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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 16

De pronto, él estiró la mano y le agarró la muñeca. Vania se detuvo, mirándolo sin entender nada.

—Basta.

Su voz sonaba ronca y rasposa. Vania se asustó, pensando que se había enfermado, y por puro instinto intentó tocarle la frente.

—¿Qué te pasa? Estás ardiendo...

¡Cielo santo, estaba hirviendo en fiebre!

Hace cinco minutos estaba perfectamente bien, ¿y ahora ya estaba enfermo?

Hugo no aguantó más. Mientras su mente se debatía entre jalarla a la cama o darle una patada para alejarla, optó por meterse al baño y darse una buena ducha de agua fría.

¡Esa mujer era un demonio! En ese estado no podía hablar de nada con ella.

Solo manteniendo la mente fría podría llevar a cabo la negociación que tenía planeada.

Hugo era un hombre excesivamente racional. Ante esa nueva y provocativa actitud de Vania, su respuesta fue totalmente distinta a la de cualquier hombre normal.

Al escuchar el sonido del agua, Vania pasó de la confusión a la sorpresa, y al final comprendió la situación, poniéndose roja como un tomate.

¡Ella ni siquiera le había hecho nada!

Entonces...

*¡Boom!*

Vania sintió como si un rayo le hubiera caído encima, dejándola mareada.

¡Dios mío!

Solo quería limpiarle el pantalón, ¡no tenía ninguna otra intención!

¿Acaso Hugo pensó que estaba intentando seducirlo?

Al ver el charco de leche en el piso, se acordó de que Lunita seguía esperando su vaso de leche.

Recogió todo rápidamente y se dio la vuelta para bajar a servirle otro vaso.

Y en ese momento, chocó de frente con Hugo, que acababa de salir de bañarse.

¿A propósito? ¡Si estaba muerta de miedo por su culpa!

Siempre con esa cara de amargado, como si todo el mundo le debiera millones.

Con razón hasta su propia hija huía al verlo.

¿De qué le servía ser tan guapo?

Hugo resopló con frialdad, dejando en claro que no le creía ni una sola palabra.

—Señorita Zapata, somos esposos. Si quieres algo, pídelo directamente. Pero deja de hacer estos jueguecitos en el futuro.

Se refería a la forma en que, según él, aprovechaba cualquier excusa para arrojarse a sus brazos.

¿Acaso Vania sabía que iba a interrogarla sobre Julián y por eso estaba usando todas esas mañas para despistarlo?

La intensidad en los ojos de Hugo se volvió gélida, y el agarre en su cintura se aflojó.

Vania, que se había visto obligada a mirarlo a los ojos, sintió cómo la soltaba. Se deslizó rápidamente de su cuerpo y cayó de sentón al piso, dándose un golpe terrible en el coxis.

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