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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 37

Miguel se quedó asombrado por lo considerada que era Luna.

No estaba seguro de si Vania ya había regresado a casa, pero justo en ese instante recibió su llamada.

—Vania, voy en camino a llevar a la niña a la casa.

Miguel tomó un taxi y llevó a Luna de regreso a la mansión. En cuanto Luna vio a Vania, corrió a abrazarla, con su carita llena de preocupación.

—Mami, el tío Miguel me dijo que estás enfermita. Déjame ver, ¿dónde te duele?

En los recuerdos de Luna, su mami se quejaba del dolor de estómago varias veces por semana y siempre se veía muy adolorida.

A ella siempre le daban ganas de sobarle la barriga para que se sintiera mejor, pero su mami solía molestarse y la apartaba.

No era que le tuviera asco ni nada, simplemente Luna notaba que cuando su mami sentía mucho dolor, se ponía de muy mal humor.

Vania sintió que las orejas le ardían de vergüenza y Miguel se apresuró a explicar la situación.

—La niña se preocupó mucho al ver que no fue por ella, y pensó que usted ya no la quería. No me quedó más remedio que decirle que estaba enferma.

Conque era por eso. Vania temía que incluso Miguel se hubiera enterado de su bochornosa condición.

Si fuera así, quería cavar un pozo y esconderse en él para siempre.

—Te lo agradezco mucho, Miguel. Ya es la hora de cenar, ¿por qué no pasas y comes algo con nosotras?

Por primera vez en cinco años, Vania no le preguntó en dónde estaba Hugo.

En el pasado, Miguel siempre trataba de evadir a Vania a toda costa.

Cada vez que se enfrentaba a la mirada triste y resignada de ella, le daba un retortijón de estómago.

Al fin y al cabo, todos los seres humanos tienen corazón.

Y el sufrimiento de la esposa del jefe era evidente para cualquiera que los rodeara.

Incluso siendo hombre, a Miguel le parecía una verdadera crueldad la forma en que el jefe trataba a su esposa.

Si los dos hubieran aceptado que se trataba de un matrimonio por conveniencia y cada quien se hubiera enfocado en sus propios intereses, habría sido una historia muy distinta.

Pero Vania de verdad amaba a Hugo.

Y ese dolor de amar sin ser correspondida era un verdadero infierno en la tierra.

—No es necesario, tengo que regresar a la oficina.

Miguel se quedó helado unos segundos. Había preparado mentalmente mil excusas recicladas para encubrir al jefe, y esta vez ni siquiera había tenido la oportunidad de usarlas.

Vania no insistió. Le regaló una sonrisa y tomó la manita de Luna.

—Entiendo. Ve con cuidado.

La puerta principal se cerró suavemente y Vania llevó a Luna a la sala.

Durante todo el rato, Luna no dejó de preocuparse por Vania, notando que esta vez su mamá no la había alejado de su lado.

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