se suponía debió aprovechar para descansar, se las pasó rememorando los intensos besos que se dieron en aquel cuarto de servicio. Dios del cielo, esa mujer era su perdición, era consciente de que era una locura lo que estaba haciendo y sintiendo, sin embargo, sería capaz de lo que fuera por tenerla a su lado. No supo, cómo, cuándo, ni en qué momento llegó a interesarle de esa manera, pero en ese momento, tenía la seguridad de que le importaba más que nada y nadie.
El teléfono que lo comunicaba con su asistente sonó y mientras tecleaba algo en su ordenador, activó el alta voz.
—¿Diga?
—Señor Lombardo, la señorita D'Santi le trae unos documentos que le envía el señor Vittorio.
Sonrió... Oh si... Dios estaba de su lado ese día, él muriéndose por verla y que se la envía a su oficina... ¿podía ser más afortunado?
—Dígale que pase—ordenó.
Alessandra con los nervios a flor de piel, dio tres toques en la puerta y solo ingresó hasta escuchar que él le autorizara. Si por ella hubiese sido, hubiera preferido que Vittorio no la enviara a la oficina del magnate y retrasar más cualquier tipo de encuentro con él, se sentía tan inquieta y ansiosa, que estaba segura notaría su estado. Necesitaba calmarse, no quería hacer el ridículo.
Cerró la puerta tras ella y alzó la vista para mirarlo, se arrepintió de hacerlo al instante, porque verlo con los codos apoyados sobre el escritorio, con sus manos entrelazadas frente a su boca y sus ojos penetrantes observándola fijamente, casi le provoca un infarto. Era tan jodidamente bello, no se cansaba de repetírselo a sí misma y ese traje gris oscuro que llevaba puesto, le quedaba de maravilla, que hasta se le secaba la boca.
¿Podía existir un hombre más hermoso que él? La respuesta era, NO.
Se aclaró la garganta. Estaba ahí por trabajo, así que debía portarse como una profesional, no como una chica boba de preparatoria.
—V-Vittorio necesita que selle estos contratos, ya están firmados, pero dos de ellos aún necesitan del sello, parece que ambos lo pasamos por alto la última vez que los traje— musitó con voz nerviosa y Dominic quiso sonreír.
—Es probable, últimamente traigo la cabeza en asuntos más agradables— contestó él, con esa voz ronca y seductora que la ponía a temblar—. Acérquese— le indicó, al ver que se había quedado en medio de la oficina.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Impacto italiano