Entrar Via

Impacto italiano romance Capítulo 60

Tres semanas después.

—¿Estás segura de que vas a volver conmigo a la casa hijita? —preguntó la señora D'Santi esa noche, cuando salían del aeropuerto y volvían de unas agradables y tranquilas semanas de vacaciones que pasaron juntas. Habían sido días de paz, así como de reflexión y tristeza, también días duros, donde por las noches, Alessandra lloró en silencio su desamor y traición. Había aprovechado esa oportunidad para desconectarse de todo y hablar con su madre acerca de lo que le pasaba, sobre su embarazo, su historia con Dominic, en fin, todo, absolutamente todo por lo que pasó ese tiempo que estuvo viviendo en Londres. Giorgio se les había unido la segunda semana y les hizo compañía durante siete días, ya que sus obligaciones en el trabajo no le permitieron más tiempo. Se sentía afortunada por el hecho de que su familia le brindara todo su apoyo, ahora sabía que no estaba sola y por lo tanto, se quitó un enorme peso de encima, aunque también era consciente en el fondo de su ser, que al padre de su futuro hijo o hija, no lo olvidaría ni volviendo a nacer.

—Sí, mami, es lo mejor, por ahora—respondió ella con firmeza.

—¿Vas a desocupar tu departamento?

—No, debo regresar y buscar otro empleo—. Tengo que seguir adelante, ahora no tengo solo que ver por mí, sino también por mi bebé, esta personita que crece aquí dentro y por quien tengo que luchar para que nunca nada le falte—sonrió—además, Vittorio me dio una excelente carta de recomendación, aparte, prometió ayudarme a conseguir un nuevo trabajo con alguno de sus contactos.

—Ese muchacho es un encanto, lo noté muy apesadumbrado por tu partida, se ve que te tiene en alta estima y confianza.

—Sí, la verdad es que yo también lo estimo muchísimo, nos hicimos muy buenos amigos y nuestra relación de trabajo fue excelente durante el tiempo que duró—. Estoy muy feliz de que él y Pau estén juntos, ambos son especiales para mí.

La señora D'Santi suspiró.

—Es una lástima que tu relación con su hermano no funcionara, hubiese sido muy bonito ver a los cuatro juntos—. Te confieso que el día que conocí a Dominic, sentí una gran estima por él a pesar de ser un desconocido, fue muy amable y educado en su trato, su mirada me inspiró muchísima confianza— recordó con pesar la ocasión en que lo conoció. Y así había sido, aun sin conocerlo, sintió como una especie de conexión con él, un cariño que nació desde lo más profundo de su corazón desde el momento en que lo vio.

—Así es la vida—murmuró Alessandra afligida, rememorando el día que lo vio besarse con Viviane en su oficina y sintiendo como una punzada de dolor atravesaba su pecho. Si bien le confió todo a su mamá y hermano, hubo unos cuantos detalles que se guardó solo para ella, como ese, por ejemplo, no quería despertar en ninguno de los dos sentimientos negativos hacia él, menos en Giorgio, que solía ser bastante rencoroso, vengativo e impulsivo cuando alguien le hacía daño, después de todo, Dominic era el padre de la criatura que crecía en su vientre y no iba a impedirle que se acercara en un caso que quisiera cumplir con sus obligaciones, sería una locura e inmadurez de su parte no permitírselo.

—Sabes que tienes todo mi apoyo y el de tu hermano, hijita—le dijo su madre, apretando su mano para reconfortarla al notarla triste—. Y por supuesto que también me hace muy feliz que vuelvas a casa conmigo, si por mi fuera, ni tú, ni Giorgio, hubiesen salido de ahí jamás, pero tampoco podía cortarles las alas y menos, cuando sé que era para su crecimiento y superación personal.

—Gracias mami, soy muy afortunada por tenerlos en mi vida—la abrazó—. Y también a papá, porque aunque ya no esté con nosotros físicamente, si está presente en nuestros corazones.

******

Dominic estaba a nada de volverse loco, llevaba días intentando localizar a Alessandra hasta por debajo de las piedras sin éxito alguno, la incertidumbre por no saber nada de ella durante tantas semanas y el miedo de perderla, estaban acabando con él y con su vida. Llevaba noches enteras sin dormir, días sin comer bien, en los que prácticamente, solo había consumido líquidos o ingerido algo solido cuando el cuerpo no resistía más o se lo pedía a gritos y para agravar la situación, tenía varias semanas enfermo, fiebre alta, debilidad, dolor en el cuerpo, náuseas y constantes dolores de cabeza. Se sentía como un anciano decrepito de cien años, sin fuerzas para trabajar ni hacer nada más que querer quedarse en casa y en cama. Inclusive, hasta había perdido unos pocos kilos, era asombroso e increíble todo lo que le ocurría, como si una maldición hubiese caído sobre él. Su madre, Bruno y Vittorio, estaban verdaderamente preocupados por su estado.

Esa tarde de copiosa lluviosa y cielo gris, se quedó profundamente dormido en el escritorio con los brazos cruzados y la cabeza apoyada sobre estos, estaba agotado, cansado, ojeroso y demacrado, muy a pesar de todo, lo atractivo y guapo era un mérito que no se le restaba, al contrario, ese semblante abatido y acongojado, le daban un aire más interesante y llamativo, tanto, que cualquier mujer que lo mirase, sentiría la necesidad de abrazarlo y consolarlo como si de un niño se tratase.

Vittorio había entrado sin hacer ruido a su despacho y Dominic no se percató de su presencia, su agotamiento era extremadamente grande. Al verlo así, dormido y exhausto, el rubio se sintió mal, su hermano de verdad lo estaba pasando muy mal, terriblemente mal. Consideraba que su amor por Alessandra, era sincero, fuerte y verdadero, bastaba verlo a la cara, para saber lo mucho que sufría su ausencia y eso, solo una persona realmente enamorada lo pasaba.

—Dominic—lo llamó Vittorio en voz baja con cuidado de no asustarlo— Dominic—habló de nuevo al ver que no respondía— Dominic... volvió a decir esta vez más fuerte, logrando así que por fin reaccionara.

—¿Mmmm? —musitó este confundido y somnoliento, mientras se incorporaba despacio en la silla, por segundos había perdido la noción del tiempo y de donde se encontraba, tenía los ojos enrojecidos e inflamados.

—Te ves muy mal y enfermo, deberías ir a casa y descansar—. Lo necesitas y mucho.

—Estoy bien—soltó en un triste suspiro—. Permanecer en casa era aún peor, aunque deseaba quedarse a descansar, sin embargo, todo le recordaba a ella, incluso, hasta le había surgido la loca idea de mudarse, llevaba varios días con eso rondándole en la cabeza. Era una locura, pero, también era un martirio sentir el aroma de Alessandra por todos lados, verla en todos lados y a ese paso, terminaría en un hospital psiquiátrico y con una camisa de fuerza.

—No puedes seguir así, estás muriendo en vida, Dominic, nos tienes preocupados, mamá está muy asustada por tu comportamiento, Giulia dice que no has comido bien las últimas semanas y que duermes poco, ¿quieres morir?

—Si así dejo de sentir este dolor que siento, sí—. Si así va a acabar esta maldita agonía, prefiero morirme de una vez— respondió con desesperanza.

—Dudo mucho que estando muerto puedas recuperar a Alessandra.

—Alessandra se fue, desapareció y nunca va a volver—murmuró con disgusto y aflicción.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Impacto italiano