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Impacto italiano romance Capítulo 58

Unas voces y pasos que se aproximaron en el pasillo, los hizo volver a la realidad y separarse abruptamente, los dos tenían el rostro enrojecido y las respiraciones agitadas, se miraron con intensidad, con anhelo, luego con decepción, desilusión y enojo. Alessandra trató de recomponerse, arreglarse el labial corrido y el vestido arrugado en cuanto sus pies tocaron el suelo, sin embargo, su aspecto no dejaba de ser desaliñado y notorio, sería imposible aparentar serenidad, cuando su estado emocional era todo lo contrario. Las personas cada vez se acercaban más, estaban a tan solo unos pocos metros, por lo que los murmullos se escuchaban más cercanos.

—Ve a mi oficina—le dijo Dominic con seriedad al verla inquieta e indicándole la puerta que comunicaba la sala de juntas con su despacho, ella no dudó en aceptar y en un tronar de dedos, desapareció. Él mientras tanto, solo se limitó a desaparecer los rastros de labial de su boca y cuando los demás ingresaron, estaba como si nada, un poco colorado y acalorado, pero nada que atrajera la atención de ninguno de ellos.

—Buen día señor Lombardo—saludaron todos una vez dentro de la sala.

—Buen día—respondió formalmente, con esa imponencia y autoridad que lo caracterizaba, acomodando de paso, las solapas de su impecable saco.

Salió de la sala con un leve asentimiento de cabeza y se dirigió a su oficina esperando encontrar a Alessandra ahí para hablarle. DIOS, ese fugaz encuentro le había devuelto la vida, algo dentro suyo rugió al volver a sentirla entre sus brazos, al saberla suya. Ella seguía teniendo sentimientos por él, a través de sus besos y suspiros pudo sentirlo, vibró, se estremeció, tembló con su contacto. Ni siquiera sabía porqué lo hacía, porqué seguía buscándola después de lo que le hizo, pero, algo le decía que las cosas no eran como creía, como parecían ser, no obstante, al recordar las fotos de ella besándose con otro, todo volvía a tornarse confuso, más aún, con lo último que noches atrás, Niccolo le había hecho llegar a su correo. Otras fotografías de Alessandra, en su empresa, dónde aparecía sentada en la recepción, posiblemente esperando para verse con él.

Demonios, ¿cuándo se acabaría ese infierno por el que atravesaba? No podía continuar así.

Se sintió frustrado al no encontrarla y no pudo hacer otra cosa más que sentarse a meditar y repasar en lo acontecido. Se recostó en el sillón con la cabeza mirando hacia el techo y repentinamente, comenzó a sentirse estresado, cansado y soñoliento, los ojos le dolieron al cerrarlos y la cabeza sentía le iba a estallar, no fue necesario de mucho, para darse cuenta de que tenía temperatura. ¿Qué carajos le ocurría a su sistema? Ni siquiera recordaba cuando fue la última vez que le dio fiebre o enfermó, siempre fue un hombre muy sano y últimamente tenía síntomas de todo. Mierda.

Se levantó y se dirigió al escritorio de su asistente, con tantas cosas y el trabajo, había olvidado pedirle que le agendara una cita con su médico privado, así que no alargaría más el asunto, no le gustaba sentirse enfermo.

—Señorita Palmieri—la llamó al salir y encontrarla acomodando unos papeles, que seguramente eran para la junta que se llevaría a cabo en unos minutos—. Alzó la vista al escritorio de Alessandra y la miró de espaldas, igual de ocupada que su secretaria, ¡Qué preciosa mujer! Era sencillamente... perfecta y en efecto, estaba más hermosa, más rellena, tenía las caderas más anchas, los glúteos más grandes, redondos y respingados y con ese vestido, sus curvas resaltaban muchísimo más. Lo volvía loco, la extrañaba, no solo de manera íntima, sino que también sus charlas, sus juegos, sus risas, sus abrazos, su compañía. —Agéndeme una cita para mañana temprano con el Doctor Davies, por favor—le pidió, cuando obtuvo su atención.

—Sí señor Lombardo, ahora mismo lo agendo, ¿necesita algo más? —preguntó la joven, notando como su jefe tenía la vista clavada en su compañera.

—¿Está todo listo para comenzar la reunión? —quiso saber—. Ya hay personas en la sala esperando.

—Todo está listo, únicamente esperábamos al señor Vittorio que estaba atendiendo una video conferencia.

—Perfecto, avísele a mi hermano que dentro de unos minutos iniciaré la junta— ordenó él masajeándose las cienes—. Y lléveme a la sala una píldora para el dolor de cabeza.

—Ahora mismo, señor.

Dominic asintió, se dio la vuelta y se encaminó a la sala de reuniones. Alessandra presenció toda la conversación y se preocupó al oír que había pedido una cita con el médico.

¿Acaso estaba mal? ¿Enfermo? ¿Qué le ocurría? —se preguntó.

