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Impacto italiano romance Capítulo 43

Luego de consumar su primera noche juntos, Alessandra no tardó ni cinco segundos en quedarse profundamente dormida, los párpados de repente pesaron y se dejó caer en brazos de Morfeo, sumergiéndose en la total oscuridad e ignorando todo a su alrededor, el dolor de la pérdida de su virtud la había dejado exhausta, desgastada y sin energías para nada más.

Dominic se quedó contemplándola como si fuera una rareza, a pesar de que ya su cuerpo estaba en completa calma, su corazón batía desbocado al ser consciente de que fue el primer hombre en la vida de esa hermosa mujer que yacía dormida a su lado. Él sentimiento que tenía hacía ella, sintió hacerse más grande esa noche y no precisamente porque haya sido virgen, sino, por la manera en que se entregó a él, sin tapujos, confió en darle algo muy preciado de su vida y no pensaba defraudarla, mucho menos causar que se arrepintiera.

Pasaron los minutos y él todavía no salía de su trance, de su zozobra, tenía el pecho oprimido y aunque se sentía agradecido por haber tenido el privilegio de ser el primero, no podía evitar sentirse también culpable y mal por haberla tratado como lo hizo en el pasado. Siempre iba a reprocharse por eso. Acarició su mejilla con ternura, rozó sus labios contra los de ella y sonrió. Era perfecta, era divina y era lo más importante de su vida, la cuidaría como a un tesoro, porque eso era, su tesoro. Sí, él quería ser lo suficientemente bueno para hacerla feliz y verla sonreír todos los días.

Se levantó de la cama, la cubrió con el edredón, no sin antes percatarse de la mancha de sangre sobre la sábana blanca, otra prueba más de su pureza perdida. Suspiró, la besó en la frente, se colocó su bóxer, sus pantalones y se dirigió a su estudio, al contrario que ella, él no tenía nada de sueño, Dios del cielo, no podía dormir después de hacer suya a esa mujer, aprovecharía su desvelo para enviar unos correos y hacer una llamada que tenía pendiente a Hong Kong con los hermanos Forsythe.

Una vez en el despacho, se sentó frente a su Mac, volvió a suspirar, esa había sido la mejor noche de toda su existencia, ni siquiera podía concentrarse en lo que se suponía debía hacer, las imágenes de Alessandra bajo su cuerpo no lo dejaban en paz, lo que sintió al estar en su interior fue... sublime, que solo lo pensaba y ya tenía nuevamente deseos de hacerle el amor. A ese ritmo, terminaría siendo un adicto sin control a ella. Era mejor dejar de pensar en eso y enfrascarse en lo que verdaderamente lo llevó a su estudio, luego volvería a dormir al lado de su princesa.

Alrededor de unas dos horas después, Alessandra despertó desorientada y confundida, por un instante no supo donde se encontraba, pero, poco a poco su mente fue esclareciendo los acontecimientos de esa noche, hasta que cayó en cuenta de lo que hizo. Había hecho el amor con Dominic...se entregó a él. Se sentó sobre la cama y miró alrededor, él no estaba, se alarmó, por minutos el miedo la invadió creyendo lo peor, sin embargo, lo consideró mejor, él había demostrado que la quería a bien, no sería capaz de jugar con ella solo para lograr tenerla en su cama. Se deshizo de los malos pensamientos en su cabeza, se levantó, se colocó sus bragas de encaje, miró la camiseta negra de él en el suelo y no dudó en ponérsela, no tenía nada más que usar y ponerse la misma ropa que había usado, no era buena idea, aparte de que dormiría incómoda. Se sentó en una orilla del colchón pensando en lo que debería hacer, contrajo el rostro cuando sintió una especie de dolor e incomodidad en la entrepierna.

—Consecuencias de su reciente virginidad perdida—pensó.

