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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 356

El mayordomo apartó la vista, sintiendo un sudor frío recorrerle la espalda.

Quienquiera que hubiera llevado a esa pobre chica a semejante extremo no solo la había maltratado, sino que la había llevado al borde de la muerte. Era pura maldad.

—Vania jamás nos mencionó nada de esto. Siempre se ha mostrado tan fuerte con nosotros... mi pobre niña... —La señora Leal no aguantó más y se desmayó en los brazos de su esposo.

El pánico estalló en la casa. Los empleados corrieron por el botiquín mientras don Zacarías y su hijo la atendían hasta que el médico de la familia llegó. Tras varios minutos de tensión, la mujer comenzó a recuperar el conocimiento.

Una vez que estuvo más tranquila, la señora Leal se sentó. Se secó las lágrimas, pero ahora sus ojos reflejaban una profunda frialdad.

—¿Quién dejó esa basura en nuestra puerta? ¿Lo hicieron para demostrarnos lo que Vania sufrió, o hay alguien jugando sucio con otras intenciones?

Don Zacarías caminaba de un lado a otro, golpeando el suelo con su bastón. El señor Leal mantuvo la compostura, analizando la situación.

—Quien lo mandó, o le tiene un cariño inmenso a Vania y sabe que nosotros la protegemos, o simplemente está tratando de enlodarla, asumiendo que no conocemos su pasado.

—El círculo en el que nos movemos parece grande, pero en realidad siempre somos los mismos —dijo el señor Leal, abrazando a su esposa para calmarla.

—Quiero que investiguen esto a fondo. Necesito saber quién tuvo el descaro de mandarnos esto —ordenó don Zacarías, respirando con dificultad y sentándose en el sofá—. Si descubro quién está detrás de esto, le voy a hacer la vida imposible a esa persona.

La señora Leal respiró hondo, recuperando su habitual porte elegante y digno.

—Cariño, papá... voy a organizar una fiesta. Invitaré a todas las mujeres de la alta sociedad. Quien tenga esta clase de información sobre Vania tiene que ser alguien cercano a ella. Y si nos envió esto para alertarnos o burlarse de nosotros, sin duda asistirá a mi evento para ver los resultados.

Quería verle la cara a esa víbora.

Don Zacarías asintió en silencio, y el señor Leal apoyó la idea sin dudar.

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