Vania frunció el ceño intrigada. ¿Tenía una hija con Hugo, pero la niña no llevaba el apellido de él, sino el suyo?
Se hacía tarde y no tenía tiempo para pensar en eso; el chofer de la familia ya había estacionado el auto en la puerta.-
Lunita se sentó junto a ella en el asiento trasero, luciendo muy alegre y llena de energía.
—¡Adiós, mami! ¡Muak! —exclamó la pequeña lanzándole un beso.
Al llegar al colegio, se despidió con la mano y siguió obedientemente a su maestra hacia el interior del edificio.
Vania seguía perdida en sus pensamientos, tanto que el chofer arrancó y se fue.
Para cuando reaccionó, se dio cuenta de que la habían dejado sola.
Justo cuando iba a llamar al chofer, una llamada entrante iluminó la pantalla de su teléfono.
El identificador mostraba tres palabras: 【Gerente Marcos】.
Vania deslizó el dedo con desconfianza para contestar y al instante una voz furiosa estalló al otro lado de la línea.
—¡Secretaria Vania! ¿Dónde diablos se metió? La reunión matutina está por comenzar, el señor Yáñez ya entró a la sala de juntas, ¡qué falta de profesionalismo la suya! Todavía no da señales de vida.
Vania se quedó helada.
*¿Me está hablando a mí? ¿Tengo trabajo?*
*Y además... ¿soy secretaria?*
*¡Pero por Dios, en dónde trabajo!* pensó, sintiendo el pánico.
Esperó pacientemente a que el hombre terminara de gritarle y aprovechó el primer segundo de silencio para hablar apresuradamente.
—Fui a dejar a mi hija a la escuela. Oiga, gerente Marcos, es la primera vez que tomo transporte público, ¿podría decirme en qué parada me bajo para llegar a la empresa?
El gerente Marcos se quedó mudo por un segundo, y pronto, una risa cargada de sarcasmo resonó a través del teléfono.
—Tome la ruta dieciséis y bájese en el Corporativo Alba.
Luego, como impulsado por pura envidia, añadió con tono venenoso:
—Vaya, se nota que la secretaria Vania no usa transporte público en su día a día. Qué vida tan acomodada debe llevar en casa.
A sus lados, en dos largas filas, estaban sentados los accionistas y altos ejecutivos del corporativo.
Al ver que era él, a Vania le zumbó la cabeza.
El mundo era un pañuelo. ¡Ella era su esposa, y de paso, también era su secretaria!
Y a juzgar por la actitud de todos, nadie en la empresa parecía tener la más mínima idea de su verdadera identidad.
—Comencemos la reunión —dictaminó Hugo, con la mirada al frente y el rostro inescrutable. Ni siquiera se dignó a voltear a verla.
En la enorme sala de conferencias no se escuchaba ni el vuelo de una mosca; solo la voz de Hugo resonaba con una autoridad aplastante.
—El cronograma de la reunión.
Su voz profunda y dominante llenó el espacio. Vania lo observaba de reojo de vez en cuando; seguía siendo igual de altivo e inaccesible que siempre. Para él, nadie existía, y mucho menos ella.
Si hubiera sabido que Hugo era el presidente del corporativo, jamás habría puesto un pie allí.
—Secretaria Vania... el presidente le está hablando —susurró alguien a su lado.

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