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Impacto italiano romance Capítulo 53

Niccolo llevaba horas embelesado observando a Alessandra bailar, esa mujer era una diosa, una reina, una divina y perfecta creación, aquel minivestido azul le quedaba tan sensacional, que lo dejó noqueado y totalmente impresionado. Ni siquiera mostraba piel de más, tampoco lucía vulgar, todo lo contrario, revelaba lo justo y necesario para volver loco a cualquier hombre, para que cualquiera quisiera ver más y apreciar todo aquel escultural cuerpo sin una sola prenda que lo cubriera. Aquellas piernas sólidas, ejercitadas y torneadas, lo tenían alucinando, el contoneo sensual de sus caderas lo tenían delirando, carajo, de todo eso disfrutaba el maldito de Dominic Lombardo y él también quería disfrutarlo, a él también se le apetecía saborear a una mujer así, se lo merecía. Solo de imaginar esas perfectas piernas enrolladas alrededor de su cintura, hacían que su miembro apretara en el pantalón, mierda, podía pagar el precio que fuera para llevársela a la cama. Ya no era simplemente su necesidad por destruir a su peor enemigo, sino también, las ganas que tenía de ella, estuvo pensándola tanto los últimos días, que ya Alessandra se le había convertido en una obsesión, por eso, cuando el investigador que contrató para que la siquiera a todas partes, le dijo que se encontraba en ese antro, supo que era su oportunidad perfecta para actuar y comenzar de una vez a llevar a cabo sus planes.

—Haz lo que te digo y no me contradigas más, maldita sea—farfulló Niccolo con fastidio al asustadizo mozo.

—Pe-pero señor, si alguien se entera, podría perder mi empleo—replicó el joven y horrorizado pelirrojo de ojos miel.

—Nadie se va a enterar y ¿sabes que es lo mejor de todo?, que al final de la noche, tendrás $20,000 libras en tu bolsillo, sin haber hecho prácticamente nada, así que no me hagas seguir perdiendo mi preciado tiempo, que por cierto, es muy valioso y haz lo que te ordené de una vez—. Niccolo comenzaba a perder la paciencia, al ver que el joven no se decidía en ayudarle, maldición, estaba regalándole muchísimo dinero por hacer una simple mierda. —No creo que quieras que a tu querida hermanita, le quiten la beca académica en el colegio donde está, ¿no es así? O aún peor, que la expulsen—. Dudo mucho que tengas el dinero suficiente como para costearle en otro lugar, sin embargo, si haces lo que te pido, tendrás mucho dinero ahorrado en el banco, dinero que puede servirte a ti o a tu insignificante hermana.

El pelirrojo abrió los ojos como platos y el temor lo invadió más. ¿Cómo es que ese hombre que jamás había visto, tenía tanta información de su vida privada y de su familia? No quería arriesgarse haciendo algo indebido, pero tampoco quería que su pequeña hermana perdiera la oportunidad de estudiar en un buen colegio, su lugar ahí se lo había ganado, con esfuerzo, con estudio, con dedicación y con su inteligencia, a pesar de tener escasos diez años, era una niña muy aplicada y tras la muerte de sus padres, él era el único sustento de su casa. No tenía dinero para pagarle otro lugar, con lo que ganaba, apenas tenía para pagar la renta del pequeño e incómodo apartamento en el que vivían, comprar la comida y encima, ayudar con algo de dinero a su amable vecina, la señora Williams, quien se había ofrecido en cuidar de Emily mientras él estuviera fuera.

—¿Qué es lo que debo hacer exactamente? —inquirió el chico, viéndose resignado y evidentemente obligado.

Y es así, como esa noche, Niccolò Parisi acabó exactamente así, con Alessandra entre sus brazos, casi inconsciente y embriagado totalmente de su piel y femenino perfume.

—U-Usted—la escuchó decirle con voz débil, cuando se abalanzó sobre ella y la ciñó de la cintura, seguido de eso, se había desvanecido en su pecho.

—Sí, yo, cariño— sonrió él con triunfo, todo estaba saliéndole bien o más bien, saliéndoles.

Con ayuda del camarero, la sacó del antro sin llamar la atención y la llevaron hasta el estacionamiento trasero, cuyo lugar estaba abarrotado de coches y sin nadie alrededor.

—Hasta que al fin llegas—resonó la chillona voz de alguien que resurgía de entre los autos y la oscuridad.

Niccolo miró a la alta mujer que le hablaba con fastidio.

—Hubiese sido más sencillo si me ayudabas—le reprochó contrariado.

—Estás loco, no podía arriesgarme a entrar, cualquiera podría reconocerme—refutó ella.

—Ni que fueras tan importante.

La chica lo fulminó con la mirada.

