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Impacto italiano romance Capítulo 63

El aliento fresco y cautivante de Dominic golpeó sus sentidos y la proximidad entre sus rostros la aturdió. Tragó saliva ansiosa por imaginarse lo que sucedería si no se movía y como si miles de alarmas se activaran en su interior, se deslizó en la silla, se puso en pie y se alejó unos pasos dándole la espalda. No, no, no, no debía ni podía ceder, pensó no tan segura, la convicción que había obtenido los pasados días, poco a poco estaba disipándose y eso la alarmaba.

—¿Siempre vas a huir de mí? —escuchó la voz de él susurrarle en el cuello, provocando que cada vello de su piel se erizara—. Tembló y eso él lo percibió, estaba muchísimo más sensible con el embarazo.

—No huyo, solo... mantengo mi distancia, es lo mejor, musitó angustiada, por el cúmulo de sensaciones en el estómago y en el pecho.

—¿Lo mejor para quién? —preguntó él con el ceño fruncido, encarándola y mirándola directamente a los ojos.

—Para todos—contestó ella con fingida firmeza.

—Pues lo será para ti, porque para mí no—declaró Dominic con impaciencia—¿Por qué era tan terca y no le daba una oportunidad? — Juntos serían muy felices, los tres. —Yo te amo, amo a nuestro hijo y lo mejor para todos es que permanezcamos juntos, Alessandra.

—No quiero seguir hablado de esto, Dominic, ya he tomado mi decisión y no voy a cambiarla por ti.

—¿Ya no me amas? —le cuestionó repentinamente, dejándola pasmada por la interrogante—¿Ya me olvidaste que tan segura estás de querer dejarme? —Dímelo, porque por más que trato de comprender y entender tu postura, lo único que hago es confundirme y, ¿sabes por qué? —ella negó —Porque cada vez que te veo a los ojos, ellos me dicen lo que no logras expresarme con palabras y es que me amas con la misma intensidad que te amo yo—se acercó todavía más— Tu cuerpo te delata, Alessandra, toda tu me perteneces, solo ve cómo estás temblando, solo mira cómo te estremeces cuando me acerco, como se acelera tu respiración cuando te toco, cuando te acaricio— susurró cerca de la comisura de sus labios. —Yo soy tuyo y tú eres mía, siente mi cuerpo que también reacciona ante ti—le dijo tomándole la pequeña mano y colocándola en sus duros pectorales, estaba caliente y su corazón latía a toda velocidad, Alessandra no resistió y retiró la mano de inmediato—. Esto no se puede fingir y lo sabes, entonces dime, ¿qué te detiene? ¿Por qué te empeñas en alejarme? ¿A qué le temes? — Si es por lo de Viviane, puedo demostrarte que no te engañé, puedo probártelo o pregúntaselo a Vittorio, a quien quieras, a la misma Viviane si es posible, para que te convenzas de que te digo la verdad—insistió rodeando con sus brazos su cintura y pegándola completamente a él, esos labios carnosos, rosados y suaves que llevaba noches añorando, se entreabrieron y fue como una invitación perfecta para el estado hambriento de los suyos que deseaban con desesperación volver a probarlos, morderlos, saborearlos—. La miró a los ojos y notó un brillo especial y vivaz en ellos, fue ese el aliciente para sus desesperados deseos, iba a inclinar su rostro para acortar la distancia que había entre ellos y por fin besarla, cuando la voz de alguien los interrumpió.

¡JODER!

—Disculpen que los moleste, muchachos—se disculpó apenada la señora Victoria, al ser consciente de que había interrumpido algo importante—pero el hermano de Dominic y tu amiga Paulina, están esperándolos en la sala—anunció—. Llegaron hace unos minutos y preguntan por ustedes.

Alessandra se recompuso del embrujo y volvió en sí rápidamente, aunque seguía un poco atolondrada.

—Ahora vamos, tía—respondió sonrojada por su debilidad, se distanció un poco de él sin dejar de verlo.

Su tía asintió y en segundos, desapareció de la vista de ambos.

—Alessandra...

—Será mejor que vayamos con ellos y no los hagamos esperar— lo cortó de tajo, aprovechando la oportunidad para adelantarse y dirigirse adentro.

—Maldición—refutó Dominic frustrado siguiéndole el paso.

*******

Unos días después.

—He decidido regresar a Londres mañana—manifestó de pronto el magnate esa noche, cuando se encontraba cenando en compañía de la familia D'Santi.

Alessandra, quien en ese momento se llevaba un bocado de comida a los labios, al escuchar esa decisión tan repentina, detuvo el tenedor en el aire y lo miró.

—¿Mañana? —interrogó sin poder ocultar su estado de inquietud—se reprochó casi al instante por ser tan obvia.

Él asintió.

—Sí, ya estoy lo suficiente recuperado y me siento mucho mejor, además, he permanecido mucho tiempo lejos de la empresa, Vittorio ha estado trabajando solo desde que enfermé, son muchas responsabilidades y obligaciones, demasiado trabajo para una sola persona—expuso sin mirar a Alessandra—. Desde la última vez que habían estado hablando a solas en la alberca, intentó todos los días siguientes y por todos los medios, acercarse a ella, volver a conquistarla, pero estaba tan cerrada en su decisión, que consideró que lo mejor era marcharse, no la forzaría a nada tampoco, aparte, una conversación que sostuvo con señora D'Santi esa misma tarde, le había ayudado a pensar con más claridad.

—Si tienes la seguridad de que ya estás totalmente recuperado, hazlo, sé que uno no puede distenderse mucho tiempo de sus deberes, sobre todo tú que tienes toda una empresa que dirigir, aunque a nosotras no nos molestaría tenerte unos días más acá, ha sido grandioso poder compartir estas semanas contigo, Dominic—expresó la señora D'Santi con amabilidad y ternura.

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