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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 34

—Señora, el señor Yáñez vino a recoger a la niña.

¿Sería posible que el jefe...

¿Hubiera cambiado de actitud?

Hugo, vestido con un impecable traje oscuro, acaparó las miradas de todas las madres en cuanto bajó del auto.

El aura de ese hombre era demasiado dominante, y su atractivo era tan deslumbrante que era imposible ignorarlo.

—¡Dios mío! ¿Ese... ese es el señor Yáñez, el dueño del Corporativo Alba?

Alguien lo reconoció.

Incluso los pocos padres de familia que estaban ahí se quedaron observándolo.

Hubo incluso un atrevido que, sintiéndose honrado por la coincidencia, se acercó para intentar ganarse su simpatía.

—Disculpe, ¿usted es el señor Yáñez? ¿Vino aquí a... recoger a su hijo?

Bastó una sola mirada de Hugo para que el hombre detuviera sus pasos en seco.

No dijo una sola palabra. No hizo ningún gesto.

Pero el pobre hombre sintió como si una ráfaga de viento helado lo hubiera atravesado, congelándolo de los pies a la cabeza.

Se quedó petrificado en su lugar, dominado por la mirada de Hugo durante medio minuto entero.

Para cuando reaccionó, ya había perdido la única oportunidad en su vida de acercarse al gran empresario.

La maestra encargada estaba entregando a los niños a sus respectivos padres, uno por uno.

Cuando fue el turno de Luna, la pequeña levantó la vista buscando a Vania, pero en su lugar vio a Hugo.

La maestra también se quedó de una pieza.

Le parecía haber visto a ese hombre en la portada de alguna revista.

Fue hasta que Hugo se acercó a ella y, con una voz profunda y seductora, parecida al terciopelo oscuro, le dijo:

—Vengo por Luna.

La maestra logró recuperar un hilo de cordura de su colapsado cerebro de admiradora.

—¿Usted... usted es el señor Yáñez, del Corporativo Alba? —preguntó con voz temblorosa.

¡Dios santo! ¿Acaso estaba alucinando o seguía soñando?

El hombre de las leyendas, el empresario perfecto que solo aparecía en las revistas de finanzas, estaba ahí, de carne y hueso, frente a ella.

Hugo frunció el ceño. Su mirada pasó por alto a la maestra y se posó directamente en Luna.

Era la primera vez que Luna tenía un encuentro directo con él, y no estaba acostumbrada a que su papá la mirara así.

Se escondió tímidamente detrás de la maestra, dejando asomar solo un par de ojitos curiosos y asustadizos para observar a Hugo.

Era su papá.

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