Al escuchar esas sencillas palabras cargadas de rencilla, la primera reacción del magnate, fue sostener más fuerte la mano de Alessandra, hacerse a un lado, ignorar e intentar alejarse, no obstante, el alto hombre de piel bronceada, volvió a cortarles el paso con una sonrisa socarrona y al percibir la tensión y las fulminantes miradas entre ambos, la castaña se horrorizó todavía más.
—No me digas que vas a ignorarme—dijo el pelinegro de ojos verdosos, fingiendo indignación y viendo con sumo interés, la mano de Dominic que sostenía con fuerza la de la hermosa mujer a su lado.
Interesante, muy interesante—pensó
—Aléjate de mí vista, Niccolo— siseó Dominic entre dientes, claramente molesto, su rostro se había tornado de rojo.
El hombre chasqueó la lengua.
—Que modales, amigo mío, ni parece que te hubieras graduado de una de las universidades de mayor prestigio en el mundo—se burló—¿No me vas a presentar a tu amiga? —El silencio que le siguió a eso fue denso y casi se podía cortar el aire con cuchillos. —Muy bien, ya que tú no lo harás, tendré que hacerlo yo—. Mi nombre es Niccolo, Niccolo Parisi, somos viejos conocidos con Dominic, estudiamos juntos en la universidad—comentó el elegante hombre, extendiendo una mano hacia Alessandra.
Alessandra pasó saliva nerviosa, era evidente lo mucho que a Dominic le desagradaba la persona frente a ellos, sin embargo, si no lo saludaba, sería muy descortés de su parte, así que por educación, le devolvió furtivamente el saludo.
—Alessandra D'Santi—respondió en tono neutral, retirando rápidamente su mano.
La mirada del pelinegro brilló con lujuria y Lombardo pudo reconocer ese brillo en sus ojos verdes. Su mujer había atraído la atención de su peor y más viejo rival y eso no le gustaba nada.
—Un placer conocerte, lindura—. Debo suponer que eres una más de las múltiples conquistas de Dominic, ¿no es así? —Es una pena que una mujer tan preciosa como tú, no aspire a algo más alto— murmuró el recién conocido, con la obvia intensión de provocar una mala reacción en su archienemigo. Sabía que esa mujer que llevaba al lado no era una más, no por nada tenían sus manos entrelazadas. ¿Sería que por fin el más libertino de Gran Bretaña se había enamorado? Eso sí que era una buena noticia y una oportunidad única para él, que no podía desaprovechar.
Alessandra se ruborizó de la vergüenza y al notarla descompuesta, Dominic que estaba sin palabras por el repentino ataque, reaccionó con cólera.
—¿Cómo te atreves a decir eso? —Eres un malnacido —le gritó, tomándolo con rudeza de las solapas del pulcro traje negro, atrayendo la atención de todos los comensales por su brusca reacción.
Niccolò sonrió con malicia y no se inmutó en defenderse. Había logrado su cometido y ese comportamiento por parte de su agresor, solo le confirmaba una cosa, el poderoso Dominic Lombardo y el más solicitado mujeriego de todos, se había enamorado.
—Tranquilo amigo, solo bromeaba—expresó Niccolò con tanta calma, que Dominic se enfureció aún más.
—Tú y yo no somos amigos y nunca lo seremos, que te quede bien claro—sentenció el castaño con los ojos azules inyectados de furia—. Y aléjate de mi mujer—advirtió, propinándole un fuerte empujón en el pecho, que provocó que este cayera de espaldas contra el piso—. Volvió a tomar la mano de Alessandra que en esta ocasión estaba pálida por el repentino enfrentamiento y a toda prisa, salió del restaurante maldiciendo para sus adentros no haberse podido controlar.
Maldito Niccolo, mil veces maldito. Su presencia en Londres solo le traería problemas, ya los veía venir.
Sin mediar una sola palabra, entraron a la camioneta, la tirantez y rigidez en el ambiente era palpable. La inestable respiración de Dominic se podía escuchar y Alessandra que quiso hablarle, prefirió callar, no era el momento, lucía contrariado, más que eso, furioso, fuera de sí, nunca lo había visto tan alterado. Si solo le faltaba verle salir humo de las orejas, el rostro lo tenía tan rojo por la rabia, que le dio temor que algo marchara mal en él. Sin duda, había una vieja rivalidad entre ellos dos, se odiaban a morir, no fue difícil adivinar.
—Dante, llévanos a la casa de la señorita, ordenó este con voz autoritaria y ruda.
Ella lo miró de reojo y se mantuvo rígida en su sitio. ¿Se habría molestado con ella también? No hizo nada mal, salvo responder al saludo del arrogante y desconocido hombre. ¿Estaría enojado por eso?
El trayecto se sintió más lejos que nunca y precisamente el tráfico de esa noche, estuvo fatal, lo que fue extraño, porque por lo general, un domingo a esa hora, las calles no estaban tan transitadas. Dominic estaba rabiando por llegar a su casa, su disgusto en ningún momento, había sido con su mujer, no obstante, no se sentía bien como para estar a su lado, tampoco quería hablarle mal por el estúpido fastidio que el malnacido de Niccolò le causó. Maldito sea, había arruinado su cena y sus planeas de pasar una agradable y placentera noche en compañía de su princesa.
Aparcaron frente al edificio donde se encontraba el departamento de Alessandra, ella lo miró confundida, desilusionada y eso le provocó a él una desazón en el pecho, merecía una explicación, claro que sí, tenía que dársela, pero lo haría cuando estuviera en sus cinco sentidos, cuando estuviera tranquilo y en ese instante, la ira lo carcomía y no era el mejor momento para hablar.
—Voy a explicarte todo, pero no ahora—fue lo único que le dijo—. Tomó su pequeño rostro entre sus manos y la besó en la frente—. Buenas Noches —agregó—. Alessandra entendió a la perfección que con eso daba por terminada la noche y limitándose a asentir molesta, bajó por la puerta que Dante sostenía abierta para ella, sin mirar atrás.
—Llévame de nuevo al restaurante—demandó Dominic con voz áspera, una vez que su jefe de seguridad volvió al interior de la camioneta.
—Sí, señor.
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Alessandra despertó un tanto ojerosa esa mañana, había tenido una pésima noche, debido a la forma tan fría, en la que Dominic se había despedido de ella el día anterior y no pudo conciliar bien el sueño. Estaba disgustada por su actitud, aunque tampoco podía juzgarlo, no hasta no saber, qué problemas tenía realmente con el tal Niccolo, quien por cierto, le dio muy mala espina y es que nada bueno podía esperarse de una persona tan mal intencionada, porque fue evidente que lo había provocado a propósito, todo para que Dominic reaccionara mal, cosa que logró.

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