Entrar Via

Impacto italiano romance Capítulo 45

Alessandra fue abriendo los ojos muy débilmente para adaptarse a la luz esa soleada y brillante mañana de domingo, se sonrojó al ser consciente, de que estaba siendo objeto de estudio de unos flamantes ojos azul grisáceo, sonrió de manera tímida ante la muestra de ternura de Dominic, al depositarle un beso suave en la nariz que le provocó cosquillas, para luego bajar a sus labios y dejar otro casto beso ahí.

—Buenos días, dormilona—le susurró, con la voz más ronca de lo habitual.

—Buenos días—murmuró apenada—. Era la primera vez que despertaba al lado de un hombre, algo totalmente nuevo para ella y que definitivamente, le gustaba—. ¿Despertaste hace mucho? — quiso saber.

—No tanto, aunque si lo suficiente para contemplar lo hermosa que te ves dormida.

—No es cierto, seguro estoy despeinada y fea—se cubrió el rostro con ambas manos.

Él se carcajeó.

—Claro que no, te ves preciosa... y sexi—agregó, susurrándole en el oído.

Ella sintió que un calor intenso la abrazó y de un salto, se levantó de la cama, tomó su cartera y corrió al baño.

Dominic volvió a carcajearse al ver como había huido prácticamente de él. Amaba esas reacciones tan inocentes, tiernas y auténticas. Se acomodó boca arriba en la amplia cama, mientras esperaba que saliera del baño y descansó sus manos sobre su duro y plano abdomen, la sonrisa no se iba de sus labios, así como tampoco la felicidad que experimentaba en su corazón. Que bien le estaba haciendo Alessandra D'Santi a su vida, lo mejor que pudo pasarle.

La castaña contempló su imagen frente al espejo del tocador y en su reflejo, vio a otra mujer, una nueva, más madura, radiante, distinta. Sus ojos brillaban como nunca antes y sus mejillas estaban teñidas de rubor producto del calor que aún recorría su organismo con esas simples palabras que él había pronunciado en su oído. Se cepilló los dientes, se enjuagó el rostro, se peinó el cabello con los dedos, aplicó brillo hidratante en los labios y regresó a la habitación.

Al salir, notó que las cortinas estaban corridas, la claridad se filtraba muy poco en la estancia, cosa que agradeció, no le gustaba la incidencia de mucha luz cuando permanecía en una habitación, sobre todo los domingos, que por lo general se quedaba todo el día a mirar tele en su cuarto.

—¿Ya desocupaste el baño? —preguntó su imponente novio, observándola fijamente desde una esquina.

Sintió que sus nervios se dispararon.

—Sí…ya… puedes pasar—confirmó ansiosa, pasando saliva con dificultad por la garganta, que a esas alturas, ya tenía seca.

Él sonrió y le guiñó el ojo muy seductor, cruzó por su lado para adentrarse al baño y lo suficientemente cerca para alterarla. ¡Dios Santo!.

Alessandra aprovechó ese momento para acomodar un poco la cama y meterse nuevamente entre la comodidad del edredón. Aún era muy temprano, no pasaban de las 8. Dominic salió del baño varios minutos después con una sola idea en mente, hacerle el amor, en su cama, esa fantasía estaba enloqueciéndolo y no desaprovecharía la oportunidad, menos, sabiendo que ella deseaba lo mismo, bastaba ver las reacciones de su cuerpo ante sus toques, ante sus caricias, sus palabras, su cercanía, bastaba ver sus ojos para descubrir la pasión y amor que se reflejaba en ellos. Exactamente lo mismo que le sucedía a él. Se metió entre las sábanas junto a ella que lo miraba expectante e inquieta, la abrazó, le rozó los labios y la besó lento, ahora mezclándose sus alientos frescos y con sabor mentolado.

—Mmmm, mi amor, que labios más exquisitos—dijo él saboreándolos con su lengua—. Me declaro totalmente adicto a ellos, adicto a ti—la mordió sutilmente.

—Y yo a ti—sonrió encantada.

—¿Sí?

—Sí—afirmó perdida por sus besos—. Quizás la consideraría una enferma, pero, por todos los santos, lo necesitaba, quería ser suya de nuevo, lo anhelaba con todo su ser, así que cuando Dominic estuvo sobre ella, no rechistó, al contrario, se entregó a sus caricias sin más. La pijama que llevaba puesta, pronto desapareció y quedó solo en bragas ante su mirada hambrienta. La calidez de su lengua lamiendo cada uno de sus pezones, la obligó a arquearse y los besos húmedos que comenzó a repartir por su plano vientre también. La ropa que les impedía tocarse piel con piel repentinamente desapareció, dejando ambos cuerpos desnudos, pegados, sudorosos y ardiendo en llamas.

—Mmmm…Do...Dominic—gimió, cuando aquella boca y lengua saborearon con maestría su mojado monte de venus, haciendo estragos en ella y dejándola temblorosa con ganas de más, mucho más.

El magnate no pudo seguir reprimiendo sus ganas por más tiempo y en un rápido pero delicado movimiento, las pantorrillas de Alessandra quedaron sobre sus hombros, guio su palpitante falo a su apretada y angosta entrada y se deslizó exquisitamente en su interior jadeando en cuanto su dura virilidad estuvo por completo dentro. Comenzó a mecerse lentamente, de una manera tan enloquecedora y satisfactoria, que los dos no pudieron dejar de gemir, de besarse, de anhelarse, de...tocarse.

—Dios...te Amo— expresó él con mucho sentimiento, sin dejar de moverse y besarla—. ¿Existía algo mejor en el mundo que hacer el amor con esa mujer que tenía entre sus brazos? —Definitivamente, NO. No había nada mejor que eso.

—Yo también… te amo, muchísimo—jadeó ella, con la voz claramente afectada por el momento—. Aaaah—se mordió los labios.

Sin salir de su interior y cargándola en sus brazos, Dominic se sentó sobre el colchón, quedando Alessandra a horcajadas sobre él, la invitó a tomar la iniciativa de los movimientos y así fue, ella se afianzó de sus hombros, comenzando un vaivén suave que lo estaba torturando, matando si así se podía describir. La apretó de los glúteos con fuerza para ahondarse más en su cavidad, para que recibiera todo de él y la intensidad aumentó a medida que ambos estaban por estallar en un placentero, exquisito y potente orgasmo que los dejaría exhaustos por unas cuantas horas.

*******

—Dominic— lo llamó Alessandra avergonzada por lo tenía que pedirle—. Estaban terminando de desayunar en la comodidad de la habitación, que ahora estaba debidamente iluminada por la luz del día.

—Dime—la miró él limpiando los restos de comida de sus labios con una servilleta—. Lucía tan sexi, tenía el cabello húmedo y revuelto, sin camiseta, solo usando unos pantalones grises de chandal—. Los dos se habían dado un baño por separado y luego él había pedido que les subieran el desayuno, aunque a esas alturas ya era prácticamente el almuerzo, porque casi daba el mediodía.

—Me preguntaba si... podríamos ir a una farmacia, necesito…algo—se limitó a decir incómoda—. Era consciente de que estuvieron teniendo relaciones íntimas sin ninguna protección y no quería salir con una sorpresa después y alejarlo, no era el momento, su relación no llevaba el tiempo suficiente como para meterse a una responsabilidad como esa y tampoco sabía si él quería hijos, aparte, era muy pronto para hablar de ello. Debían ir despacio.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Impacto italiano