Era la una de la madrugada y él no aparecía, ¿la habría dejado sola para irse a dormir a su habitación? Otra vez esa sensación de desconcierto y desilusión la embargó. ¿Por qué pensaba de esa manera tan negativa? ¿Y si estaba en su estudio? Podría quizás... ir a buscarlo, sí, eso haría. Ya que si no estaba ahí, no tendría de otra que regresar a la habitación y esperar a que amaneciera. Deseaba con toda el alma que lo que había pasado entre ellos, no cambiara las cosas. Le era imposible dejar de sentir miedo.

Con todo el valor que recogió, se acomodó un poco el cabello, salió de la recámara y se dirigió al estudio esperando encontrarlo ahí, caminó de puntillas sobre el pulcro y brillante suelo marmoleado para evitar hacer el mínimo ruido, no quería atravesar la bochornosa situación de tener que encontrarse a alguien del personal y que la vieran en esas condiciones tan... deplorables. Aunque a esa hora, era improbable que alguno de ellos estuviera despierto.

Al llegar a su destino, notó la puerta entreabierta, suspiró con alivio, él estaba ahí. Asomó un poco la cabeza por el limitado espacio y entonces lo miró, bastante concentrado tecleando algo en su laptop. Tenía el torso descubierto, desprendía sensualidad y masculinidad por cada poro de su piel, solo con ver sus brazos fuertes y sus impresionantes pectorales, algo le quemó en el vientre bajo...

¿Qué le había hecho para que reaccionara así con solo verlo?

—Te hizo el amor como nunca pensaste que alguien lo haría—le dijo su conciencia—. Se puso colorada y acalorada.

Dominic alzó la vista al sentir la extraña sensación de ser observado, sus ojos se toparon con los de ella y no pudo evitar reír al verla ruborizada y espiarlo como una niña chiquita, el corazón le dio un vuelco producto de la felicidad que experimentó y esa paz que sentía cada vez que estaba en su compañía, se estableció en su pecho.

Enarcó una ceja chistoso por su actitud infantil y la invitó a pasar.

—Entra y cierra la puerta—le dijo él con voz suave mientras se ponía en pie.

Cuando Alessandra estuvo dentro, los ojos grises de Dominic se oscurecieron al verla solo usando su camiseta que le llegaba un poco por debajo de los glúteos, un escalofrío le recorrió por la espina dorsal, enviando innumerables correntadas de adrenalina por todo su cuerpo. Joder... su entrepierna había comenzado a reaccionar ante esa sensual imagen y esas esculturales piernas.

—¿Estás ocupado? —quiso saber avergonzada por esa penetrante y oscura mirada—. Se quedó en pie del otro lado del escritorio.

—Recién acabo de cortar una llamada con los Forsythe y ahora estaba enviando un e-mail, nada importante, ven— la invitó a acercarse a su lado.

Ella avanzó hasta llegar junto él y no supo cómo reaccionar, le era difícil controlar sus emociones a pesar de que ya habían dado un paso muy grande en su relación.

—¿Estás bien? —preguntó Dominic, al sentirla más tímida que otras veces.

—Muy bien—contestó segura y con sus ojos iluminados.

Él sonrió ampliamente. Tomó su rostro entre sus manos y la besó delicado. Nunca imaginó que podía llegar a amar así, el cielo estaba al alcance de esos suaves labios, que en ese momento estaban bajos los suyos.

—Me alegra saber que te sientes bien—susurró viéndola a los ojos—. Ahora dime, ¿qué hace una bella princesa despierta a esta hora? —le pinchó cariñoso la nariz con un dedo.

—Desperté y tú...no estabas conmigo—. Yo...

—¿Te asustaste? —inquirió con ternura y no necesitó que le contestara, porque sus ojos verdes eran tan transparentes, que leyó la respuesta en ellos—. No tienes porqué, mi amor— le besó ambos ojos— ¿No sabes que yo no puedo vivir sin ti? —ahora besó su frente. —Nunca más sientas miedo, ok, ¿me lo prometes?

Alessandra asintió feliz.

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