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Impacto italiano romance Capítulo 52

—En primer lugar, vine a devolverle esto—dijo Alessandra con sequedad, sacando de su bolso, la fina caja que contenía los pendientes, se los ofreció y al ver que él no hizo ademán en tomarlos, avanzó hasta el escritorio y los dejó sobre este—. Y en segundo lugar— continuó diciendo una vez que estuvo de nuevo frente a él— vine a pedirle, más bien, a exigirle, que no se tome libertades conmigo que no le corresponden, no quiero que siga enviándome ni flores, ni chocolates, ni absolutamente nada, yo no necesito, ni quiero nada de usted, que le quede claro.

El italiano la observó detenidamente y con interés. ¡Vaya que esa mujer era decidida! porque llegar hasta su oficina para hablarle con ese temple, con esa seguridad y determinación, era algo impresionante y así molesta como se encontraba, le pareció demasiado encantadora.

—Me impresiona, es usted bastante directa, Alessandra.

—Señorita D'Santi, para usted—lo corrigió.

Él alzó ambas manos en son de paz, cosa que a ella le fastidió.

—Idiota—pensó

—Está bien, señorita D'Santi—enfatizó—. Créame que mi intención jamás ha sido molestarla, al contrario, quería halagarla, pero sobre todo, buscaba su perdón, mi actitud no fue la más correcta y propia de un caballero para con una dama aquella noche y simplemente quería enmendar mi error.

—Si en realidad esa fuese su intención, no hubiera enviado todos los obsequios que envió, hubiese bastado con uno, lo que tampoco era necesario, porque la verdad, no me interesa la opinión que tenga sobre mí, por lo tanto, tampoco me interesan sus disculpas.

—Tranquila, no se ponga a la defensiva, por favor, le reitero mis disculpas si es que volví a ofenderla, no volverá a suceder— expresó él con voz aparentemente calma y serena.

—Señor Parisi, a mí no me engaña, sé perfectamente que sus intenciones no son las más honestas y que su aparente amabilidad, no es otra cosa más que un arma de doble filo, pero, conmigo pierde su tiempo, porque no va a sacar nada de esto, así que le sugiero, que no espere nada de mí y que lo que sea que esté pensando hacer, no va a lograrlo.

Niccolo sonrió con suficiencia, fue una sonrisa que a cualquier otra mujer hubiera impresionado y descolocado, viniendo de un hombre tan poderoso, guapo y atractivo como él, no obstante, sus encantos con Alessandra no funcionaban y eso lo intrigaba más. Ella no cedía a sus pretensiones, así que el juego comenzaba a hacérsele más interesante. Si quería destruir a su enemigo, debía tener paciencia, aunque no le gustaba para nada la forma en que esa preciosa señorita que tenía en frente, le hablaba.

—No sé qué le haya dicho Dominic, pero de verdad, tiene una idea bastante errada sobre mi persona, no soy lo que le han dicho, en serio—. Permítame demostrarle lo equivocada que está, por favor, regáleme una oportunidad—pidió, dando un paso adelante para quedar más cerca de ella.

Alessandra retrocedió dos pasos.

—No se me acerque—exigió tajante—. Dominic no me ha dicho más que lo que necesito saber, no crea que voy a poner en estela de duda su palabra, para creer en la suya, porque no será así, yo confío plenamente en él.

—Que extraño que una mujer tan decidida y segura como lo es usted, confíe ciegamente en un hombre que en el pasado jugó con muchas mujeres, muchas de ellas inocentes— atacó—¿No teme que le haga lo mismo?

—Si se refiere a lo qué pasó entre ustedes, ya lo sé todo, él me lo dijo, entre nosotros no hay secretos, y sí, Dominic no actuó bien en aquel entonces, sin embargo, se arrepintió por ello, por eso enmendó su error, aunque eso a usted no le compete.

Niccolo tensó la mandíbula, no le gustaba recordar ese asunto. Maldita sea.

