—Geovanni, por favor, retírate, me pondré en contacto contigo para lo que acordamos—demandó Vittorio al chico que yacía todavía sentado y con el rostro ensangrentado sobre el suelo—. Pasa antes por la enfermería del edificio para que ten la debida atención—añadió sin dejar de ver a Dominic, que tras la confesión del embarazo de Alessandra, se había quedado en shock y completamente inmóvil.
El joven no tardó en salir de la oficina de presidencia, dejando por fin a los hermanos solos y con una tensión palpable en el ambiente.
—¿Dominic? —lo llamó el rubio, al ver que llevaba varios minutos sin dar una sola señal de aliento—. Dominic—insistió acercándose y colocando una mano sobre su hombro.
—¿Cuánto? —lo escuchó murmurar con voz apenas audible.
—Tengo entendido que tiene dos meses de gestación aproximadamente—respondió su hermano, comprendiendo a lo que se refería.
Dominic se pasó ambas manos por el cabello y al sentir que no podía permanecer más tiempo en pie, se sentó en uno de los sillones. El cuerpo le temblaba.
Alessandra estaba embarazada... EMBARAZADA... y todavía no lo podía creer. Sería papá... PAPÁ... Comenzó a llorar en silencio, sintiendo un gran peso y carga sobre su espalda, no estaba preparado para saber que sería padre, no estaba preparado para enterarse de algo así, había sido un golpe demasiado fuerte y eso solo lo hacía sentirse peor.
—Hice todo mal, Vittorio, cometí un grave error y ahora ella no me lo va a perdonar— soltó lloroso y compungido—. La abandoné sin ninguna explicación, no le di oportunidad de explicarse, la juzgué y traté mal, todo por mis malditos celos e inseguridades—se recriminó.
—Y la traicionaste también— le reclamó su hermano molesto.
Dominic lo miró a los ojos de inmediato.
—Eso jamás, ni siquiera con el pensamiento le he faltado—decretó con seguridad.
—No me mientas, Alessandra me contó todo lo que sucedió, así como también tu engaño con Viviane, ella los vio.
—Yo no la engañé con Viviane, esa mujer salió de mi vida desde hace mucho tiempo— aseguró—. Simplemente la utilicé para hacerle creer que teníamos algo, estaba dolido, me sentía traicionado, pensé que ella y Niccolo— se calló, no dijo más— actué sin pensar— dijo después, muy arrepentido— pero te juro que solo fue eso, jamás toqué a Viviane, ni a ninguna otra en todo este tiempo, mi mente, mi corazón y mi cuerpo, estaban con Alessandra todo el tiempo—. Yo no puedo ver a otra que no sea ella.
Vittorio se compadeció un poco de su estado, a pesar de que se merecía lo que le estaba pasando por ser tan tonto, inseguro y apresurado.
—Pues hiciste muy mal, porque dudo mucho que ella te crea eso ahora y menos después de haberlos visto juntos.
—Lo sé, lo sé, lo sé—musitó dándose de golpes en la cabeza, ¿qué iba a hacer para recuperarla? —Maldita sea— ¿Alessandra lo sabe? — cuestionó—. Es decir, ¿sabe que la dejé porque creí que me había traicionado con Niccolò?
—Lo sabe, tuve que decírselo, la pobre merecía saberlo, estuvo con la incertidumbre todo este tiempo, volviéndose loca, no sabes por todo lo que pasó cuando te fuiste, sufrió mucho, Dominic, ella pasó días verdaderamente malos por tu causa.
Y eso solo hizo que se sintiera todavía más mal, sería difícil que lo perdonara, si es que llegaba a hacerlo, porque a como estaban las cosas, era probable que la perdiera para siempre.
—Por supuesto que se sintió más indignada al saber que desconfiaste de ella—continuó hablando— no le diste tampoco el beneficio de la duda, la juzgaste sin el menor de los reparos, por Dios, ¿cómo pudiste pensar que te traicionaría con tu peor enemigo?
