Marcos estaba totalmente perdido.
Miguel no pudo contenerse:
—Señor Yáñez, por favor mire la pantalla.
Vania casi escupe el sorbo de agua que tenía en la boca.
Cuando fueron a dejar a Lunita a la escuela, vio a Hugo escribiendo en su computadora.
Y en ese momento exacto, la canción infantil estaba sonando en el auto.
La letra del burrito sabanero estaba claramente escrita en la pantalla de la presentación.
Con el rostro desencajado, Hugo borró aquellas líneas absurdas frente a todos los ejecutivos.
Nadie se atrevió a reírse.
Vania sintió que se quería hundir bajo la silla.
Y Marcos estaba a punto de echarse a llorar.
De verdad que él no tenía la culpa.
Al salir de la junta, Vania empezó a estornudar.
*Maldición, seguro que el comportamiento desenfrenado de Hugo en el auto causó que pescara un resfriado.*
Pidió a un mensajero que le trajera unos remedios para la gripa; si tomaba el medicamento a tiempo, podría frenar el virus antes de que empeorara.
Miguel pasó por su oficina y tocó la puerta:
—Señorita Vania, hora del café.
Como Vania justo iba a la zona de descanso para prepararse su medicina natural y combatir el frío, no se negó.
—Miguel, ¿cuándo planea el señor Yáñez contratar a una nueva secretaria?
Al tener la oportunidad, Vania no pudo evitar preguntar. Miguel la miró confundido:
—¿Acaso el trabajo es demasiado pesado?
Vania casi pierde los estribos. Tras el despido de Vanessa, el volumen de trabajo no solo había aumentado, se había vuelto una locura.
Apenas y tenía tiempo para respirar.
Sospechaba que Hugo lo estaba haciendo a propósito para hacerle la vida imposible.
—Creí que le gustaba trabajar así —respondió Miguel con honestidad. Antes, a Vania parecía encantarle pasar las veinticuatro horas del día metida en la oficina.
Si de por sí el Corporativo Alba era demandante, ella trabajaba con la energía de diez personas juntas.
Que ella se quejara de exceso de trabajo sí que era algo nuevo.
Los labios de Vania temblaron. *¿A quién demonios le gusta ser masoquista?*
*¿A mí?*
*¿Acaso Hugo le había contagiado su locura?*
Vania fue a la zona de descanso y preparó dos tazas: una con su remedio y otra de café.
Al entrar a la oficina de Hugo, dejó el café y se dio media vuelta de inmediato.
Hugo se quedó pasmado al verla salir sin mirar atrás ni un solo segundo.
El café sobre su escritorio se veía diferente a lo habitual.
Miguel se asustó tanto que guardó absoluto silencio.
Por fortuna, Hugo no le dio más importancia y le hizo una seña a Mateo:
—El café que prepara Vania no está nada mal. Pruébalo.
Mateo lo miró con expresión desconcertada.
En cinco años, Hugo jamás había hablado de Vania delante de nadie.
¿Y ahora resulta que elogiaba su café?
Además de ser su médico personal, Mateo era amigo de Hugo desde hacía años.
Un ligero olor a remedios de hierbas impregnaba el ambiente. Mateo conocía ese aroma mejor que nadie.
—¿No lo sabes? —preguntó.
Hugo entrelazó sus dedos sobre el escritorio y frunció ligeramente los labios, como si siguiera saboreando la bebida.
*Sigo sintiendo que sabía un poco raro.*
Mateo miró aquel líquido oscuro. *Quién iba a pensar que a Hugo le gustaba tomar esto.*
Soltó una risa irónica.
Él, por supuesto, no iba a tomar medicina ajena por puro gusto.
—¿Saber qué? —preguntó Hugo.
Hugo no entendió a qué se refería Mateo.
Mateo acomodó su silla y se levantó, dispuesto a irse.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama
Debería dejar algo para uno ver mas...
Buenas tardes soy de Venezuela me encanta INALCANZABLE MI ESPOSA YA NO ME AMA, LÁSTIMA QUE DAN MUY POCO CAPITULO DESBLOQUEADO NO DAN PARA UNO GANAR PUNTO O BONO, YA QUE AQUI NO SE PUEDE ACCEDER PARA VER O PAGAR LOS CAPITULO...
Muy buena novela por favor más capitulos desbloqueados.gracias...
Los capítulos no salen completos aunque uno desbloquee, estoy pagando por desbloquear pero hay partes q faltan...