La junta dio inicio y al sentirse el presidente indispuesto, nada más dijo unas pocas palabras y Vittorio retomó su lugar para presidir. Los pozos azules de Dominic, cada tanto buscaban insistentes a Alessandra y ella que no pudo evitarlo, también lo miró, aunque sin mostrar ninguna emoción, quería parecer fría, distante, pero, dudaba mucho que él le creyera, si momentos antes, había cedido como una tonta a sus encantos, sin embargo, lo que en realidad le preocupaba, era su estado, parecía enfermo, tenía el semblante decaído, los ojos enrojecidos, cansados y aun así, no podía negar que lucía más atractivo y guapo que nunca.

Cuando la reunión llegó a su final, el magnate esperó que cada uno de los miembros salieran y sabiendo que siempre Alessandra, era la última en marcharse, vio ahí una oportunidad para hablarle. No se equivocó, fue la última en quedarse y justo cuando ella se disponía a abrir la puerta para retirarse, en un ágil movimiento, le cerró la puerta desde atrás y la acorraló contra esta. Alessandra volteó alarmada, quedando cara a cara, a escasos milímetros de su rostro. Contuvo el aliento.

—Necesitamos hablar—manifestó él con voz ronca, analizando cada rasgo de sus bellas facciones.

—No tengo nada de qué hablar con usted, señor Lombardo.

—Por supuesto que sí, hay muchas cosas que no nos hemos dicho, cosas que no hemos aclarado.

Ella negó.

—Nosotros no tenemos nada que decirnos, ni mucho menos algo que aclarar, usted ya decidió por los dos, así que no veo el motivo de su insistencia ahora.

—Alessandra, estoy pidiéndote una explicación, creo que me la merezco.

A ella se le enrojecieron los ojos y sintió que sus terminaciones nerviosas se alteraron al mil.

—El que debió darme una explicación fue usted y sin embargo, no lo hizo—le reprochó alterada, conteniendo las lágrimas—. Estaba muy sensible, los cambios del embarazo comenzaban a reflejarse en sus emociones, las tenía a flor de piel y casi no se podía controlar.

Dominic la observó desconcertado. ¿Por qué le reclamaba con tanta convicción y determinación, si el traicionado había sido él? Algo no terminaba de cuadrarle y todo solo se tornaba más confuso, porque no lograba encontrar una respuesta.

—¿De qué estás hablándome? —Estamos así por ti, porque tú así lo quisiste, tú lo provocaste—le reclamó ahora él.

Ella lo observó sin entender. ¿Dé que diablos estaba acusándola?

—¿Por mí? —replicó alterada—¿Está acusandome a mí de algo que solamente fue su culpa? —lo vio negar.

—¿Mi culpa? —repitió él—Por Dios, tú eres la única respondable de todo lo que esta pasando entre nosotros.

—Déjeme salir, por favor, señor Lombardo—murmuró cansada de toda esa confusa situación, ya había sufrido lo suficiente, como para seguir haciéndolo.

El magnate notó como su pecho subía y bajaba con rapidez. Estaba perturbada e inquieta y no solo por él, sino, toda ella, parecía delicada, distinta, más sensible que otras veces. ¿Qué le pasaba?

—Lo que acaba de pasar…

—No volverá a repetirse—lo cortó de tajo.

—¿Y cómo estás tan segura? —la miró ceñudo.

—Porque únicamente permití que eso pasara para terminar de convencerme de algo.

—¿Y qué es eso de lo que querías convencerte?

Alessandra tragó saliva y con dificultad lo miró a los ojos.

—De que ya no siento nada por usted.

Dominic sintió como si mil cuchillos ardientes atravesaran su corazón al escucharla decirle aquello y como si su cercanía lo quemara, se alejó de golpe. Ella aprovechó la oportunidad para escaparse y salirse lo más rápido posible, si no se iba, rompería en llanto y probablemente él descubriría que lo que acababa de decirle, fue mentira, porque eso es lo que era, una gran y enorme mentira.

Él tuvo que sentarse un instante, para poder asimilar y tragarse el nudo que de pronto, se instaló en su garganta. Esas palabras terminaron de aniquilarlo totalmente y como si no fuera más doloroso, la decisión que vio en sus ojos al decírselo fue peor.

¿Tan rápido lo había olvidado? ¿Así de simple Niccolò logró hacer que lo olvidara y lo cambiara por él?

El pecho le dolía intensamente, era un dolor asfixiante que no le permitía respirar, un dolor desesperante que hizo que sus ojos se llenaran lágrimas y aun con todo eso, no se permitió llorar, no más, no volvería a llorar por una mujer que realmente nunca lo había amado, porque si algún día hubiese llegado a sentir tal sentimiento por él, jamás lo habría olvidado así nada más y menos, por un maldito como Niccolo Parisi.

*******

Días después.

—Señor Lombardo, lamentamos el inconveniente, estamos haciéndole unas revisiones a su elevador, por lo que por el momento, no es posible utilizarlo —anunció apenado y temeroso uno de los responsables de mantenimiento

—¿Ha habido algún problema? —preguntó Dominic interesado.

—No señor, es solo un chequeo rutinario, nada más para asegurarnos de que siempre tenga el debido funcionamiento, por lo general lo hacemos por las noches, pero nos fue imposible hacerlo ayer, estuvimos trabajando hasta tarde en otra área.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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