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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 36

Las palabras de Luna parecieron traer a Hugo de regreso a la realidad, sacándolo abruptamente de su trance.

La suavidad en su rostro desapareció lentamente, mientras la niña aún esperaba su respuesta.

Justo en ese momento, sonó el celular de Hugo. Sin esperar a que él hablara, Miguel, de forma instintiva, bajó el volumen de la música a cero.

En la pantalla brillaba el nombre de Cristina. Él contestó de inmediato.

—Papá Hugo, ¿cuándo vas a regresar? Mami dice que me compraste un juguete nuevo. ¿Me vas a llevar a jugar?

Era Xavier. Cualquiera podía notar la inmensa alegría en su voz.

Los ojitos oscuros y brillantes de Luna seguían fijos en Hugo, llenos de inocencia y esperanza.

Su papá no era tan malo como había imaginado.

Pero, sin perder un segundo, Hugo le respondió a Xavier.

—Sí, voy para allá ahora mismo para jugar contigo.

Habló con Xavier un momento más, guardó el teléfono en su bolsillo y no volvió a prestarle atención a la pequeña que estaba a su lado.

Cuando el auto llegó al parque de diversiones, Hugo miró a Miguel a través del espejo.

—Bajen.

—¿...?

Miguel pensó que el jefe iba a llevar a Luna a jugar, pero en su lugar, lo estaba echando a él también.

—Llévala a jugar y no dejes que coma porquerías de la calle. Llévala a casa en una hora.

Hugo dejó a Luna y a Miguel tirados en el parque de diversiones y arrancó el auto sin mirar atrás.

Al ver cómo la lujosa camioneta negra desaparecía lentamente bajo el tono anaranjado del atardecer, el rostro de Luna se llenó de una profunda desilusión.

Arrugó la carita, sorbió por la nariz y miró a Miguel con la voz quebrada.

—¿A mi papá le caigo muy mal?

Miguel suspiró, sintiendo una gran lástima por la niña. No sabía cómo consolarla.

—Tu papá... eh, solo es que no sabe cómo expresar sus sentimientos.

No estaba seguro de si la niña entendería una excusa tan vaga.

Luna estaba desconsolada. Miró al suelo, observando sus pequeños zapatos de charol, mientras las lágrimas se acumulaban en sus ojos.

—No es cierto. A papá sí le cae bien mi hermano Xavier. Escuché su llamada, dijo que iba a jugar con él. Eso significa que yo no soy la hija que él quiere, ¿verdad?

Miguel se quedó mudo.

Siempre había creído que la niña era demasiado pequeña para entender la situación, pero resultó que ella lo sabía todo.

No se atrevió a decir una sola palabra de más frente a Luna.

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