—Ah, se lo dijo, que bien por ustedes—musitó entre dientes—. Aunque sigo pensando en que no debería de ser tan confiada, ese tipo de hombres nunca cambia, menos cuando toda su vida han tenido ese comportamiento. —Debería de mantenerse alerta, señorita D'Santi.

—No vine aquí a pedirle consejos acerca de mi relación con Dominic—zanjó el tema con dureza—. Señor Parisi, le repito, no vuelva a enviarme nada, mucho menos joyas, o de lo contrario, tendremos serios problemas, no piense que porque soy mujer, no sé defenderme de hombres como usted— lo miró con indiferencia, dando por terminada la conversación, giró sobre sus talones y se encaminó a la salida, no obstante, su deseo se vio interrumpido cuando él la tomó del brazo y la retuvo.

—Espere, por favor.

—Suélteme—exigió ella, soltándose con brusquedad de su agarre y observándolo con desagrado a esos ojos verdes que brillaban como si la situación le divirtiera, o peor aún, le gustara.

—No se vaya así, se lo pido, tranquilícese, no quisiera darme cuenta de que tuvo algún percance por salir así de molesta, menos, cuando sé que nuevamente soy yo el causante de ese disgusto—. Me quedaría muy preocupado si se va en ese estado.

Alessandra se molestó aún más por su falsa actuación, obviamente toda aquella calma que aparentaba era una farsa, era fingido y a ella no la engañaría con su cara de inocente. Niccolò Parisi no era una persona de fiar, podía claramente leerlo en su mirada.

—No vuelva a acercárseme, ¿me escuchó? —Es más, espero no tener la desdicha de volver a verlo en mi vida, mantenga su distancia de nosotros, se lo advierto, evítese problemas—. Con permiso— añadió, apresurándose a salir y cerrando de un portazo.

Niccolo se quedó observando el lugar por donde había salido, con una sonrisa triunfal en los labios. Tenía carácter y eso a él le encantaba, una mujer bella y con carácter, era un manjar exquisito y atractivo para cualquiera. Hacía mucho tiempo que no ponía tanta atención en una fémina, quizás hacerle la vida imposible a Dominic no iba a ser tan malo, después de todo, tendría muchos beneficios de ello y por qué no, podría hasta quedarse con el premio mayor.

*******

—Santo cielo, amor, al fin contestas, me tenías muy angustiado, te he llamado cientos de veces al celular, tuve que llamar a Vittorio y me dijo que fuiste a cita con el médico, ¿te sientes bien? ¿Te ocurrió algo.? —preguntó Dominic preocupado.

Alessandra suspiró y trató de serenarse. Todavía estaba afectada por el reciente enfrentamiento con el empresario.

—Estoy bien, mi amor, no te preocupes—le dijo para tranquilizarlo—. Nada más fue un chequeo rutinario—mintió—ya sabes, cosas de mujeres —al decir eso último, cerró los ojos con frustración, hacía mal en engañarlo, pero era lo mejor, sus negocios estaban primero que todo y no quería causarle inconvenientes, ya cuando él regresara, hablarían con calma y le explicaría todo.

—¿Estás segura? ¿No me estás ocultando nada? — Porque si es así, dímelo, tú sabes que tienes mi apoyo incondicional para lo que sea y si te sientes mal, puedo comunicarte con mi médico privado, él es muy profesional y cien por ciento recomendado, estás a salvo en sus manos—. Puedo agendarte una cita para mañana mismo.

—Te prometo que todo está bien, es más, el doctor me ha dicho que nunca he estado tan bien como ahora, todo está en orden, así que no te agobies por mí, por favor, ¿sí? —Tú tienes cosas más importantes en que pensar ahora.

El corazón de ella se oprimió, le dolía mentirle.

—No hay nada más importante para mí, que tú, mi princesa—. Dejaría lo que fuera que esté haciendo, para ir hasta dónde estás y ayudarte si lo necesitas.

Los ojos de Alessandra se humedecieron.

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