Entrar Via

Impacto italiano romance Capítulo 40

—Y bien, ¿me dirás por qué es que estás de tan buen humor? —curioseó Bruno, mientras tomaban asiento en los sillones de la oficina de Dominic—. Recién llegaban de almorzar, habían quedado de verse ese día y de paso, cerrar una alianza de un interesante negocio que ambos empresarios y amigos, llevarían a cabo.

—Amanecí de un buen humor, es todo— respondió este recostándose cómodamente en el sillón más grande.

Bruno lo miró atentamente y enarcó una ceja inquisidor. Su amigo lucía tan raro, demasiado, nunca lo había visto tan relajado. Y hasta podía jurar, que esa era la primera vez que se recostaba en ese sillón.

—Algo me estás ocultando, tú no eres así, siempre traes cara de capullo.

Dominic rio a carcajadas y Bruno se extrañó todavía más. ¿Qué le sucedía? No era que no le gustara verlo así, todo lo contrario, era bueno verlo tan tranquilo y más humano, pero, esa felicidad que traía su mejor amigo, era provocada por algo o por alguien y él se moría por saberlo.

—¿No piensas decirme qué te pasa? —le reclamó el castaño molesto, al ver que solo sonreía y no decía nada—. Eran amigos, ¿por qué rayos no le hablaba con la verdad?

—No es asunto tuyo, no seas metiche, además, ya te dije que no me pasa nada—¿Te das cuenta de que te estás comportando como una mujercita?

Bruno resopló.

—Bien, si no me lo dices tú, lo averiguaré por mis propios medios.

—Chismoso, eres peor que una fémina.

—Ya que mi mejor amigo no se digna a decirme nada.

Lombardo sonrió, cerró los ojos y pensó en ella, le encantaba, era tan feliz de saber que estaban juntos, se sentía... como si fuera otra persona.

—Me voy—anunció el empresario poniéndose en pie.

—¿Tan pronto? — pensé que te quedarías un rato más—dijo Dominic poniéndose también en pie.

—Mi asistente acaba de enviarme un recordatorio para una reunión que tengo en menos de una hora y lo había olvidado por completo.

—Entiendo, te acompaño.

—¿Qué? ¿A dónde? ¿A la empresa?

—Obvio no idiota, a la puerta.

Bruno entrecerró los ojos.

—¿Quién demonios eres? —Tú no eres Dominic.

—Ya, camina—lo empujó entre risas.

Salieron de la oficina bromeando entre ellos, Dominic buscó con la mirada a la dueña de sus pensamientos y esta se iluminó al verla en su puesto, sentada, leyendo unos papeles que sostenía entre las manos. Ese vestido rojo que usaba ese día le quedaban tan espectacularmente bien, que se le iban los ojos al contemplarla. Ufff

—Deja de verla, ¿qué tanto le ves? — La vas a gastar hombre—se burló Bruno al verlo embelesado—. Ahora comprendía el porqué estaba así todo idiota, ya decía él que una mujer tenía que ser la causa, no por nada se puso como loco aquella noche cuando creyó que Vittorio estaba engañando a Alessandra con su mejor amiga.

—Nada, no estoy viendo nada—negó distraído, mientras se sentaba sobre él borde del escritorio de su secretaria y observaba a esa preciosura que últimamente lo traía con la cabeza perdida.

Su asistente no estaba, la había enviado al departamento de Finanzas.

—Alessandra, es por ella que estás así, ¿no? — Es más, no hace falta ni que me lo digas, me basta con verte la cara de tonto que tienes justo ahora, para darme cuenta.

—¿Qué has dicho? — inquirió Dominic volviéndose a él.

—Nada, aquí hablando solo—. Hola Ale —saludó Bruno en voz alta, para llamar la atención de la castaña, quien realmente estaba enfrascada en lo que leía y quien todo ese tiempo, fue ajena a la presencia de ambos.

Alessandra giró el rostro en su dirección y su corazón se detuvo al ver como Dominic se mordía el labio inferior mientras la veía tan intensamente.

¡Santo Dios! Si él seguía mirándola de esa manera, su corazón no resistiría tanto.

—Hola Bruno—respondió lo más tranquila que pudo, pero un leve nerviosismo en su voz la delató y terminó de confirmar las sospechas de cierto caballero.

Su amigo y Alessandra... tenían algo.

—¿Ocupada?

—Nada más un poco.

—Mmmm, ¡Qué bonitas rosas! —mencionó Bruno acercándose, para apreciar mejor el arreglo—. ¿Algún pretendiente? —preguntó viendo disimuladamente el nombre de la floristería de donde fueron enviadas—. El detalle eran tan hermoso y ostentoso, que llamó su atención, de lejos se notaba lo costoso que era, no cualquiera compraría uno así, a menos que fuese alguien con mucho... mucho dinero. Touché, la Exclusiva Floristería era exactamente la misma en donde Dominic y Vittorio solían hacer sus encargos, ahora sí, no tenía duda alguna de que entre esos dos, existía algo. Se alegraba de saberlo, su amigo era otro y le gustaba el cambio, solo esperaba que no se portara mal con Alessandra, era una buena chica, no merecía pasarla mal.

—S-Sí, algo así—musitó Alessandra, viendo de manera fugaz al magnate, cosa que no pasó desapercibida para Bruno—. Ja... es que en su otra vida, estaba seguro de que fue un detective encubierto, nada se le escapaba.

—Ese pretendiente debe estar muy enamorado, mira que enviarte ese arreglo tan bonito—expresó este viendo divertido a su amigo.

—¿Enamorado? ¿Estaría él enamorado de ella? ¿O sólo era una atracción? —pensó Alessandra fugazmente.

Dominic lo fulminó con la mirada ¿Era tan obvio que su amigo ya lo había descubierto? Demonios, a ese D'Conti no se le pasaba nada por alto.

—¿No te ibas ya a una reunión, Bruno?

—Sí, ya me iba, Dom, solo quería saludar— comentó victorioso—. Nos vemos pronto Ale, cuídate.

—Nos vemos, Bruno, cuídate también.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Impacto italiano