Si no había rastro de la esposa de Hugo Yáñez, entonces busco la relación amorosa entre Hugo y Cristina. Había sido un romance tan público y escandaloso que era imposible que lo hubieran borrado todo.
Empezó a buscar los detalles sobre la espectacular fiesta de compromiso de la que todos habían hablado hace años.
Hugo y Cristina se habían comprometido oficialmente; las dos familias se habían reunido y, para celebrar, habían invitado a la flor y nata de la alta sociedad, incluyendo a los políticos y empresarios más influyentes del país.
Hugo había movilizado aviones privados únicamente para traer rosas frescas del extranjero. El vestido de Cristina había sido catalogado como un lujo digno de la realeza parisina, diseñado en exclusiva para ella a petición personal de Hugo.
Semejante ostentación había dominado las portadas de todos los medios del corazón; todo el país fue testigo de su amor.
Sin embargo, lo que encontró en los buscadores la dejó helada.
No había rastro de la boda de Hugo y Cristina. En cambio, todos los artículos hablaban de la fastuosa boda de la señora Cristina y el hermano menor de Hugo, César Yáñez, celebrada a lo grande en Estados Unidos.
Aquel compromiso mediático entre Hugo y Cristina parecía haber sido borrado de la faz de la tierra.
Vania estaba completamente atónita.
¿Cómo era posible que Cristina no se hubiera casado con Hugo, sino con César, su propio hermano?
La historia de amor entre Hugo y Cristina había sido meticulosamente eliminada de la red.
Independientemente de eso, en comparación con el despilfarro y el orgullo con el que Hugo había anunciado su compromiso con Cristina, el matrimonio de Vania era un fantasma. Un secreto que nadie debía conocer.
Lo que significaba una sola cosa: Hugo no se había casado con ella por voluntad propia.
Pero si él no quería casarse con ella, ¿por qué lo había hecho?
El ruido de afuera la sacó de sus pensamientos. Al salir al pasillo, vio a Vanessa salir de la oficina de recursos humanos con una caja en los brazos, los ojos rojos y llenos de lágrimas.
Al pasar junto a Vania, Vanessa temblaba de ira y resentimiento.
—Vania, no creas que por usar tus trucos sucios para que me echaran, nadie se da cuenta de que lo único que quieres es seducir al señor Yáñez... Te lo advierto, las mujeres que mueren por él son como granos de arena en el mar, ¿crees que podrás deshacerte de todas?


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