Por la mañana, Vania ayudó a Luna a arreglarse, desayunaron y planeó llevarla al jardín de niños antes de ir a la oficina.
Hugo bajó, y justo cuando Vania estaba lista para salir, el auto de él se detuvo junto a ellas.
A través de la ventana a medio bajar, se asomaba el rostro elegante e inexpresivo de Hugo.
—Sube.
Ese tono autoritario hizo que Vania frunciera el ceño. *¿Siempre hablaba de esa manera?*
Lunita apretó con su pequeña mano el borde de la ropa de Vania y la llamó con timidez:
—Mamá.
No quería ir en el auto de su papá.
—No es necesario, iremos en el auto de don Ernesto, estamos bien.
Los ojos oscuros de Hugo se ensombrecieron al instante.
—¿Don Ernesto?
Miguel aclaró de inmediato:
—Don Ernesto, el mayordomo.
Hugo le lanzó una mirada fulminante a Miguel, quien cerró la boca al instante.
—Vamos por el mismo camino y no hay mucho tiempo.
Su tono llevaba una autoridad que no admitía réplicas, haciendo que llevarlas pareciera un acto de caridad.
Vania no quería subir a su auto y también notaba la extrema ansiedad de su pequeña, pero ese hombre actuaba como un emperador, dejando claro que detestaba que lo desafiaran.
Sabiendo que la empresa de su tío aún estaba en sus manos, no tuvo más remedio que agacharse para consolar a Lunita.
—En un momento te sientas al lado de mamá, así papá no te verá, ¿de acuerdo?
Lunita asintió. Su cuerpecito no dejaba de temblar, y cuando Vania la abrazó, notó que sus manitas se aferraban a su ropa con mucha fuerza, como si estuviera aterrada del hombre que estaba en el auto.
Vania no pudo evitar fruncir el ceño. *¿Acaso Hugo no podía dejar de tener esa cara de pocos amigos todos los días? Mira lo asustada que tiene a su propia hija.*
Una vez que madre e hija subieron y se acomodaron, Hugo por fin habló:
—Arranca.
Vania sentía que su hija seguía muy ansiosa a su lado, así que levantó el pie y pateó suavemente el respaldo del asiento de Miguel.
Desde el día en que se convirtió en el presidente del Corporativo Alba, Hugo nunca había cometido un solo error en el trabajo.
En la pantalla de la computadora aparecieron cinco letras T seguidas. Su mente, siempre tan fría y calculadora, pareció sufrir un cortocircuito, no, más bien se quedó completamente en blanco.
*Maldita sea, ¿qué diablos está sonando en el auto?*
Hugo levantó la vista de la laptop. Miguel, que solo miraba el semáforo al frente, notó que se ponía en verde al mismo tiempo que la cara de Hugo.
—Mi... guel...
Hugo pronunció su nombre casi entre dientes.
*Pero el burrito me hizo resbalar, y en un gran charco me fui a estampar...*
De fondo, se escuchaban las risas de madre e hija.
Hugo cerró ligeramente los dedos hasta formar puños, con el rostro lívido.
Al ir en el auto de Hugo, Vania se dio cuenta de que la escuela de Lunita no estaba tan lejos; llegaron en lo que duraron tres canciones infantiles.
Vania bajó de un salto y ayudó a bajar a Lunita.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama
Debería dejar algo para uno ver mas...
Buenas tardes soy de Venezuela me encanta INALCANZABLE MI ESPOSA YA NO ME AMA, LÁSTIMA QUE DAN MUY POCO CAPITULO DESBLOQUEADO NO DAN PARA UNO GANAR PUNTO O BONO, YA QUE AQUI NO SE PUEDE ACCEDER PARA VER O PAGAR LOS CAPITULO...
Muy buena novela por favor más capitulos desbloqueados.gracias...
Los capítulos no salen completos aunque uno desbloquee, estoy pagando por desbloquear pero hay partes q faltan...