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Impacto italiano romance Capítulo 54

Alessandra permaneció varios segundos en silencio, pasmada y en shock, observando la dolorosa escena. Sin previo aviso y sin poder contenerlas, las espesas lágrimas resbalaron por sus mejillas una tras otra. El pecho se le oprimió, contuvo la respiración y el dolor que la atravesó fue tan aniquilante como devastador. Ante sus ojos, estaba Dominic, su apuesto Dominic, el hombre que la hizo muy feliz los últimos meses, con una mujer entre sus brazos, sí, una mujer, la misma con la que ya sabía tuvo o más bien, tenía una historia, exactamente, Viviane Santoro. La sostenía de la cintura, muy pegada a él y aunque no estaban besándose o haciendo gran cosa, bastó ver la cercanía entre sus cuerpos para saber que aquello significaba lo que ella ya suponía. Los dos la observaron fijamente, como si fuese un bicho raro, la alta rubia lo abrazó por el cuello y sonrió con sorna, con prepotencia, con triunfo y él, él la miró diferente, con frialdad, la vio distante, serio, enojado y ¿con odio? ¿Resentimiento? ¿Decepción? No podía descifrar exactamente aquella mirada, pero sí, evidentemente, era una muy distinta a la última que vio en él cuando se despidieron, antes de su viaje.

—Dominic— logró pronunciar instantes después— ¿Qué significa todo esto? —quiso saber, él tenía que darle una explicación, la merecía, por el simple y sencillo hecho de que no entendía lo que ocurría, sin embargo, lo que le contestó, la dejó además de avergonzada, consumida y devastada.

—¿Qué significa qué? señorita D'Santi— inquirió él indiferente, alzando una ceja con prepotencia—. Por cierto, cuando vaya a dirigirse a mí, hágalo con el debido respeto que merezco, no olvide que soy el presidente de esta empresa y usted, nada más una simple asistente—espetó en tono despectivo—. Así que, la próxima vez, llámeme, señor Lombardo.

Ella se limpió las lágrimas y lo miró con incredulidad.

—Yo, no entiendo—negó confusa—¿Qué estaba pasando? ¿Qué era todo ese espectáculo? ¿Qué había pasado con Dominic y con su supuesto amor?

El magnate sintió que algo se rompía dentro suyo, al ver aquellos bellos ojos enrojecidos, desilusionados e inundados de dolor. Desgraciadamente, todo en ella era una máscara, una mentira en la que no volvería a caer.

—¿Qué es lo que no entiende? —cuestionó, recomponiéndose de su aflicción— ¿La parte donde le aclaro que soy el presidente y usted una secretaria? o, ¿la parte donde le pedí que al dirigirse a mí, lo haga como señor Lombardo? —Se volvió hacia Viviane y fingió dedicarle una sonrisa, la rubia aprovechó la situación sabiendo que no la rechazaría y le robó un beso en los labios.

El corazón de la castaña se rompió en mil pedazos al ver aquello, el impacto fue tanto, que no pudo ahogar un doloroso jadeo que escapó de su boca. Dominic se atrevió a mirarla una vez que se recompuso del rápido movimiento de Viviane y solo pudo sentirse peor de lo que ya estaba, si no es porque ya sabía la calidad de persona que en realidad era Alessandra, aquel dolor que se reflejaba en su rostro, hubiese sido creíble para él, pero ya no.

Alessandra suspiró y tratando de controlarse, de contener el llanto, alzó su mandíbula y los miró a ambos desafiante y... con asco. Debió suponer que él nunca cambiaría.

—Ahora he entendido perfectamente, señor Lombardo, todo está muy claro para mí—enfatizó en lo último con frialdad, tanta, que él se asombró de la dureza en su mirar—. Aun muriéndose por dentro, aun sintiéndose desfallecer, no le demostraría más, no le pediría una explicación, se había equivocado al confiar en él, no obstante, a pesar del sufrimiento que atravesaba, no le daría el gusto de verla mal y menos derrotada. Giró sobre su eje, tomó el pómulo de la puerta, abrió y salió con prisa.

Una vez que Dominic la vio salir, hizo a un lado a la modelo y se alejó. No podía respirar, el pecho dolía, dolía fuertemente, algo quemaba y ardía en su interior. Sus profundos ojos azules se enrojecieron, se pasó ambas manos por el rostro con frustración y por primera vez en mucho tiempo, tuvo deseos de llorar. De repente, se tensó, al sentir las manos de la rubia hacer un camino de caricias en su espalda, para luego descansar en sus hombros y con un ágil movimiento, las apartó de él. No quería que lo tocara, tampoco tenerla cerca, que la hubiera utilizado para hacerle creer otra cosa a Alessandra, no significaba que volvería a tener algo con ella.

—Caro (querido)— lo llamó la chica melosa.

—Vete— pidió él, con voz relativamente calma y sin mirarla.

—¿Cosa succede? (Qué pasa?)— preguntó extrañada por su actitud—. Había creído que todo volvería a la normalidad entre ellos luego de que la llamó.

—Quiero estar solo, necesito estar solo.

—Pero...Dominic...

—Vete—exigió él nuevamente, esta vez más exaltado.

—Es que, pensé que...

-—TE HE DICHO QUE TE VAYAS, MALDITA SEA— le gritó con la voz rota y quebrada.

Viviane abrió los ojos son asombro.

—¿Estás…llorando? —Tu, Dominic Lombardo está...—no terminó de hablar, porque en un abrir y cerrar de ojos, lo tenía frente a ella, con los ojos inyectados de sangre, de lágrimas y de ira contenida—. La tomó fuerte del brazo, la jaloneó y la condujo a la salida con brusquedad. —Me lastimas—chilló adolorida y la ignoró, en un dos por tres la sacó y cerró con fuerza.

Y fue entonces que... se derrumbó, todo su perfecto mundo se le vino encima, un sollozo ronco, desde lo más profundo de su ser, brotó de su garganta y se dejó caer hasta el suelo quedando recostado sobre la puerta que acababa de cerrar. No le importó arrugar su elegante y costoso traje de diseñador, no le importó si se ensuciaba, no le importó si se echaba a perder, nada, no le importó nada. Lloró, lloró, lloró y lloró amargamente y a pesar de querer contenerse, no podía, el llanto se acrecentaba y se hacía más intenso conforme recordaba la horrible verdad que había descubierto hacía unas pocas horas. El rostro lo tenía totalmente enrojecido y contristo, el magnate más codiciado, el más cotizado y admirado de todos, estaba destruido, acabado y llorando desconsolado como a un niño cuando le quitan su juguete preferido.

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