Dos meses después.
— Hola princesa, buenos días, ¿qué tal dormiste? (Dominic al teléfono)
—Muy bien, ¿y tú? ¿Llegaste bien anoche? — me quedé preocupada esperando tu llamada—contestó Alessandra con voz serena.
—Lo siento, llegué muy tarde, después de medianoche—. Me quedé dormido en el jet y no me di cuenta de que el móvil traía la pila baja y al venir a casa, lo conecté al cargador para escribirte al menos un mensaje, pero, pasaron segundos para que me quedara nuevamente dormido.
—Entiendo, debes estar muy cansado, deberías seguir durmiendo, todavía es temprano, no pasan de las nueve.
—Las ganas que tengo de verte y escuchar tu voz, son más importantes que cualquier cosa.
—Yo también quiero verte, me hiciste mucha falta toda la semana—admitió ella con confianza.
Él sonrió.
—Ya somos dos, no te imaginas la falta que me hiciste, estoy que me muero por tenerte frente a mí, abrazarte y besarte—. Fue la semana más larga de toda mi vida.
Alessandra sonrió y se ruborizó a la vez. Él todavía seguía teniendo ese efecto en ella, a pesar de llevar dos maravillosos meses de relación, siempre se ponía nerviosa en su presencia y con sus palabras, aunque ya lo disimulaba mejor.
—Bueno, dentro de pocas horas nos veremos—musitó animada.
—Estoy contando los minutos para verte—susurró él con esa voz tan sensual y ronca que lo caracterizaba.
—Por lo pronto, señor Lombardo, le sugiero que vaya a descansar, no es bueno que duerma tan pocas horas, después de una larga semana de negocios.
—¿Me está corriendo, señorita D'Santi? ¿Cómo se atreve?
Ella se carcajeó.
—No quisiera que en nuestra cita de hoy, terminara durmiéndose, señor.
Ahora fue él quien rio.
—Con usted se me quita el sueño, señorita y créame, que cuando la tengo cerca, lo que menos me da, son ganas de dormir, de hecho, pienso en cosas muchísimo más interesantes.
Volvió a ponerse colorada. ¡Ay, Dios!
—Aun así, no quisiera arriesgarme—soltó un poco nerviosa.
—En efecto, tiene toda razón, tampoco yo, así que le seguiré el consejo, dormiré unas cuantas horas más, para estar bien despierto para nuestro encuentro.
Y no supo por qué, pero Alessandra se sintió nerviosa tras escuchar esas palabras.
—¿Nos vemos a las 17?
—A las 17 pasó por usted, mi querida y hermosa señorita D'Santi.
—Estaré esperando ansiosa.
—No tanto como yo—. Hasta luego, princesa.
Sonrió emocionada una vez que cortó la llamada y suspiró feliz al saber que en poco tiempo lo vería de nuevo, llevaban una semana entera sin verse, él era un hombre de grandes responsabilidades y precisamente esas responsabilidades, los mantuvo separados esos días.
Con una sonrisa en los labios, continuó con sus quehaceres de ese sábado, la música nuevamente sonó en la estancia y cantando siguió con sus afanes, pensando cada segundo que transcurría, en lo feliz que había sido su vida esos dos meses de relación con Dominic Lombardo. Jamás imaginó que se podía llegar a sentir tan plena y tranquila, él se había encargado de demostrarle lo mucho que había cambiado, la respetaba, era atento, cariñoso, detallista y amoroso. En la oficina casi siempre encontraba un detalle en su escritorio, una rosa, un chocolate, una nota, un regalo, cosas pequeñas que pasaban desapercibidas para los demás, pero que eran importantes y grandes para ella. Hasta ese día, nadie parecía sospechar de lo suyo, solamente Paulina, su mejor amiga, era a la única a quien se lo había confesado y estaba pensando seriamente en decírselo a Vittorio, si es que el rubio de ojos azul-celeste, todavía no lo sabía, aunque antes, lo consultaría con Dominic.
Los fines de semana, la llevaba a algún lugar bonito a cenar, a pasear por la tarde, a caminar. Otro fin de semana, la llevó a su casa, habían pasado la tarde ahí y cenaron un exquisito platillo preparado por él, fue irreal verlo en esa faceta suya que ella desconocía.
¡Quién lo diría, era todo un experto en artes culinarias!
Salvo los intensos besos que se daban y unos cuantos toques subidos de tono que sucedieron una que otra vez, entre ellos no había pasado nada más, si bien en varias ocasiones lo notaba descompuesto, él la respetaba y se controlaba, sin embargo, últimamente se preguntaba si deberían seguir como estaban o sería mejor si pasaban a otro nivel. No podía negarlo, se sentía atraída a él, como abeja a la miel, a sus toques, a sus caricias, a sus besos, despertaba la necesidad en ella de desear algo más, de experimentar cosas nuevas, pero, también le daba temor lo desconocido.