—Ni yo lo entiendo, no lo concibo— expresó Dominic afligido, levantándose del sillón y caminando por la oficina de un lugar a otro, no encontraba quietud. —Esas malditas fotos me cegaron, pensé lo peor y actué sin reparar en las consecuencias
—Veo que tu amor por ella, no es lo suficientemente grande, porque en la primera oportunidad, la alejaste y desconfiaste.
—Porque la amo como un loco, es que me dolió tanto pensar que me había engañado, Vittorio, iba a pedirle que se casara conmigo—confesó tomando por sorpresa al rubio que se quedó ojiplático al escucharlo decir aquello—. Estaba decidido a comprometerme, a proponerle matrimonio una vez que volviera a Londres.
Vittorio se quedó sin habla, no salía de su estupor, ¿Dominic decidido a casarse? Eso sí que era increíble.
—Dios—fue lo único que pudo este pronunciar, todavía seguía sin creerlo—. Y todavía tienes que escuchar esto—dijo luego de un prolongado silencio, buscando algo en el bolsillo interno de su elegante saco.
Dominic lo observó al principio sin entender, pero cuando Vittorio sacó su iPhone y reprodujo un audio, comprendió de lo que hablaba.
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—Dichosos los ojos que tienen el placer de verla señorita D'Santi—. La noticia de su visita me tomó totalmente por sorpresa, pero, no puedo negar el hecho de que me complace grandemente tenerla aquí, en esta mi humilde oficina. —Por favor, siéntese.
—Señor Parisi, no se emocione tanto, que mi visita aquí no es por gusto, ni mucho menos por cortesía y gracias, así de pie estoy bien—. Lo que tengo que decirle es muy rápido y breve, para eso no es necesario que me siente.
—Muy bien, si no desea sentarse, al menos, permítame ofrecerle algo de tomar, ya que ha venido hasta aquí, es lo mínimo que puedo hacer.
—No, gracias, tampoco quiero tomar nada, como le dije antes, no estoy aquí por gusto, sino, meramente en contra de mi voluntad, así que prefiero aclarar los motivos por los que vine y retirarme cuanto antes.
—En ese caso, la escucho, ¿a qué ha venido?
—En primer lugar, vine a devolverle esto y en segundo lugar, vine a pedirle, más bien, a exigirle, que no se tome libertades conmigo que no le corresponden, no quiero que siga enviándome ni flores, ni chocolates, ni absolutamente nada, yo no necesito, ni quiero nada de usted, que le quede claro.
—Me impresiona, es usted bastante directa, Alessandra.
—Señorita D'Santi para usted.
—Está bien, señorita D'Santi—. Créame que mi intención jamás ha sido molestarla, al contrario, quería halagarla, pero sobre todo, buscaba su perdón, mi actitud no fue la más correcta y propia de un caballero para con una dama aquella noche y simplemente quería enmendar mi error.
—Si en realidad esa fuese su intención, no hubiera enviado todos los obsequios que envió, hubiese bastado con uno, lo que tampoco era necesario, porque la verdad, no me interesa la opinión que tenga sobre mí, por lo tanto, tampoco me interesan sus disculpas.
—Tranquila, no se ponga a la defensiva, por favor, le reitero mis disculpas si es que volví a ofenderla, no volverá a suceder.
—Señor Parisi, a mí no me engaña, sé perfectamente que sus intenciones no son las más honestas y que su aparente amabilidad, no es otra cosa más que un arma de doble filo, pero, conmigo pierde su tiempo, porque no va a sacar nada de esto, así que le sugiero, que no espere nada de mí y que lo que sea que esté pensando hacer, no va a lograrlo.
—No sé qué le haya dicho Dominic, pero de verdad, tiene una idea bastante errada sobre mi persona, no soy lo que le han dicho, en serio—. Permítame demostrarle lo equivocada que está, por favor, regáleme una oportunidad.
—No se me acerque—(la voz de Alessandra se escuchaba decidida y Dominic que estaba atento a la grabación, sintió un enorme orgullo y el pecho hinchársele al escucharla) —Dominic no me ha dicho más que lo que necesito saber, no crea que voy a poner en estela de duda su palabra, para creer en la suya, porque no será así, yo confío plenamente en él.

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