Ni bien se habían casado y ya estaban dejando listas las cláusulas del divorcio. Parecía que el único propósito del matrimonio era terminarlo.
*Segunda cláusula: Ambas partes mantendrán el matrimonio en secreto. La esposa tiene prohibido revelar su identidad como la señora Yáñez en público y no podrá presentarse como esposa o pareja bajo ningún título relacionado con la familia Yáñez.
El hombre conservará todas sus libertades. Anexo: El hombre no será responsable de ningún daño causado por la mala conducta de la esposa, y ella asumirá las consecuencias de sus actos. Si dicha conducta genera un problema grave, el hombre podrá pedir el divorcio y la esposa no podrá oponerse.*
Vania frunció el ceño al leer la segunda cláusula. ¿Qué clase de abogado mediocre había redactado esta porquería?
Lo más absurdo de todo era pensar que ella hubiera firmado algo así. Definitivamente, sentía que alguien más debió haber estado ocupando su cuerpo en ese momento.
Conociendo su carácter, ¿cómo iba a aceptar un contrato tan injusto y humillante?
Era imposible.
—Cuñado...
—Llámame señor Yáñez, o... —Hugo dudó un segundo y escupió las palabras lentamente—, Hugo.
Vania arrugó el rostro y sus ojos brillaron con enojo.
—Señor Yáñez, seguro que hay un error. Es imposible que yo haya firmado este tipo de acuerdo prenupcial. Ninguna mujer en su sano juicio aceptaría algo así. No intentes aprovecharte de que perdí la memoria. No lo reconozco.
Hugo se le quedó viendo fijamente durante un minuto entero.
En esos cinco años, ella nunca se había atrevido a alzarle la voz ni a mirarlo a los ojos.
¿Quién le había dado el valor para empezar a desafiar su autoridad de repente?
En ese momento, apareció una notificación de Miguel en el celular de Hugo.
Eran fotos y artículos de revistas de negocios internacionales, nombrando a Julián Herrera como una de las jóvenes promesas empresariales y un gigante del futuro corporativo.
Hugo recorrió la pantalla con una mirada perezosa, asimilando la información.
*Vaya...*
Con razón.
Todos estos años, Vania había sido sumisa con él y con toda la familia Yáñez.
Especialmente con él.
Si le decía que fuera a la derecha, no se atrevía a ir a la izquierda.


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