—Pues lo soy, querido y mejor apresúrate, que la mosquita muerta ya está volviendo en sí— señaló la elegante mujer—. Debemos actuar rápido si queremos que todo salga bien y conforme lo acordado.

Niccolo observó a Alessandra que comenzaba a abrir débilmente los ojos y murmuraba una serie de incoherencias.

—Vete—le ordenó al pelirrojo que miraba la escena con espanto—. Cuando hayan transcurrido veinte minutos, harás lo que te dije, ¿entendiste? —asintió asustado—. Y sobre esto, ni una palabra a nadie o atente a las consecuencias—amenazó. —El dinero ya está en tu cuenta bancaria, así que, tú y yo, jamás nos conocimos, ¿quedó claro?

—Sí, señor—acotó el chico y salió huyendo de vuelta al interior.

—¿Trajiste la cámara? — cuestionó Niccolo a la mujer una vez que se quedaron solos.

—Por supuesto, por nada del mundo lo olvidaría.

—Entonces, no sigamos perdiendo el tiempo.

Sonrieron ambos con victoria.

*******

—Se me hace que Ale ya se tardó mucho en el baño, ¿no creen? —comentó Paulina, extrañada de que su amiga demorara tanto.

—Sí, a mí también me lo parece—concordó Bruno tomándose su brandy—. Quizás le tocó hacer fila, encontrar el baño libre en este tipo de lugares, es casi imposible.

—Tienes razón, pero, sigo pensando que ya se ha demorado mucho, iré a buscarla.

—No te apures, yo iré—se ofreció Bruno—ahora vuelvo—se disculpó con los tres.

Varios minutos después de que este se marchara a buscar a Alessandra, el celular de Vittorio comenzó a sonarle con insistencia en el bolsillo y debido a la música demasiado elevada, hasta al tercer intento, se percató de que alguien le llamaba.

—Es Bruno—soltó el rubio con preocupación, una vez que sacó el iPhone de su pantalón y miró el nombre reflejado en la pantalla—. BUENO, BRUNO—gritó al descolgar, la música no le permitía oír con claridad, no obstante, segundos después, su rostro palideció.

—¿Qué pasa Vittorio? —quiso saber Paulina, al notar el mal semblante de su novio tras finalizar la llamada.

—Es…Alessandra, la encontraron en el estacionamiento, desmayada—se apresuró a decir, en lo que se levantaba de su sitio y se dirigía a la salida—. Dominic me va a matar si se entera de esto—sentenció.

Paulina y Natasha no perdieron el tiempo y corrieron tras él desconcertadas, preguntándose en qué momento, había sucedido algo como aquello, si hasta hacía unos minutos, todos estuvieron divirtiéndose y disfrutando de la noche.

—¿Qué ocurrió, Bruno? ¿Qué le pasó a Alessandra? ¿Por qué esta así? —averiguó Vittorio desesperado, observando como la novia de su hermano, yacía inconsciente y pálida en los brazos de su amigo, mientras un joven y tembloroso mesero, ponía un algodón impregnado con alcohol en su nariz para hacerla reaccionar.

—No lo sé exactamente, este chico solo me dijo que él salió un momento a tomar una llamada y se la encontró tirada en el suelo.

—¿No viste si alguien estaba con ella? ¿Si salió sola y en qué estado? — lo interrogó Vittorio alarmado.

—N-No…señor— negó el pelirrojo nervioso evitando su mirada—. Yo nada más salí a responder una llamada de mi hermanita y cuando me disponía a volver adentro, la vi, en el suelo, a un lado del estacionamiento—explicó—. Lo primero que hice al percatarme de su estado, fue entrar para avisarles y bueno, afortunadamente me encontré al señor Bruno y se lo dije.

—¿Cómo sabías tú que ella estaba con nosotros?

—Yo...yo fui quien los atendió en su mesa, señor.

Victorio asintió con desconfianza, sin despegarle los ojos de encima al nervioso chico.

—Necesito las grabaciones de las cámaras de este sitio, ¿puedes conseguirlas para mí y en este instante, por favor?

—Desgraciadamente no tenemos cámaras en esta parte de las instalaciones, me temo que no podré ayudarle con eso.

—¿Estás diciéndome que en un lugar tan exclusivo y reconocido como este, no tienen una maldita cámara de seguridad? —espetó Vittorio con la voz elevada.

—So-solo es en esta parte del estacionamiento, señor.

—Tranquilízate, amor, por favor— le pidió Paulina al ver al rubio alterado y percatarse de que estaba asustando al pobre muchacho—. Esperemos que Ale despierte y ella misma nos diga lo que ocurrió.

—Ya está volviendo en sí—anunció Bruno, con evidente alivio en su voz—. Ayúdenme a incorporarla y sentarla en algún sitio.

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