Cuando terminó con sus responsabilidades domésticas de ese día, decidió que era momento de dedicarse tiempo para ella. La noche anterior, por suerte, había aprovechado para hacerse la manicura y pedicura en un salón muy cerca del departamento, le pintaron las uñas de las manos y pies en rojo y le habían quedado estupendas. Luego de ducharse por una larga hora, hurgó en su closet algo para usar ese día, escogió un conjunto muy casual, perfecto para usar en primavera, consistía en un crop top y un palazzo rojo con rayas verticales en azul y blanco, lo combinaría con unas sandalias medio altas de tacón grueso blancas y una pequeña cartera manos libres del mismo tono. Cuando estuvo decidida con el atuendo escogido, se puso la ropa interior de encaje del mismo tono que la vestimenta, se dirigió al tocador a plancharse el cabello dejándolo totalmente lacio cayendo sobre su espalda, se maquilló bastante natural, pero profundizó con un labial mate de intenso rojo para dar un toque más sofisticado. Cuando acabó con su rostro, procedió entonces a terminar de vestirse, calzarse las sandalias, colocar unos cuantos accesorios, su reloj, una pulsera, un anillo, una fina cadena a juego con sus aretes y por último, se perfumó.
Recibió un mensaje de Dominic que ya la esperaba abajo, eran las 17 en punto, vaya que era puntual, se dio un último vistazo en el espejo contenta con el resultado, tomó su cartera, las llaves y con los nervios a flor de piel, bajó hasta el vestíbulo.
El atardecer estaba en todo su esplendor, así que los rayos del sol la golpearon con fuerza al salir del edificio, se reprochó por no traer unas gafas con ella. Su molestia fue lanzada a un lugar de olvido, cuando sus ojos por fin lo divisaron, la ansiedad la embargó, así como los nervios, estaba mirándola, no había duda, recostado en la camioneta, de brazos cruzados, con lentes de sol, pantalones de vestir oscuros y una camiseta de cuello polo mangas cortas negra ajustada a sus pectorales y sus musculosos brazos, una faja del mismo tono, en fin, lucía tan imponente, tan poderoso, tan atractivo y fuera de ese mundo y esa barba castaña tan perfectamente rasurada y perfilada, ufff, ¡Qué hermoso era!
Lo vio avanzar hasta ella y las manos le comenzaron a sudar a medida que se acercaban, segundos después, estaban frente a frente, los dos con una sonrisa tonta en el rostro.
—Hola—saludó aturdida una vez más por su presencia—. Creía haber superado esa faceta suya, sin embargo, todavía tenía que trabajar en ello.
—Hola—contestó él de vuelta, notando su estado de nerviosismo—. Sin pensarlo dos veces, terminó de acortar la distancia entre ellos, la tomó de la cintura y la alzó un poco para dar un pequeño giro con ella. Así pegada a su cuerpo la depositó en el suelo y unió sus labios con los suyos, la besó despacio, tierna y profundamente, sin importarle el lugar en donde estaban, si eran vistos o no, nada le importaba, solamente ella, solo quería saciar esa hambre de probar su boca, de sentirla entre sus brazos, porque solo Dios sabía la falta que esa pequeña mujer, le había hecho toda esa semana en que no la vio.—. Mi amor— susurró sin romper el beso. Suspiró, ese era su lugar favorito en el mundo, estar a su lado.
—Te extrañé tanto— logró decir Alessandra más atolondrada que al principio, esos besos la desencajaban.
—¿Sí? ¿Mucho? —indagó él besando su frente, sus mejillas y su nariz.
Ella sonrió.
—Muchísimo—confirmó sincera—. Te ves bien con labial rojo—le dijo burlándose de su masculina boca, teñida levemente de carmesí y eso que según ella, el labial era de los que no se transferían.
Él rio divertido y volvió a besarla. Cuando por fin lograron separarse, Alessandra con sus manos lo limpió delicadamente.
—¿Nos vamos? — preguntó tomándola de ambas manos.
—Cuando quieras.
—Estás preciosa—la halagó mientras la veía de pies a cabeza—. Que hermosa eres, no me cansaré de decírtelo.
—Gracias—respondió ruborizada—. Tú te ves muy guapo, como siempre.
—Pues gracias, ¿hacemos linda pareja, no? — Los dos somos hermosos—le guiñó un ojo.
—Vanidoso.
—Para qué negarlo si es verdad.
Así riéndose, caminaron hasta la camioneta. Todo el recorrido a la mansión de Dominic fueron tomados de las manos, hablando de lo que hicieron esos días sin verse y que por teléfono, no pudieron contarse. Aproximadamente media hora más tarde, llegaron a su destino.
—Le dije a Giulia que preparara una cena exquisita para nosotros hoy—comentó él, mientras abría la puerta del coche y ofrecía su mano para ayudarla a bajar.
—Y yo que pensé que mi guapísimo novio y chef personal, estaría a cargo de la comida esta noche—bromeó ella.
—Lamento desilusionarla, milady, pero este hermoso y sexi chef, se durmió todo el día y con suerte, despertó a tiempo para llegar por usted a recogerla.
—Comprendo, supongo entonces que tendré que dejarlo pasar por esta vez, pero, espero no se vuelva a repetir.
Él se carcajeó.
—Me encanta verte tan relajada y confiada cuando estás conmigo, me gusta que estemos así.
—A mí también me gusta sentirme así y más cuando es contigo, aunque, no deberías darme tanta confianza, después puedes arrepentirte.
—Lo dudo mucho, ansío el día en que puedas confiar plenamente en mí—le besó la frente.
—Ya lo hago.
Él la miró a los ojos con intensidad y suspiró.
—Creo que todavía falta un poco, aún no confías totalmente en mí, pero, seré paciente.
Y ella comprendió a lo que se refería.

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