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Impacto italiano romance Capítulo 57

Alessandra observó por milésima vez el resultado de los análisis que se había realizado esa mañana y sintió que el oxígeno dejó de entrar en sus pulmones cuando por fin asimiló y comprendió la gravedad de lo que le pasaba. Se sentó de golpe en una de las sillas de la sala de la clínica en la que se encontraba y comenzó a llorar desconsolada, DIOS TODOPODEROSO, ESTABA EMBARAZADA, no podía ser posible. Tenía un embarazo de dos meses, de nada más y nada menos, el rompecorazones más grande de todos los tiempos, Dominic Lombardo.

¿Cómo pudo suceder? ¿Cómo? — se preguntó, si se estuvo cuidando el poco tiempo que duró su relación con él.

El mundo se le vino encima al pensar en cómo su vida cambiaría y contra eso nada podía hacer, no había marcha atrás, lo único que le quedaba era resignarse a que en pocos meses, sería mamá y no era que le disgustara, al contrario, un hijo era una bendición, sin embargo, siempre imaginó pasar esa etapa de otra manera y bajo otras circunstancias.

Paulina, quien la acompañaba y quien al percibir su descomposición, comprendió al instante lo que ocurría, se sentó a su lado y en silencio, le dio un reconfortante abrazo. El llanto de Alessandra se acrecentó más y la modelo se preocupó, tenía que ser fuerte, no debía demostrarle debilidad en ese momento, cuando su amiga lo que más necesitaba era una persona que le infundiera valor para afrontar esa situación.

—¿Qué voy a hacer Pau? ¿Qué voy a hacer? —se quejó afligida— ¿Cómo le explicaré esto a mi madre? ¿Cómo se lo diré a mi hermano? ¿Cómo los veré a la cara ahora? —Seré una enorme decepción para ellos, estoy perdida...—murmuró.

—Tranquilízate, Ale, por favor, no pienses mal, no pasará nada, yo estoy contigo, ¿ok? —Saldremos de esta, tu madre entenderá, sabe que eres una buena chica, Giorgio también te va a apoyar, somos tu familia y no te dejaremos sola.

—Mamá llega el jueves, ¿cómo la veré a los ojos? —Va a decepcionarse, yo lo sé, seguro no querrá saber nada de mí y si mi papá estuviera aquí, también se avergonzaría muchísimo, les fallé a los dos, les fallé.

—No digas esas cosas, a nadie le has fallado y estoy segura de que si tu papá estuviera vivo, no dudaría en brindarte su apoyo incondicional y la señora D’Santi también lo hará, jamás te daría la espalda en una situación como esta y lo sabes—. Además, eres mayor de edad, eres una mujer hecha y derecha, no eres una niña, tampoco una adolescente, podemos enfrentar esto, no eres la única que se ha entregado por amor a un hombre, así como tampoco la primera a la que han traicionado y le ha ido mal en una relación. —A todas nos pasa, solo mírame, me pasó con Fabrizio y en aquel entonces, sentí que moriría, en cambio ahora, ni siquiera lo recuerdo, estoy tan feliz con Vittorio.

—Pero tú no quedaste embarazada, yo sí—¿Qué hombre querrá hacerse cargo del hijo de otro? —Ninguno en su sano juicio—expresó con tristeza—Aunque eso lo de menos, yo no necesito un hombre para vivir, sé que puedo hacerlo sola—afirmó con seguridad—. Lo único que en verdad me preocupa, es mi familia y lo que van a pensar de mí, voy a ser una vergüenza para ellos.

—Alessandra D'Santi, ya deja de expresarte así, nunca más quiero volver a escucharte decir esas palabras tan feas— la riñó la morena—. Vamos a enfrentarlo con tu familia, vas a decirles la verdad y estoy segura de que te comprenderán, pero, lo más importante de todo esto, tendrás que decírselo a Dominic, es el padre del bebé y sea lo que sea, tiene que saberlo.

*******

—¿A qué debo el honor de tu visita, hermanito? —inquirió Dominic distante, esa tarde de domingo, en la que se encontraba en un arduo entrenamiento en su gimnasio privado. Se había sorprendido cuando una de las chicas del servicio, le informó sobre la visita de su hermano, él no solía ir a visitarlo y menos consideró la posibilidad, en ese momento que estaban un poco distanciados por el asunto de Alessandra.

—Necesito hablar contigo— respondió el rubio quitándose la camiseta que llevaba puesta, dejando su trabajado torso al descubierto y tomando un par de mancuernas para hacer unos ejercicios de bíceps frente a uno de los espejos.

—Sobre trabajo, supongo—dijo Dominic con voz estrangulada, mientras trabajaba los músculos de sus pectorales, levantando una pesada barra que contenía unos discos de poco más de cincuenta libras a cada lado.

—No, en realidad, vine a hablar de Alessandra—contestó Vittorio de inmediato, observando por el espejo, cómo Dominic suspendió lo que hacía, se sentaba y fruncía el entrecejo.

—No tengo absolutamente nada de qué hablar o decir sobre ella—espetó el magnate, poniéndose en pie y tomando casi todo el contenido de su botella de agua.

—Es importante— recalcó, notando como su hermano mayor se ponía a la defensiva.

—Nada que tenga que ver con esa mujer me importa—lo miró con fiereza.

Vittorio suspiró para tranquilizarse. Paulina le había contado sobre el embarazo de Alessandra pidiéndole absoluta discreción y por eso, es por lo que precisamente estaba en casa de Dominic ese día, necesitaba averiguar lo que había pasado entre ellos y los motivos por los que se separaron, todo fue tan repentino y raro, que presentía que algo extraño ocurría.

—¿Por qué cuando te refieres a ella lo haces de esa manera tan despectiva? —Alessandra es una buena chica, no merece lo que le hiciste.

—Yo soy el que no merezco lo que me hizo—bramó Dominic con la voz alterada, estaba perdiendo el juicio, todo era que le mencionaran ese nombre y la herida en su pecho se abría más.

Vittorio lo miró sin comprender.

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